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Frente a la errática percepción de César Hildebrandt

FRENTE A LA ERRÁTICA PERCEPCIÓN DE CÉSAR HILDEBRANDT

Vladimir Cerrón

Es necesario aclarar las fantasiosas especulaciones realizadas en el editorial de la revista Hildebrandt En sus Trece, titulado El Plan V, donde hace referencia a nuestras actitudes respecto a las intenciones del partido para con el gobierno de Pedro Castillo.

En ninguna reunión partidaria, privada, pública, clandestina, o mensaje de texto, etc., se manifestó o insinuó, por mi persona u otro militante, el “propósito de deshacerse de Pedro Castillo y reemplazarlo por Dina Boluarte”, de manera que ella “esté a cargo del discurso del 28 de julio”. ¡Qué tal conjetura periodística gratuita! Aquí cabe citar perfectamente a Lenin, quien en casos semejantes habría dicho: “esto ya no es un error, sino una estupidez”.

En verdad, la renuncia se le pide al Presidente porque mientras el Partido decía no ser la bancada oficialista, tenía sin embargo al mandatario como militante: una incoherencia total, que tuvimos que corregir ante la mirada del pueblo. Para entenderlo de otro modo, el Partido decidió regularizar sus documentos tanto orgánicos como históricos. Y es que, en realidad, Pedro Castillo, como lo ha manifestado en televisión, siempre tuvo una militancia puramente electoral, no una de naturaleza convicta y confesa, razón por la cual, frente al pedido de renuncia, las bases nos han reprochado señalando por qué se tomó la decisión muy tarde.

El Partido no tiene ninguna intención de inhabilitar, suspender o vacar a Pedro Castillo; jamás asumió semejante posición, pero sí mantiene una postura crítica a lo que cree cuestionable, sin que eso pudiera significar plegarse a la derecha. Para nosotros, el parámetro que define si estamos con el pueblo o contra él es el programa del partido, no el Presidente.

Debo manifestar que estoy contra el golpismo del Legislativo al Ejecutivo, pero también contra el golpismo al Legislativo que promueven algunos del Ejecutivo. No puede ni debe haber una doble moral en la izquierda. Si la joven democracia eligió un parlamento mayoritariamente de derecha debe respetársele, así como eligió a un Presidente de izquierda que debe ser respetado.

La censura al ministro del Interior responde a la persecución brutal, a los reglajes legales e ilegales de los que son víctimas los dirigentes y autoridades del partido, incluyendo a los congresistas Waldemar Cerrón y Guido Bellido, a los allanamientos repetitivos a nuestros locales, al pedido de prisión de mi persona y de la personera legal nacional, Ana Córdova,  por parte de la Dircote, cuando esto último debiera solicitarlo la Fiscalía contando con pruebas reales, que estamos seguros que no existen.

Es cierto que todo ello no fue iniciativa del ministro censurado, pero ocurre que el problema es el continuismo e indiferencia ante los abusos mencionados, pero también es obvio que el Presidente lo sabe y lo permite. Se persigue al Partido, pero con el otro rasero se permite la fuga de personajes que han embarrado la institucionalidad del gobierno y también del Partido. ¿Debía acaso mantenerse neutro el partido?

En cuanto a la censura de la ministra Betssy Chávez, debe quedar claro que el partido no se sumó al operativo porkifujimorista. Lo digo ahora al no existir ya obligaciones ni contemplaciones de camaradería, en verdad fue el nivel más alto del Ejecutivo el que solicitó, mediante un congresista, que la bancada vote por la censura a la ministra de Trabajo; luego se insistió en el pedido mediante un portavoz a quien le encargaron lo mismo. Pero debe quedar claro que ninguna de las dos circunstancias influyó para tomar nuestra propia postura, ni el encargo del Ejecutivo, ni la presión derechista. Tanto la censura de Chávez como la de Senmache, una vez debatidas en el seno partidario, se dieron porque el Partido tenía su propio pliego.

De otro lado, es cierto que la vicepresidenta Boluarte se ha comunicado conmigo, su llamada, mediante un intermediario, me sorprendió; pero debo manifestar que el Partido no concertó absolutamente nada con ella; es más, no tiene nada que deliberar ni pactar con dicha persona, desde el momento en que la señora negó su pertenencia al Partido. Al igual que al Presidente, se le dio el plazo necesario para renunciar porque no queremos dañar a nadie, aun cuando haya habido ingratitud con nosotros.

Lo que hice fue trasmitirle brevemente la decisión del Partido, ya que después no había nada más que conversar. Ciertamente, el acuerdo partidario fue no apoyar ninguna iniciativa de inhabilitación, suspensión o vacancia para nadie, porque respetamos la democracia más que los que a voz en cuello dicen hacerlo, aunque suene paradójico. No se condicionó nada a cambio: esa es la moral de Perú Libre, no somos mercantilistas, somos socialistas.

Tampoco hay algún plan de “extorsión” como suele hacer la prensa parametrada; no hay Plan V, aunque sí Plan B. Si el partido no confía en el Presidente, menos en la Vicepresidenta, obviamente no puede haber maniobra sustitutoria, según se empeña en decir el señor Hildebrandt.

Nos califica de sectarismo sombrío, pero lo que él no quiere reconocer es su complicidad, o en todo caso, no se tiene la valentía de mostrarse de acuerdo con la captura del Estado, desde la sombra, por parte de los caviares. Decorosos oficiales de la PNP saben hace mucho tiempo quién es el ministro del Interior de facto en el Perú desde hace más de una década, me lo han manifestado y probado; igual infiltración ocurre en otras instituciones del Estado. No negamos nuestra posición de clase; Perú Libre es antagónico respecto de la derecha, pero además es negación de los caviares.

Si sale el Presidente y entra la Vicepresidenta, los únicos beneficiados serían los caviares, quienes la han rodeado, y Hildebrandt pertenece ciertamente a ellos. Así como el director afirma difamatoriamente que soy el poder en la sombra, también podría yo pensar que Hildebrandt fue el titular de Economía en la sombra, poniendo como punta de lanza a uno de sus articulistas, ambas incoherencias, por cierto.

Como corolario, puedo añadir respetuosamente que Hildebrandt, además de caviar inconfeso es un anarquista, lamentablemente un símil de González Prada, alguien que criticaba mucho, pero no organizaba nada para cambiar este país, practicando un materialismo contemplativo que lo mantuvo muy por debajo del pedestal sobre el que se yergue un Mariátegui.

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