Ni traidor ni vendepatria: Cerrón es el blanco porque no se arrodilla
Por Tacho Robles Aliaga
Mientras los corruptos de siempre se reparten el país a dentelladas, hay quienes todavía tienen la desfachatez de apuntar su dedo acusador contra Vladimir Cerrón, tildándolo de traidor, ladrón o “aliado” del fujimorismo. Esa narrativa repetida por fujis, caviares, mermeleros y cobardes disfrazados de izquierda no solo es miserable: es peligrosa. Porque no solo ataca a un hombre, ataca a un proyecto histórico de transformación radical que jamás se doblegó ante la oligarquía.
¿Quién es el verdadero traidor?
¿Cerrón, que fue el arquitecto del triunfo popular del 2021, llevando a Pedro Castillo —un maestro rural— a la Presidencia de la República? ¿O Castillo, que después de escalar con el respaldo del pueblo organizado, lo traicionó de la manera más vulgar, diciendo que Cerrón “ni de portero”? Y, sin embargo, Cerrón no respondió con una puñalada, respondió con principios. Jamás cambió de trinchera, jamás dejó de predicar el marxismo, el leninismo y el pensamiento de Mariátegui, incluso mientras lo arrastraban por las cloacas del lawfare.
Mientras tanto, los verdaderos traidores están libres, blindados, gobernando. Dina Boluarte, producto directo del golpe oligárquico y militar, asesinó a más de 70 peruanos, la mayoría jóvenes pobres, que protestaban por justicia. ¿Y dónde estaban los “izquierdistas” de cartón? Callados. ¿Dónde están ahora? Acusando a Cerrón de “vendido” porque no se inmola en soledad.
El Poder Judicial no es independiente: es una trinchera de los poderosos
El mismo sistema podrido que blindó a Keiko, a Alan, a Dina, a López Aliaga y a toda la calaña empresarial que ha saqueado este país, es el que hoy persigue a Vladimir Cerrón. ¿O acaso nos vamos a tragar el cuento del “debido proceso”? La justicia en el Perú es una farsa digitada por el poder económico. Cerrón no pactó con el fujimorismo: está enfrentándolo con las pocas herramientas que le quedan, entre un pueblo dividido y una izquierda timorata que prefiere la pureza estéril antes que la resistencia organizada.
Luchar no es llorar: es pelear con uñas y dientes
El enemigo no es Cerrón. El enemigo es el aparato mafioso que tiene secuestrado el Congreso, el Poder Judicial, el Ministerio Público, la JNJ y la prensa, todo al servicio de una minoría rica y asesina. A Cerrón lo quieren ver muerto o preso porque no se arrodilla, porque sigue pensando como pensaba, porque no ha vendido su discurso como tantos “progresistas” de boutique.
Y, sin embargo, hay sectores de la izquierda que, en vez de cerrar filas, se dedican a disparar hacia adentro, a dividir, a intoxicar, a servir de idiotas útiles al fujimorismo. Mientras los de la derecha se unen, los nuestros se matan por egos, purismos o resentimientos. Y eso es exactamente lo que ellos quieren: una izquierda débil, fragmentada, sepultada entre rencores.
El 2026 no será una elección: será una batalla por la supervivencia
O llegamos unidos, o nos aplastan. No hay más. El fujimorismo no duerme. La derecha golpista está organizando su continuidad a sangre y fuego. Y si la izquierda no despierta, no se organiza, no se unifica, la derrota será total. No es momento de purezas, es momento de estrategia. No es tiempo de dividir, es tiempo de resistir.
A Cerrón lo atacan porque le temen. Porque representa aún la posibilidad de una organización popular con raíces ideológicas claras. Porque su permanencia como figura política molesta a todos: a la derecha corrupta, a la izquierda sumisa, a los medios comprados.
Que hablen, que griten, que calumnien. Pero no podrán con la verdad ni con la historia. Cerrón no está solo. Cerrón no ha sido derrotado. Cerrón es, para muchos, el último bastión de una izquierda con dientes.

