A raíz de un artículo del secretario general del PPN Perú Libre, al referirse, entre ellos, al congresista Alex Flores Ramírez, a quien el Partido lo sacó de la indigencia política, mental, ideológica e incluso social, este ha respondido de la forma más virulenta, transustanciada y cómica, políticamente hablando, al referirse a él, con intenciones peyorativas, pero al final deleznables y risibles.
Lanza acusaciones aparentemente graves, pero que jamás las dijo en su momento, no sabemos si recién se ha enterado, recién se ha dado cuenta o recién alguien se las «ha soplado», lo cierto es que recién las dice públicamente. Y eso no es de hombres. El varón dice lo que piensa y siente, en su momento; no espera irse, alejarse con pretextos y después de un buen tiempo denunciar hechos trasnochados.
Si tuvo que criticar, no lo hizo, si tuvo que cuestionar, tampoco lo hizo y si tuvo que confrontar, menos. Alejarse y desde la distancia lanzar su vómito negro es característica típica del cobarde, del pigmeo de valores que no vale la pena tomar en cuenta en un análisis político serio.
Sin embargo, hay que aclarar, por nuestra cuenta, el concepto de cretinismo parlamentario. Este concepto se utiliza cuando los líderes de ciertas masas creen que haber llegado al parlamento es el fin de la lucha, para de ahí pretender cambiar el orden de cosas y olvidarse de la permanente lucha de clases para cambiar el orden social.
Y eso no es el objetivo final de Perú Libre, se ha llegado al Congreso para desnudarlo, para convertirlo en un instrumento de lucha más, para desenmascarar a la derecha y sus aliados que este Congreso sirve fundamentalmente a la burguesía que lo controla, que lo administra para sus intereses y eso lo tenemos claro.
El cretinismo parlamentario no se ha apoderado de nuestros congresistas, por el contrario, nuestros congresistas se siguen resistiendo, y saben cuál es el camino de la construcción del Perú que nuestro Partido propone. Pero, en el cercano horizonte sí veo a varios de nuestros excongresistas, renunciando a uno u otro partido, con calculadora en mano, quien le ofrece más oportunidad de ser más cretino del que ya lo es, y para ello no ponen reparos, puede ser algún dueño de universidades «chicha», de algún socio del fujimorato, o de algún candidato exaprista o antaurista, con tal de seguir viviendo del cretinismo parlamentario.
Nuestra lucha de dos líneas es garantía pura de dialéctica, pero desarrollada dentro del Partido, fuera de él es ser bien cretino.
Perú Libre, rechaza de forma categórica el panfleto malintencionado del congresista Alex Flores Ramírez, cuya verborrea no hace más que confirmar su cretinismo político.
Su incapacidad para sustentar sus ataques, con un mínimo de coherencia ideológica, por qué siempre votó con el sector caviar mientras integraba nuestras filas, lo delata como un oportunista funcional a la derecha maquillada de progresismo.
Mientras se cobijaba bajo los principios de un partido marxista-leninista-mariateguista, Alex Flores operaba como un caballo de Troya, sirviendo a intereses ajenos al proyecto popular por el que fuimos elegidos. Su reciente diatriba no aporta ni una idea nueva ni un argumento válido: solo repite los clichés caviares que hoy lo aplauden por hacer eco de su campaña de difamación.
El señor Alex Flores pretende dar lecciones de izquierda desde la tribuna de quienes sistemáticamente han pactado con el imperialismo y han traicionado las luchas del pueblo en cada coyuntura crítica. Habla de traición, pero jamás tuvo la valentía de confrontar dentro del partido, ni de asumir el costo político de su inconsecuencia ideológica.
Su salida de Perú Libre fue un alivio: nos libramos de un personaje que nunca compartió el horizonte de transformación real que defendemos. Hoy, su discurso no es más que un alarido desesperado de quien ya no tiene base, ni partido, ni proyecto; solo la necesidad de mendigar espacio en los grupos caviares o etnocaceristas para no desaparecer del todo del escenario político.
El pueblo de Ayacucho es un referente para la izquierda peruana de nuestros últimos tiempos, tanto así que, en Lima y las medianas ciudades, los enemigos políticos se han esforzado por hacer del gentilicio ayacuchano un sinónimo de terruco. Sin embargo, el pueblo ha resistido, menguando esos adjetivos y superado cualquier complejo, aunque la estigmatización todavía perdure en su zona de selva, como el nuevo epicentro del terruqueo.
La reapertura de su universidad pública en 1958, la calidad de docentes e investigadores que tuvo en las décadas de los 60 y 70, convirtieron de facto a Ayacucho en la capital ideológica del país, desde diferentes concepciones, pero con supremacía marxista. Esto condujo al desenlace de la guerra interna en la década del 80 y la consecuente represión militar estatal hasta mediados de la década del 90, que costó la vida de miles de personajes, organizaciones gremiales y comunidades andinas.
Desde entonces, todo el que quiera llegar al poder nacional en representación de Ayacucho, no puede tener un discurso contra toda esa historia, esa corriente de pensamiento y ese legado. Algunos lo emitirán con convicción y, como es de esperar, otros tendrán que maquillarse, autocalificándose como combatientes del pueblo en las nuevas condiciones, prometiendo llevar el mandato imperativo del pueblo al parlamento burgués, declarándose de izquierda hasta la última célula y jurando que nunca traicionarán a su líder, al partido y al pueblo.
Una vez electos, el sistema estatal se encarga de vulnerarlos, otorgándoles los mismos beneficios y privilegios del que goza la clase contra la que habían prometido luchar durante su campaña. Los sueldos dorados, los viáticos, los bonos y el estatus social, los lleva a perder la noción de su misión popular, aunque mantengan el discurso de izquierda para seguir traficando con la “representatividad”. Más adelante, al advertir que la función del circo no puede sostenerse, se romperá el equilibrio, patearán el tablero, buscarán el burdo pretexto que justifique su deslealtad y, sin ascos, migrarán a otro partido diametralmente opuesto al que habían jurado fidelidad.
Esto pasó con los tres últimos congresistas electos por Ayacucho, quienes traicionaron a la izquierda popular. Germán Tacuri Valdivia, un castillista a quien no hay que reclamarle mucho, porque no era militante de Perú Libre, sino un oportunista improvisado. Alex Flores Ramírez, un exetnocacerista, quien, ganado por los sentimentalismos, la indisciplina y el hedonismo, decidió alejarse para engrosar las filas caviares, es decir, de los enemigos del pueblo, mejores disfrazados, con mejor economía y presencia en las instituciones capturadas por ellos. Margot Palacios Huamán, es la última congresista que traicionó el encargo popular y nos detendremos a analizar las causales reales.
La congresista caracterizada por los discursos “revolucionarios” más explosivos, sucede que después de su alejamiento denunció a la bancada de Perú Libre, de la cual tuvo el honor de ser vocera, con el fin de justificar su disidencia, manifestando que la amenazan, la intimidan, le restringen su libertad de expresión, de opinión, de reunión y de asociación, optando por solicitar un socorro popular a la ONG Inter Parliamentary Union Committee on the Human Rights of Parliamentarians. ¿Cómo? ¡Así mismo! ¡Vaya ridiculez!
En realidad, cabe dilucidar ¿cuáles son las verdaderas razones de la renuncia de Palacios? La carencia de una ideología definida que la hizo militar catorce años en Acción Popular, un partido de derecha, responsable de genocidios en Ayacucho, del intento de ahogar a la Universidad de Huamanga quitándole su presupuesto, responsable de las matanzas en Putis, Cabitos y demás comunidades, además de los crímenes selectivos del periodista Luis Morales Ortega y la alcaldesa de Huamanga Leonor Zamora Concha.
Este partido oligárquico jamás la hubiera concebido como su representante en ninguna parte. Consciente de su condición en un partido de ricos y al ver que no tenía futuro, renunció y se acercó a Perú Libre, siendo acogida sin condición alguna. Claro que fue un error, nos equivocamos. Personalmente, defendí su candidatura cuando Alex Flores se oponía afiebradamente a verla como colega.
Este salto le hizo ver que el oportunismo sí da frutos, llegando a convertirse en una trepadora de posiciones, lo que le permitió ir a Nicaragua, Honduras y Francia, como parlamentaria de Perú Libre, caso contrario, no hubiese existido en el mapa. Pero, como las mentiras tienen patas cortas, esta inconsecuencia fue advertida por la Federación Rusa, quien después de hacer un análisis a su comportamiento político vetó su participación en Moscú, situación incómoda que me fue informado por el personal diplomático, solicitando otra representación. Hice presente el desagradable suceso al partido, pero para salvaguardar “honras” no revelé su identidad, pensando escuchar su autocrítica. Prefirió guardar silencio, aunque había sido detectada.
En el año 2023 fue electa vocera de la bancada, delegando todo el partido en ella nuestra libertad de expresión. Se benefició de este estatus, para sus intereses económicos, que detallaré líneas abajo, renunciando solo cuando se acercaba al término de su período. Sin embargo, la militancia del CER Ayacucho se percató de sus inconsecuencias, advirtiendo cuatro meses antes que renunciaría, pues había retirado el logo del partido de sus redes, empezando una campaña de marketing personal. Los caviares le habían calentado el oído y desde entonces la hacen soñar enfundándose la banda presidencial o regional. Hablé con ella este tema, pero como siempre lo negó en todos los idiomas.
Frente a esto, decidimos mantener una conducta expectante, especialmente hacia uno de sus asesores, de quien obtuvimos información que mantendría negociaciones ocultas con un asesor de de Dina Boluarte. Le comuniqué personalmente a la congresista de lo peligroso que eso significaba, pero su respuesta fue la misma: que todo era falso y que se sentía “indignada” por las especulaciones. Nunca sustituyó al asesor y, por el contrario, lo afianzó. Para demostrar su «consecuencia», presentó varias solicitudes de vacancia contra Boluarte, en las que todos no estábamos de acuerdo por su inviabilidad, pero que la bancada por disciplina y lealtad no contradijo a su vocera.
La gota que rebalsó el vaso no fueron las cosas que ella menciona en la carta dirigida a la ONG, sino la llamada de atención que se le hizo porque inconsultamente a la bancada firmó con los demás partidos, en Junta de Portavoces, el aumento de sueldo a los congresistas, algo que contradecía su discurso “revolucionario” y nuestra posición de clase. Esta vez no lo negó, pero hizo la del avestruz, no dio la cara, ni hizo el menor esfuerzo para revertir esta actitud que mancha la honra de Perú Libre.
Podría enumerar más situaciones, pero se expondrá en la medida que sea necesaria. No tenemos el fin de dañar la dignidad de nadie, pero sí responder a este ataque, coordinado con la prensa caviar, porque puntualmente se pretende dañar al partido.
A partir de estos sucesos, Ayacucho se ha quedado sin representante congresal orgánico, porque no es lo mismo estar en un partido, una bancada, una comisión, una vocería o una mesa directiva, a ser un paria, cuya tranquilidad encuentra asidero solo por mantener sus privilegios económicos.