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El temor de los ricos a Perú Libre. Una respuesta a Manuel Burga

El temor de los ricos a Perú Libre

Una respuesta a Manuel Burga

Vladimir Cerrón

Imagínense a Pedro Castillo postulando por Perú Posible, el Partido Popular Cristiano, Fuerza Popular, el Apra o Nuevo Perú. Simplemente, no ganaría ni un chícharo, pues tiene que haber una congruencia de forma y contenido, que influya uno al otro. Es más, postulando por un partido fundado por él mismo, que no logra su inscripción, a pesar de estar premunido de la “alta popularidad”, no pasaría esta valla.

Lo que sostenemos no es una posibilidad, sino una realidad, sometida a la práctica. Recordemos que cuando el profesor Castillo postuló a la alcaldía del distrito de Anguía, en Chota, el año 2002, por el partido Perú Posible, no encontró ni su voto.

Analicemos paso a paso, para desenmascarar el temor de la prensa oligárquica al partido. En primer lugar, sin un partido es imposible lograr una candidatura, postular a un cargo de elección popular, ser electo y menos ser autoridad política. Sería imposible, en las circunstancias actuales, acceder al poder.

Es innegable que entre el candidato y el partido tenga que existir una correlación simbólica en que ambos se fortalezcan. Para entonces Perú Libre, estaba preparándose hace rato para esta contienda, tenía experiencia de dos gobiernos regionales, tenía tecnócratas partidarios, ejecutó obras de gran impacto hasta hoy no superadas, contaba con comités regionales a nivel nacional, tenía candidato nacional, adquirió un local partidario en la capital, articuló un centro de operaciones en la capital, además de contar con relaciones internacionales. Nada fue improvisado.

Lo más importante, es que tenía nombre propio, símbolo, lema y un programa de gobierno difícilmente refutable. El desarrollo del partido llevaba dieciséis años de alumbrado en los Andes, entre la extraoficialidad y la oficialidad reconocida, rescatando una ideología satanizada, que nadie quería enarbolar por la represión al que fueron sometidos políticos, académicos, estudiantes y sindicalistas. Empero, no solo rescata, sino que interpreta y adecua a la realidad, prendiendo nuevamente su chispa, reflejándose en los triunfos frecuentes en Junín.

La caída de Pedro Castillo, no tiene otra explicación que no tener un partido político sólido que lo sostenga, no haberse sometido a su disciplina y recomendaciones de la dirección política, creyó que era un simple vehículo que podía reemplazarse. Si el partido hubiera estado en el gobierno, Castillo se hubiera sostenido en el poder, no hubiera cometido la necedad que hizo: fraccionar y quedar sin bancada parlamentaria, invitar a la disidencia a los congresistas, utilizar prefectos y funcionarios para soñar un partido propio que le permita una “reelección”, aceptar el plan de gobierno caviar y creerles a los golpistas que él sería el golpista.

Las protestas estaban empezando contra Castillo en muchas regiones, iban a desestabilizarlo, hasta podría haber caído por sus propias traiciones al programa prometido, pero la derecha siempre “bruta y achorada” se adelantó con un golpe de Estado y terminó blanqueando al profesor de sus inconsecuencias con el pueblo. Al apuntarle con metralletas, lo victimizaron y no dejaron que su pesadilla se esfume sola, la revivieron.

Sostener que Castillo ganó y no Perú Libre, es como afirmar que el socialismo nunca funcionó y, a pesar de eso, hay que destinarle ingentes recursos para destruirlo. Una paradoja a todas luces. Lo cierto es que el socialismo sí funciona y el partido también. Caso contrario, no encarcelarían a sus líderes, no habrían fabricado a los “dinámicos del centro”, no habrían allanado y embargado sus locales, no les aplicarían el lawfare, no me habrían sentenciado dos veces para luego tener que absolverme, es más, no estaría en la clandestinidad.

No solo al partido, sino también al pueblo, se le pretende rebajar la autoestima con esa afirmación, presentándolos como enanos intelectuales, sin trascendencia, guiados solo por el folklorismo que traía encima Castillo, el sombrero, el mote, la condición de maestro o rondero y el color cobrizo. Eso está bien para los fachos racistas, pero no para el marxismo clasista.

Temen al partido porque enarbola una ideología que es capaz de destruir los privilegios de clase de los banqueros y los empresarios transnacionales, entre otros, sin necesidad de un presupuesto significativo, solo persuadiendo al pueblo con una lógica sencilla. Esto quedó demostrado en las elecciones del año 2021 y es la misma razón de por qué la oligarquía criolla nos teme y no la tendrá fácil de ganar el 2026, a no ser con fraude.

Para combatir al partido, utilizan todo tipo de opinólogo, nacional o foráneo, para que, en una especie de predicción del más allá, digan que sin Mesías es imposible un triunfo. Es aquí donde pregunto al partido y al pueblo: ¿cómo creer a los opinólogos perdedores que nosotros mismos los derrotamos?, ¿qué podrían enseñarnos si no es lamerse las heridas y recurrir al golpe de Estado para sobreponer su predicción fallida?

El partido sigue siendo la fuerza dirigente y si no fuera así, es mejor no ganar las elecciones para terminar como Castillo, traicionando y traicionado. El partido tiene que entrar al gobierno bien articulado y eso pasa por los filtros a su interior, mejorando sus propuestas, enraizándose con el pueblo, pronosticando su sucesión en el poder y evitando los errores de antaño.

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¿Una presidenta o una gestora del vacío?

¿Una presidenta o una gestora del vacío?

Por: Lourdes Jesús

El Perú atraviesa una crisis política profunda, creo, sin temor a equivocarme, la más profunda de la historia. En medio del descrédito del Congreso, el debilitamiento institucional y el alejamiento entre el poder y el pueblo, una figura que concentra todas las miradas: Dina Boluarte. Pero, ¿quién es realmente la mandataria que hoy ocupa la presidencia? ¿Es una presidenta con proyecto de país o simplemente una gestora del vacío político?

De Perú Libre al poder sin alma

Dina Boluarte llegó al escenario nacional como parte de una propuesta de cambio. Militante de Perú Libre, expulsada después por su conducta, acompaño a Pedro castillo con un discurso que hablaba del programa del Partido Político Nacional Perú Libre, es decir, de justicia social, descentralización y reivindicación de los excluidos. Sin embargo, una vez asumida la presidencia, primero por la vacancia de su antecesor y luego por ella misma; ese programa con el que se ganó al pueblo, fue dejado de lado y archivado en el tiempo.

Sus promesas a Castillo de irse con él si lo vacaban, fueron como esas promesas que hace una mujer interesada “diría mi abuela”. La astucia de aliarse con “Congresistas” a quienes llamo sus “amigos” a cambio de favores en los diversos ministerios puestos claves de direcciones entre otros espacios y por qué, no decirlo, en negocios de obras y contratos, hizo posible que muchos de ellos sucumbieran ubicándose como sus defensores en las sombras, entre ellos tenemos a Congresistas de Alianza para el Progreso (de Acuña), Fuerza popular (de Keiko), Acción Popular, el Bloque magisterial, entre otros, dando como resultado el Congreso más impopular de la historia. Le siguió a ello, la brutal represión, a las protestas sociales, las que marcaron su ruptura definitiva con la ideología que alguna vez dijo defender. Boluarte no solo abandono el programa político de izquierda, sino que además renunció a toda identidad política propia. Lo que es peor Gobernó y gobierna con las armas de quienes antes criticaba, nos mostró su verdadero rostro, es decir, su lealtad no era con el pueblo, sino con la conservación del poder.

Gobernar sin rostro

Su gabinete, lejos de ser técnico o plural, ha estado compuesto por personajes sin liderazgo ni visión nacional. Su discurso es vago, sin emoción social. Su expresión es rígida, sin gestos, llena de bótox. Su presencia pública, intermitente. Y su desconexión con las demandas populares, absoluta. No se articula ningún plan de gobierno coherente con las necesidades de las personas que votaron por Perú Libre.

Dina Boluarte no lidera, solo administra. No convoca, se aísla. No representa, solo ocupa un espacio en el palacio donde ella se siente reina, llena de lujos y frivolidad.

El costo de la traición

Las más de 70 muertes, no son solo cifras: son el símbolo de su ruptura total con el pueblo. Lejos de reconocer responsabilidades, su gobierno opto por la negación, la criminalización y el blindaje. No hay culpables, ni indemnizaciones para quienes perdieron la vida, ella se ha esforzado por construir un muro de indiferencia y frialdad que aterra. La violencia se convirtió en su método y el miedo en política del estado.

Más que presidenta Dina Boluarte, solo actúa como gestora del vacío. Su mandato no construye, administra los escombros del poder. Su figura no propone, sobrevive y en esa supervivencia, ha abandonado toda noción de representación y servicio.

El Perú no necesita una administradora del colapso. Necesita una refundación democrática que devuelva el poder a quienes realmente lo merecen: el pueblo organizado, consciente y movilizado.

Los Congresistas de Perú Libre a pesar de las vacancias solicitadas no alcanzaron los votos necesarios para acabar con el blindaje, sin embargo, desde ese espacio político vienen sacando leyes a favor de la clase trabajadora y los más excluidos, para lo cual estratégicamente vienen integrando la mesa directiva sin pactos oscuros ni mucho menos, por ahora el único espacio con el que se cuenta para la lucha política.

Despierta Perú, que la anomia no te paralice.

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A confesión de parte relevo de prueba

A confesión de parte relevo de prueba

Yuri Castro Romero

El fin de semana largo nos dejó varios temas para comentar. Sobre el discurso de la Sra. Boluarte, no creo que haya mucho que decir; todo seguirá igual, sin un mea culpa ni nada. Al contrario, la inquilina de palacio, muy suelta de huesos, señaló que se zurró en el programa de Perú Libre “según ella por el bien del país”, ya que no quería llevarlo al desastre y a ser un país fallido como son Cuba, Venezuela y Bolivia. Este exabrupto de la inquilina de palacio, que tiene 0% de aprobación, nos ha generado una crisis diplomática, que ha sido tomada por la mayoría de bolivianos como de quien viene, es decir, de una persona que no vale nada y que no representa a nadie y mucho menos al sentir nacional.

En el derecho hay un axioma que dice: a confesión de parte, relevo de prueba. Fue la propia Dina Boluarte la que ha señalado en su discurso el desprecio que siente por su propia clase y reconociendo su traición no solo a Perú Libre, partido que le dio la oportunidad de dejar de ser una NN, sino también al programa y plan que durante la campaña se llevó a calles y plazas. Para lo único que ha servido su mensaje presidencial, aparte de la crisis diplomática, ha sido para tirar por los suelos esas falacias que decían que ella protegía a Vladimir Cerrón o que Perú Libre era parte del cogobierno de la derecha con Boluarte.

Otro de los temas interesantes son las encuestas que han salido publicadas en algunos medios de comunicación. Según CPI, la encuesta por candidatos la encabeza Keiko Fujimori con 9.7%; le sigue Rafael López Aliaga con 8.9, tercero Carlos Álvarez con 7%, López Chau con 3.1 y Vladimir Cerrón con 2.8, seguido de Acuña y Butters con 1.9 y 1.8 respectivamente.

En la encuesta de Ipsos, donde la pregunta es por partidos políticos, el orden cambia y tenemos que Fuerza Popular está primero con 9%, Acción Popular 5 y Perú Libre en tercer lugar con 4%, junto con Renovación Popular y Alianza para el Progreso.

Al parecer, la falacia del “fujicerronismo” se está cayendo, lo que hace que Vladimir Cerrón y Perú Libre sigan creciendo en las encuestas, siendo lo contrario para la derecha, y que sus principales candidatos, en este momento Keiko y RLA, quienes están llegando a su techo, y los nuevos candidatos tendrán que remar muy duro para lograr posicionar sus símbolos, ya que nadie los reconoce aún; tarea dura, por lo que los partidos conocidos siguen teniendo ventaja.

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Pedro Castillo no fue gobierno de izquierda: fue traición del maestro y golpe del sistema

Pedro Castillo no fue gobierno de izquierda: Fue la traición del maestro y el golpe del sistema

Por Tacho Robles Álvarez

Por más que la derecha brame y los medios mercenarios repitan como loros empachados que Pedro Castillo fue un «gobierno comunista», la verdad es otra: Castillo no gobernó con la izquierda, traicionó el proyecto popular, y cuando osó cobrarle deudas al poder económico, lo aplastaron como a un insecto. Esta es la historia real, sin barnices ni falsos heroísmos, y aquí la exponemos con crudeza.

1. Rompió con Perú Libre, su única base política

El primer acto de traición fue inmediato. Apenas se sentó en Palacio, echó a Vladimir Cerrón y fracturó la bancada de Perú Libre. Se acabó la mayoría parlamentaria y con ella el respaldo al programa original. Ahí nació el Castillo solitario, rodeado de oportunistas y tibios.

2. Mirtha Vásquez, la caviar que sepultó la nacionalización

En lugar de consolidar un gobierno de transformación, nombró de premier a Mirtha Vásquez, conocida operadora del establishment progresista. Bajo su gestión, se abandonó el núcleo del proyecto revolucionario: la nacionalización de los recursos naturales, la industrialización estatal y el cambio constitucional. Todo quedó enterrado bajo discursos bonitos y reformas simbólicas.

3. Sacó a Héctor Béjar: el marxista que asustó al imperio

La cancelación fue implacable. Héctor Béjar, uno de los pocos intelectuales marxistas en el entorno del gobierno, fue removido de la Cancillería. ¿Su delito? Proponer la salida del Grupo de Lima, un organismo infame creado por EE. UU. para asfixiar al gobierno legítimo de Venezuela. Castillo eligió el aplauso de Washington por encima de la soberanía latinoamericana.

4. Se cayó la renegociación del gas por miedo al poder

Guido Bellido, entonces premier, ya tenía fecha pactada con Repsol para renegociar los contratos del gas de Camisea. Faltando apenas ocho días, fue despedido y la renegociación quedó sepultada. Hasta hoy, los peruanos siguen pagando gas a precio internacional, mientras el Estado pierde millones diarios.

5. El Lote 192: otra oportunidad entregada al capital extranjero

Cuando una transnacional abandonó el Lote 192, era el momento ideal para que Petroperú tomara el control y produjera petróleo soberano. Pero no. El “gobierno del pueblo” prefirió seguir buscando un “socio estratégico”, es decir, otra transnacional que nos siga cobrando el barril a 79 dólares mientras el Perú perdía la chance de tener gasolina a 1.20 dólares y el balón de gas a 12 soles.

6. Aníbal Torres, el “amiguis” de Montesinos

¿Y quién fue su siguiente premier? Aníbal Torres, personaje oscuro, conocido amigo de Vladimiro Montesinos desde su época en la UNMSM. ¿Ese era el reemplazo de Bellido? ¿Ese era el símbolo de un gobierno revolucionario? Por favor.

7. Su propio partido: el hacha final contra Perú Libre

Al mejor estilo de los traidores profesionales, Castillo formó su propio partido, por recomendación del topo Torres y los caviares palaciegos. Al hacer esto, terminó de romper la bancada que lo llevó al poder, dejó al pueblo sin representación real y quedó a merced de hienas congresales.

8. Tocó los bolsillos del poder y firmó su sentencia

Paradójicamente, cuando por fin empezó a cobrar deudas a grandes empresas nacionales y extranjeras, logrando recuperar 7 mil millones de soles, los grupos de poder se asustaron. Ahí sí pasó de ser un «presidente torpe» a convertirse en «una amenaza». El plan estaba en marcha.

9. El falso golpe: un guion montado desde dentro

Todo fue una trampa. Bobbio, en Defensa, lo convenció de que el Congreso ya tenía los 87 votos para vacarlo. Torres, el operador, redactó el famoso discurso del «autogolpe». Castillo lo leyó, y minutos después lo metieron preso. ¿La razón? El poder no perdona ni un amague de desobediencia.

10. Vacancia ilegal, detención inconstitucional

La vacancia exprés violó el reglamento del Congreso. Para vacar sin presencia ni defensa del presidente, se requerían 104 votos, no 87 ni 101. Pero nadie dijo nada. Y peor: la detención fue un secuestro con fusil en la cabeza de Castillo y de su hija de 8 años.

El comandante Raúl Alfaro obedeció órdenes ilegales, la fiscal de la nación Patricia Benavides calló como cómplice, y el “jurista” Torres solo dijo: “Conforme, señora fiscal.”

Conclusión: Castillo no cayó por ser un radical. Cayó por no serlo.

Nosotros defendemos a Pedro Castillo no por lo que hizo en Palacio, sino por la forma infame en que fue traicionado, acorralado y encarcelado. Porque somos abogados, sí, pero también militantes del pueblo, y tenemos principios. Sabemos que Castillo traicionó el proyecto revolucionario, pero aún así, la vacancia fue ilegal, la prisión arbitraria y la humillación, un mensaje para cualquiera que intente salirse del libreto neoliberal.

Por eso, la lucha no termina con Castillo. Al contrario, empieza con su caída. Ahora toca reorganizarse, refundar el proyecto, expulsar a los caviares y traidores, y levantar de nuevo la bandera de una verdadera izquierda popular, anticapitalista y soberana.

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(Hasta) Más allá de la victoria: el comunismo como horizonte y los traidores como obstáculo

(Hasta) Más allá de la victoria: el comunismo como horizonte y los traidores como obstáculo

Por: Tacho Robles Aliaga

“(Hasta) Más allá de la victoria” no es una consigna vacía ni un simple eslogan de campaña. Es una declaración de principios. Es la brújula filosófica de quienes entienden que ganar una elección no significa haber tomado el poder, que ocupar una curul no equivale a haber transformado el sistema, y que el socialismo es apenas la antesala de un objetivo mayor: el comunismo.

En los tiempos del colonialismo moderno, disfrazado de democracia liberal, ONG humanitaristas y tratados de libre comercio, la verdadera emancipación se vuelve un acto casi herético. En este contexto, Vladimir Cerrón ha sido una de las pocas voces que no han perdido de vista el horizonte: la construcción de una sociedad sin clases, sin propiedad privada, sin Estado. Una sociedad verdaderamente libre.

Pero no todos los que llegaron al poder de la mano del pueblo han entendido este camino. Una vez asegurada la curul, algunos “compañeros” –con minúscula y sin dignidad– abandonaron toda coherencia ideológica. Hoy deambulan como mercenarios parlamentarios, saltando de bancada en bancada, no por principios, no por estrategias políticas, sino por beneficios, favores y cuotas de poder. Han convertido la traición en carrera profesional y el transfuguismo en religión parlamentaria.

La victoria electoral del 2021, con todo su simbolismo histórico, no era el final del camino. Era solo el inicio. El verdadero reto comenzaba luego: gobernar para las grandes mayorías, desmontar el viejo aparato oligárquico, iniciar la transición hacia una economía planificada, recuperar soberanía nacional, y sentar las bases de una cultura popular emancipadora. Pero a muchos congresistas electos, les ganó el miedo, la comodidad, el chantaje del sistema o, simplemente, su verdadera naturaleza oportunista.

La historia no será benévola con estos personajes. Como en toda revolución inconclusa, quedarán en el registro no como víctimas ni como héroes, sino como traidores de ocasión, como tránsfugas del alma. Mientras ellos “negocian” su voto como quien subasta una gallina vieja, el pueblo sigue esperando transformaciones reales, no solo discursos ni migajas.

Por eso, conviene recordar siempre que el camino revolucionario no termina en una urna, ni en un Congreso tomado por oportunistas. Como dijo alguna vez un verdadero líder revolucionario: “Ganar el gobierno no es lo mismo que tomar el poder.”

Y en esa ruta, sigue latiendo la frase que molesta a los mediocres y asusta a los tibios:

“(Hasta) Más allá de la victoria”… está el comunismo.

Y más allá de los traidores… está el pueblo que no olvida.

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Cómo atenta el transfuguismo de izquierda contra el pueblo

Cómo atenta el transfuguismo de izquierda contra el pueblo

Vladimir Cerrón

El transfuguismo es un fenómeno en el cual un representante electo, sea alcalde, gobernador, congresista o presidente, ingresa en representación de un partido político y, por ende, de su programa de gobierno, para luego pasarse a las filas del adversario, traicionando a sus electores. Este fenómeno ocurre con frecuencia, porque esta traición al voto popular no está penada, por el contrario, está blindada por el sistema.  

Una vez electa la autoridad, se produce el secuestro del cargo, aprovechando la condición de que nadie puede removerlo, pues el partido como el pueblo han perdido la facultad de revocarlo. Premunido de esta ventaja, se indisciplinan en los votos, luego no asisten a las reuniones del partido o la bancada, más tarde alegan que no tienen mandato imperativo, posteriormente renuncian sorpresivamente y se afilian a otro partido, generalmente a cambio de dádivas, terminando por apoyar decisiones contrarias al programa de gobierno por el cual recibió la confianza popular.

La pregunta es cómo afecta el transfuguismo al pueblo en una lucha de clases, la que, a pesar de ser sutil, está siempre presente en todo espacio político, como en el parlamento de la república. Sucede que los tránsfugas tienen un tropismo predilecto de migrar hacia las bancadas de derecha, únicas que pueden ofertar estímulos económicos. No existe antecedentes donde se haya dado un fenómeno inverso, es decir, que un derechista migre a una bancada de izquierda.

Efectivamente, si un tránsfuga de derecha migra a otro partido de derecha, el sistema no se afecta en nada. En la misma línea de razonamiento, si el tránsfuga de izquierda migra hacia un partido de derecha, tampoco se afecta el sistema, por el contrario, se fortalece. Esta es la razón de por qué el sistema no sanciona el transfuguismo y lo disfraza de “libertad de conciencia”.

En toda esta ecuación, el único que pierde es el pueblo, la clase trabajadora, que pierde un representante, un voto parlamentario, que puede decidir su mejor porvenir o su desgracia, más aún cuando las bancadas de izquierda siempre han sido minoría. Así, el pueblo pierde potencia en su lucha al interior de una institución burguesa, viéndose diezmado por la traición de sus propios correligionarios.

La solución es que una Asamblea Constituyente termine con el transfuguismo, haciendo que los parlamentarios sean electos por el voto popular y sean revocables cuando el pueblo lo determine; haciendo que se sometan al mandato imperativo, es decir, al cumplimiento obligatorio de sus promesas o compromisos con sus electores; promoviendo el relevo del cargo cuando el parlamentario manifieste su deseo de no continuar en el partido o sea expulsado de este; y terminando con los privilegios económicos, que no deja de ser un incentivo para esta traición.

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Transfuguismo: alienación política y secuestro del mandato popular

Transfuguismo: alienación política y secuestro del mandato popular

Por: Adrián Santos

Hace unos días, la bancada Bloque Magisterial creado por Pedro Castillo ha colapsado. Sus miembros, profesores arribistas, fariseos y pseudopolíticos, se han dispersado hacia partidos de derecha o con fachada de izquierda como Somos Perú, Podemos y Juntos Por el Perú.

En el Perú, el transfuguismo político es una práctica común de ciertos personajes sin principios ni identidad que, una vez electos, traicionan al partido que los llevó al poder y se olvidan del programa político que en campaña ofrecieron y juraron cumplir. Revela la falta de ética y la escasa formación política e ideológica, incluso filosófica.

Esta práctica es una forma de corrupción y deslealtad al partido y a los ciudadanos que expresaron su confianza en las urnas. Para el tránsfuga, lo que prima es el interés individual sobre lo colectivo; valora más su curul y su efímero poder que el mandato popular; su bienestar económico y privilegios está por encima de la lealtad al partido.

El tránsfuga siempre busca el acomodo, es un oportunista que se prostituye ofreciéndose a otros partidos, supuestamente con mejor viabilidad electoral, sin importarle el programa político e ideológico. Hace de la política una mercancía.

El transfuguismo es “alienación política”. El tránsfuga no solo traiciona al partido y a los votantes, sino que secuestra el mandato popular, cree que el voto le pertenece y se adueña de una representación que pertenece al partido y no al individuo. Por lo tanto, se arroga el derecho de migrar a cualquier otra agrupación política sin rendirle cuentas a nadie.

El tránsfuga, al pasar de un partido revolucionario a otro reaccionario, se convierte en un colaboracionista de la burguesía, en un traidor por abandonar la lucha revolucionaria y engrosar las filas de la burguesía o de la falsa izquierda. El mandato popular, los principios ideológicos y la lealtad al partido que lo sacó del anonimato y la indigencia es letra muerta.

Aunque Karl Marx no abordó directamente el transfuguismo, en “La Guerra Civil en Francia” hace una crítica a los políticos que no militan las causas del proletariado, que operan como «meros comités que defienden los intereses de la burguesía».

Lenin y Mariátegui, desde trincheras distintas, coinciden en señalar que la política sin principios es “mercantilización de la esperanza colectiva”. El mandato del pueblo: luchar por una nueva constitución, la revisión de los contratos ley, nacionalizar los recursos naturales, industrializar el país, luchar contra el sistema neoliberal, se debe asumir con compromiso ferviente. Abandonar esta lucha es traicionar al pueblo.

Como decía Mariátegui: «La política es religión cuando tiene mitos ardientes”. Sin ellos, solo queda el cálculo frío del tránsfuga.

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Algunas formas del cobarde

Algunas formas del cobarde

Víctor Gilmar Vilca Uribe

A raíz de un artículo del secretario general del PPN Perú Libre, al referirse, entre ellos, al congresista Alex Flores Ramírez, a quien el Partido lo sacó de la indigencia política, mental, ideológica e incluso social, este ha respondido de la forma más virulenta, transustanciada y cómica, políticamente hablando, al referirse a él, con intenciones peyorativas, pero al final deleznables y risibles.

Lanza acusaciones aparentemente graves, pero que jamás las dijo en su momento, no sabemos si recién se ha enterado, recién se ha dado cuenta o recién alguien se las «ha soplado», lo cierto es que recién las dice públicamente. Y eso no es de hombres. El varón dice lo que piensa y siente, en su momento; no espera irse, alejarse con pretextos y después de un buen tiempo denunciar hechos trasnochados.

Si tuvo que criticar, no lo hizo, si tuvo que cuestionar, tampoco lo hizo y si tuvo que confrontar, menos. Alejarse y desde la distancia lanzar su vómito negro es característica típica del cobarde, del pigmeo de valores que no vale la pena tomar en cuenta en un análisis político serio.

Sin embargo, hay que aclarar, por nuestra cuenta, el concepto de cretinismo parlamentario. Este concepto se utiliza cuando los líderes de ciertas masas creen que haber llegado al parlamento es el fin de la lucha, para de ahí pretender cambiar el orden de cosas y olvidarse de la permanente lucha de clases para cambiar el orden social.

Y eso no es el objetivo final de Perú Libre, se ha llegado al Congreso para desnudarlo, para convertirlo en un instrumento de lucha más, para desenmascarar a la derecha y sus aliados que este Congreso sirve fundamentalmente a la burguesía que lo controla, que lo administra para sus intereses y eso lo tenemos claro.

El cretinismo parlamentario no se ha apoderado de nuestros congresistas, por el contrario, nuestros congresistas se siguen resistiendo, y saben cuál es el camino de la construcción del Perú que nuestro Partido propone. Pero, en el cercano horizonte sí veo a varios de nuestros excongresistas, renunciando a uno u otro partido, con calculadora en mano, quien le ofrece más oportunidad de ser más cretino del que ya lo es, y para ello no ponen reparos, puede ser algún dueño de universidades «chicha», de algún socio del fujimorato, o de algún candidato exaprista o antaurista, con tal de seguir viviendo del cretinismo parlamentario.

Nuestra lucha de dos líneas es garantía pura de dialéctica, pero desarrollada dentro del Partido, fuera de él es ser bien cretino.

Vladimir Cerrón Presidente !!!!

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Alex Flores el caballo de Troya caviar

Alex Flores el caballo de Troya caviar

Uberlinda Zevallos Flores (*)

Perú Libre, rechaza de forma categórica el panfleto malintencionado del congresista Alex Flores Ramírez, cuya verborrea no hace más que confirmar su cretinismo político.

Su incapacidad para sustentar sus ataques, con un mínimo de coherencia ideológica, por qué siempre votó con el sector caviar mientras integraba nuestras filas, lo delata como un oportunista funcional a la derecha maquillada de progresismo.

Mientras se cobijaba bajo los principios de un partido marxista-leninista-mariateguista, Alex Flores operaba como un caballo de Troya, sirviendo a intereses ajenos al proyecto popular por el que fuimos elegidos. Su reciente diatriba no aporta ni una idea nueva ni un argumento válido: solo repite los clichés caviares que hoy lo aplauden por hacer eco de su campaña de difamación.

El señor Alex Flores pretende dar lecciones de izquierda desde la tribuna de quienes sistemáticamente han pactado con el imperialismo y han traicionado las luchas del pueblo en cada coyuntura crítica. Habla de traición, pero jamás tuvo la valentía de confrontar dentro del partido, ni de asumir el costo político de su inconsecuencia ideológica.

Su salida de Perú Libre fue un alivio: nos libramos de un personaje que nunca compartió el horizonte de transformación real que defendemos. Hoy, su discurso no es más que un alarido desesperado de quien ya no tiene base, ni partido, ni proyecto; solo la necesidad de mendigar espacio en los grupos caviares o etnocaceristas para no desaparecer del todo del escenario político.

(*) Secretaría de Prensa Nacional

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La gran tarea del Partido

La gran tarea del Partido

Vladimir Cerrón

Hace 20 años que en la sierra andina se forja el porvenir del Perú. Nuestro partido Perú Libre generó un quiebre, donde la república criolla agoniza, para dar pase a la nueva república mestiza. Este fenómeno es irreversible y, ante la advertencia, la oligarquía recurrió a promover «cholos serviles», quienes no solo pondrían la cara andina, sino que también mantendrían la estructura del Estado oligárquico.

Llegado Perú Libre al gobierno, el año 2021, la mezcla de miedo, incompetencia, traición e ingenuidad del entonces presidente, sumado al golpe de Estado, le dio una ventaja transitoria a la oligarquía, evitando los cambios que ameritaba el país, pero, a la vez, quedando herida, sin reponerse totalmente, hasta el día de hoy.

En esta breve experiencia, el pueblo saboreó cómo era derrotar a sus enemigos de clase en su propia cancha, con sus propios métodos electorales, contra toda su propaganda y, sobre todo, sin violencia. Muy a pesar de su brutal ataque mediático, el pueblo aprendió a votar, elevando su consciencia de clase y su autoestima, al ver su voluntad reflejada con la ocupación de Palacio.

Esto no hubiera sido posible sin la acertada conducción del partido. Hubo una conjunción de simbologías, que se diseñaron paso a paso, desde su propio nombre [Perú Libre], su lema [No más pobres en un país rico], su emblema [el lápiz], sus colores [rojo, amarillo, negro], su candidato [profesor rural] y su programa [economía popular con mercados]. A esto se suma la táctica de pasto seco [condiciones objetivas], chispa [partido] y viento [pandemia].

A quienes quieren restar méritos al partido y repiten el slogan de la derecha: “ganó Castillo y no Perú Libre”, les recuerdo que si Castillo postulaba con otro partido nunca habría ganado. La prueba palpable está cuando postuló a la alcaldía de Anguía en Chota, en las elecciones del año 2002, con el partido Perú Posible, sin encontrar ni su voto. Esto no le resta importancia a su participación en la campaña del 2021, pero como parte de un todo.

Empero, como la historia se escribe con torpezas, la derecha le propinó un golpe de Estado al gobierno electo, haciéndole creer al inquilino que él sería el golpista, plan perfecto para excusar la “defensa de la democracia” y desalojarlo de Palacio hasta ponerlo en prisión. El gobierno, que comenzaba a confrontar malestares sociales en su contra, por incumplir sus promesas electorales, se hizo acreedor del beneficio de la victimización, recobrando con ello un espacio pendiente de cobrar cuentas con los golpistas.

El partido recuerda que no solo los golpistas deterioraron al gobierno popular electo en el Ejecutivo, dejando al pueblo sin su representante electo, sino que también los tránsfugas dieron otro “golpe de Estado” a nuestra bancada en el Legislativo, pasando a ser representantes de la derecha o de la izquierda caviar, mimetizándose bajo el nombre de bancada “socialista” y sucumbiendo a las “mieles del poder”, actitudes que no tienen nada de diferente de un golpe derechista.

Está de más sustentar que el pueblo peruano ajusta sus cuentas en las ánforas y no en golpes de masa o lucha armada. Esta es la razón del porqué el pueblo votará, el año 2026, con la sangre en el ojo, respirando por la herida, con sus muertos en la mente, pero también con mejor consciencia de clase. En estas circunstancias, muy a pesar de mis detractores, no identificarán a otro partido más, que no sea Perú Libre, empatando los cabos sueltos tras el golpe, quien lleve a término las promesas de campaña truncas, como autor del plan de gobierno popular.

No verán ni de reojo a la izquierda caviar, por más que lo promocionen sus medios y encuestas, esa que engaña al pueblo con la revolución, pero coimea con Odebrecht, Graña y Montero, OAS, Backus y Johnston, e Interbank; tampoco verán a los que pregonan un fascismo andino, dado por nacionalismo, militarismo, racismo y fusilamientos arbitrarios.

Esta es tarea del partido para la cual hay que prepararse y organizarse, aunque me temo la posibilidad de que los propios dirigentes intermedios aún no se han percatado de la gran misión histórica que tienen, a diferencia de la derecha oligárquica que nos vigila hasta la sombra.

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