El temor de los ricos a Perú Libre
Una respuesta a Manuel Burga
Vladimir Cerrón
Imagínense a Pedro Castillo postulando por Perú Posible, el Partido Popular Cristiano, Fuerza Popular, el Apra o Nuevo Perú. Simplemente, no ganaría ni un chícharo, pues tiene que haber una congruencia de forma y contenido, que influya uno al otro. Es más, postulando por un partido fundado por él mismo, que no logra su inscripción, a pesar de estar premunido de la “alta popularidad”, no pasaría esta valla.
Lo que sostenemos no es una posibilidad, sino una realidad, sometida a la práctica. Recordemos que cuando el profesor Castillo postuló a la alcaldía del distrito de Anguía, en Chota, el año 2002, por el partido Perú Posible, no encontró ni su voto.
Analicemos paso a paso, para desenmascarar el temor de la prensa oligárquica al partido. En primer lugar, sin un partido es imposible lograr una candidatura, postular a un cargo de elección popular, ser electo y menos ser autoridad política. Sería imposible, en las circunstancias actuales, acceder al poder.
Es innegable que entre el candidato y el partido tenga que existir una correlación simbólica en que ambos se fortalezcan. Para entonces Perú Libre, estaba preparándose hace rato para esta contienda, tenía experiencia de dos gobiernos regionales, tenía tecnócratas partidarios, ejecutó obras de gran impacto hasta hoy no superadas, contaba con comités regionales a nivel nacional, tenía candidato nacional, adquirió un local partidario en la capital, articuló un centro de operaciones en la capital, además de contar con relaciones internacionales. Nada fue improvisado.
Lo más importante, es que tenía nombre propio, símbolo, lema y un programa de gobierno difícilmente refutable. El desarrollo del partido llevaba dieciséis años de alumbrado en los Andes, entre la extraoficialidad y la oficialidad reconocida, rescatando una ideología satanizada, que nadie quería enarbolar por la represión al que fueron sometidos políticos, académicos, estudiantes y sindicalistas. Empero, no solo rescata, sino que interpreta y adecua a la realidad, prendiendo nuevamente su chispa, reflejándose en los triunfos frecuentes en Junín.
La caída de Pedro Castillo, no tiene otra explicación que no tener un partido político sólido que lo sostenga, no haberse sometido a su disciplina y recomendaciones de la dirección política, creyó que era un simple vehículo que podía reemplazarse. Si el partido hubiera estado en el gobierno, Castillo se hubiera sostenido en el poder, no hubiera cometido la necedad que hizo: fraccionar y quedar sin bancada parlamentaria, invitar a la disidencia a los congresistas, utilizar prefectos y funcionarios para soñar un partido propio que le permita una “reelección”, aceptar el plan de gobierno caviar y creerles a los golpistas que él sería el golpista.
Las protestas estaban empezando contra Castillo en muchas regiones, iban a desestabilizarlo, hasta podría haber caído por sus propias traiciones al programa prometido, pero la derecha siempre “bruta y achorada” se adelantó con un golpe de Estado y terminó blanqueando al profesor de sus inconsecuencias con el pueblo. Al apuntarle con metralletas, lo victimizaron y no dejaron que su pesadilla se esfume sola, la revivieron.
Sostener que Castillo ganó y no Perú Libre, es como afirmar que el socialismo nunca funcionó y, a pesar de eso, hay que destinarle ingentes recursos para destruirlo. Una paradoja a todas luces. Lo cierto es que el socialismo sí funciona y el partido también. Caso contrario, no encarcelarían a sus líderes, no habrían fabricado a los “dinámicos del centro”, no habrían allanado y embargado sus locales, no les aplicarían el lawfare, no me habrían sentenciado dos veces para luego tener que absolverme, es más, no estaría en la clandestinidad.
No solo al partido, sino también al pueblo, se le pretende rebajar la autoestima con esa afirmación, presentándolos como enanos intelectuales, sin trascendencia, guiados solo por el folklorismo que traía encima Castillo, el sombrero, el mote, la condición de maestro o rondero y el color cobrizo. Eso está bien para los fachos racistas, pero no para el marxismo clasista.
Temen al partido porque enarbola una ideología que es capaz de destruir los privilegios de clase de los banqueros y los empresarios transnacionales, entre otros, sin necesidad de un presupuesto significativo, solo persuadiendo al pueblo con una lógica sencilla. Esto quedó demostrado en las elecciones del año 2021 y es la misma razón de por qué la oligarquía criolla nos teme y no la tendrá fácil de ganar el 2026, a no ser con fraude.
Para combatir al partido, utilizan todo tipo de opinólogo, nacional o foráneo, para que, en una especie de predicción del más allá, digan que sin Mesías es imposible un triunfo. Es aquí donde pregunto al partido y al pueblo: ¿cómo creer a los opinólogos perdedores que nosotros mismos los derrotamos?, ¿qué podrían enseñarnos si no es lamerse las heridas y recurrir al golpe de Estado para sobreponer su predicción fallida?
El partido sigue siendo la fuerza dirigente y si no fuera así, es mejor no ganar las elecciones para terminar como Castillo, traicionando y traicionado. El partido tiene que entrar al gobierno bien articulado y eso pasa por los filtros a su interior, mejorando sus propuestas, enraizándose con el pueblo, pronosticando su sucesión en el poder y evitando los errores de antaño.












