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Cerrón no está muerto: el cadáver político que muchos quisieran enterrar sigue caminando

«Cerrón no está muerto: el cadáver político que muchos quisieran enterrar sigue caminando»

Por: Tacho Robles Aliaga

En el Perú, donde la clase política hiede a cinismo y doble moral, no faltan aquellos que, desde sus cómodas tribunas mediáticas o desde los escaños del poder, repiten como loros amaestrados que Vladimir Cerrón es un “cadáver político”. Lo dicen con la soberbia del que cree que una sentencia o una persecución judicial bastará para borrar la ideología, los errores personales para deslegitimar un proyecto político, y las portadas pagadas para manipular la memoria de un pueblo. Pero la realidad, como siempre, les escupe en la cara: Cerrón no solo no está muerto políticamente, sino que sigue marcando el debate ideológico del país, incómodo para la derecha bruta y achorada, y para una izquierda vendida y tibia que se subió al carro de la difamación de los medios mermeleros.

¿Cadáver político, un hombre que, desde el exilio político, sigue manejando los hilos de un partido con inscripción vigente, cuadros organizados en todo el país y representación en el Congreso? ¿Cadáver político alguien que logró poner a un maestro rural en Palacio de Gobierno, contra toda la maquinaria del dinero, los medios, la oligarquía limeña y los partidos tradicionales? Si eso es estar muerto, entonces el Apra ya está en estado fósil y el PPC es solo una cáscara hueca.

La desesperación por declarar muerto a Cerrón no es inocente. Obedece a un temor: el de que el “cadáver” reviva electoralmente en 2026, o que sus ideas —antineoliberales, soberanistas, populares— prendan nuevamente en un país con más del 70% de su población harta del modelo económico, del centralismo limeño, de los salarios de hambre y la política de rodillas frente al capital transnacional. Temen que, incluso fuera de carrera electoral, Cerrón siga siendo un símbolo —cuestionado, odiado por algunos, pero también respetado y respaldado por otros— del cambio profundo que el Perú aún no ha tenido.

Mientras tanto, los verdaderos zombis políticos caminan sueltos: Lourdes Flores Nano queriendo regresar como senadora, Keiko Fujimori postulando por cuarta vez, Alan García convertido en mártir por una prensa decadente, y un Congreso con 130 muertos vivientes que solo legislan para sí mismos.

Cerrón podría estar judicialmente inhabilitado, pero su influencia política sigue vigente. No lo entierran porque no pueden. Lo quieren muerto porque les recuerda que el pueblo, incluso manipulado, puede un día decir basta. Y esa es una amenaza que los vivos del poder no están dispuestos a tolerar.

Conclusión:

El verdadero “cadáver político” no es Vladimir Cerrón. Son los partidos que no representan a nadie, los políticos que viven del Estado y las ideas que ya no convencen ni a sus propios autores. Cerrón es una figura incómoda, sí, pero mientras incomode al poder, estará más vivo que nunca.

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El cadáver político y sus carroñeros

EL CADÁVER POLÍTICO Y SUS CARROÑEROS

Ruberio Monge Álvarez

Castillo, en su intento de reconstruir su imagen como líder popular, atacando a Vladimir Cerrón, lo expone como un traidor y mal agradecido, sabiendo que él mismo fue electo gracias a la maquinaria política e ideológica que Cerrón ha construido. Su presidencia fue viable solo porque Perú Libre lo acogió como candidato cuando ningún otro partido lo hubiera hecho.

Castillo, al llamar a Cerrón “cadáver político” demuestra una vez más su incapacidad de hacer un análisis político preciso. ¿Es realmente Vladimir Cerrón un cadáver político? Todo indica que no. Por las siguientes consideraciones:

El ideólogo que no desaparece

Cerrón, pese a estar clandestino de la injusticia, sigue siendo el líder formal e ideológico de Perú Libre. Su liderazgo sobre la estructura partidaria sigue siendo firme, y ningún dirigente de peso dentro del partido ha cuestionado abiertamente su liderazgo.

Incluso desde la clandestinidad, Cerrón mantiene presencia activa en redes sociales, da entrevistas, opina sobre coyuntura política y emite comunicados a toda la militancia.

A pesar del ataque feroz del sector caviar para dañar su imagen ante la opinión pública, su militancia dura ideológicamente no lo ha abandonado.

Base social y estructura partidaria

Llamar “cadáver político” a Cerrón implica asumir que ha perdido toda capacidad de influencia, lo cual es falso. Cerrón, con sus opiniones y mensajes por las redes sociales, influye y dirige la vida política del partido, inclusive de sus enemigos.

Cerrón, a pesar de su situación “legal”, sigue teniendo una estructura política y doctrinaria detrás. Mientras, Castillo está aislado políticamente, sin partido y sin liderazgo claro. Esto es una contradicción en el discurso de Castillo.

Habilitado para postular

Es cierto que Cerrón enfrenta investigaciones producto del lawfare. Sin embargo, en marzo de este año, la Corte Suprema anuló uno de sus juicios clave (Aeródromo Wanka), y esto lo habilitó a disputar jurídicamente su regreso a la arena electoral.

A pesar del LAWFARE o justicia altamente politizada para reprimir o anular a los líderes populares, Cerrón se forja en la guerra jurídica.

Por lo tanto, al calificar a Cerrón como “cadáver político”, Castillo cae en el reduccionismo metafísico. Además, tal como lo vimos líneas arriba, el verdadero “cadáver político” es Castillo. Y sus “carroñeros políticos” siguen siendo los caviares y toda laya de oportunistas. Porque Castillo es incapaz de elaborar su propio discurso, y de esa incapacidad política, precisamente, los caviares carroñeros siguen sacando provecho para atacar a Cerrón.

Finalmente, cabe mencionar que, la historia no se mueve por etiquetas ni por discursos simbólicos. La historia se mueve por la lucha entre clases, por las necesidades materiales, y por la capacidad de organización ideológica. En este terreno, Cerrón está lejos de ser un “cadáver”. Es una contradicción viva, y mientras otros que solo se dedican a difamar o criticar no logren superarlo dialécticamente con una propuesta y liderazgo superior, seguirá vivo en el escenario político.

¡¡¡NI UN PASO ATRÁS!!!

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