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ARTÍCULO

LUCHA DE CLASES Y RESISTENCIA ANDINA EN WARMA KUYAY (Amor de niño) DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS 

Análisis materialista histórico 

Ponencia presentada en el I Foro Internacional de Educación Política Socialista de la Nueva Izquierda Popular «Jaime Cerrón Palomino»

Waldemar José Cerrón Rojas. Político, Doctor en Ciencias de la Educación. Licenciado en derecho y ciencias políticas. Profesor de Investigación de la Universidad Nacional del Centro del Perú. e-mail. josecin4@hotmail.com

Este artículo ofrece una interpretación literaria desde la perspectiva del materialismo histórico, analizando una narrativa que describe la explotación semi-feudal en la hacienda Viseca. La concentración de los medios de producción crea una jerarquía social con una fuerza de trabajo oprimida. La resistencia, individual y cultural, refleja una incipiente conciencia de clase, aunque la acción colectiva permanece limitada, a pesar de que los personajes comprenden su posición en la estructura productiva y sus intereses comunes.

Introducción

Introducción

Somos felices con la imaginación y la fantasía cuando estamos inconformes con la realidad: pero la felicidad más intensa la alcanzamos cuando convertimos nuestra imaginación en realidad y nuestras fantasía en una posible realidad. 

Este artículo ofrece una interpretación literaria de Warma Kuyay desde la perspectiva del materialismo histórico, analizando la narrativa que describe la explotación semi-feudal en la hacienda Viseca. La obra revela una sociedad jerarquizada donde la concentración de los medios de producción genera una fuerza de trabajo oprimida, cuya resistencia, tanto individual como cultural, refleja una incipiente conciencia de clase, aunque limitada en su capacidad de acción colectiva. Para profundizar en esta interpretación, el análisis se estructurará de la siguiente manera:

Primero, se examinarán las fuerzas productivas presentes en la narrativa. Esto implica identificar los medios de producción (tierra, animales, herramientas, etc.), describir las herramientas, los conocimientos y la fuerza de trabajo, y examinar el tipo de tecnología empleada, la organización del trabajo y los recursos disponibles. Este análisis permitirá comprender la base material de la sociedad retratada y su impacto en las relaciones sociales.

Segundo, se analizarán las relaciones sociales de producción. Se identificará quién posee los medios de producción, cómo se distribuyen las ganancias, y las relaciones de poder existentes entre las clases sociales. Se prestará especial atención a la dinámica entre los hacendados (como Don Froilán) y los campesinos, explorando las diferentes posiciones sociales y las formas de resistencia que emergen de esta desigualdad.

Tercero, se interpretará la lucha de clases en la narrativa. Se estudiará cómo se manifiesta el conflicto social, las estrategias de dominación empleadas por los grupos dominantes, y las resistencias de las clases oprimidas. Se analizarán las diversas formas de resistencia, tanto individuales como colectivas, y se explorará el desarrollo de la conciencia de clase entre los personajes.

Cuarto, se criticará la superestructura presente en la narrativa, identificando las instituciones (la hacienda como microcosmos del sistema colonial, las normas sociales, la ideología dominante) que legitiman el sistema de dominación. Se examinará cómo estas instituciones refuerzan las jerarquías sociales y cómo la narrativa refleja o subvierte estas estructuras de poder.

Finalmente, se concluirá reflexionando sobre la importancia de la literatura para comprender la realidad social a través del materialismo histórico. La narrativa de Warma Kuyay, analizada con este método, no solo revela las condiciones materiales de vida y las relaciones de poder de una época, sino que también compromete nuestra imaginación y acción con la historia y la posibilidad de transformarla, extendiéndose más allá de la simple representación para inspirar la lucha por la justicia social. La obra, al revelar las luchas y resistencias del poblador andino, nos invita a una reflexión profunda sobre la construcción de una sociedad más equitativa.

La realidad social, que trasciende lo individual en tiempo y espacio, ofrece la sensibilidad más bella; la literatura juega un papel fundamental en su formación. Las figuras, adornos y metáforas literarias esconden realidades e identidades interculturales, las cuales pueden ser descubiertas con mayor claridad a través del materialismo histórico. Una vez descubiertas, estas realidades comprometen nuestra fantasía e imaginación con la historia —nuestra historia, no solo la que nos tocó vivir, sino la que debemos transformar.

Hasta más allá de la victoria. 

1. Nivel de las fuerzas productivas

El análisis del nivel de las fuerzas productivas debe considerar cinco componentes esenciales: (1) los medios de producción (tierra, maquinaria, instalaciones), que constituyen la base material del proceso; (2) las herramientas y tecnologías empleadas, que determinan la eficiencia productiva; (3) la fuerza de trabajo, cuyo nivel de capacitación y especialización condiciona los resultados; (4) la organización del trabajo, que estructura la división de tareas y coordinación entre trabajadores; y (5) los recursos disponibles (materias primas, insumos), que limitan o potencian las capacidades productivas. 

1.1. Medios de producción

Es fascinante identificar en el cuento los medios de producción: la tierra, las herramientas, la fuerza de trabajo y la tecnología. Estos medios de producción revelan las condiciones históricas del desarrollo social, ya que evidencian el proceso de transformación de la materia prima en bienes y servicios para satisfacer diversas necesidades. Desde la producción, el consumo, la distribución, hasta el intercambio y la circulación económica, podemos visualizar las condiciones de vida material de las haciendas y las comunidades andinas en este caso.

Se alude a la hacienda de Viseca, que cuenta con grandes extensiones de terreno “dormían en la chacra, a dos leguas de la hacienda”, así como la existencia de pastizales, ríos, aves y sobre todo animales como el potro «gritando como potro enamorado»; becerro,  «Me levantó como a un becerro tierno», chanchos, «en busca de chanchos», torillitos  “les rajaba el lomo a los torillitos», toro, “Don Froylán es peor que toro bravo», 

1.2. Herramientas y tecnología

En cuanto a las herramientas, se destaca la presencia de lazos, hondas, estacas, zurriagos y lavaderos en desuso: «Feo, pero soy buen laceador de vaquillas y hago temblar a los novillos con cada zurriago». El texto hace referencia a la ganadería y al uso de estas herramientas en la crianza del ganado vacuno: «hondeaba desde lejos a las vaquitas de los otros cholos cuando entraban a los potreros de mi tío». También se mencionan las estacas, empleadas tanto para atar al ganado como para el tratamiento de los cueros: «como estacas de tender cueros», así como los lavaderos abandonados.

Se hace evidente el uso de tecnología tradicional en las actividades agrícolas, ganaderas y mineras. En la agricultura, esta se acompaña de prácticas culturales como la música: «Y como amaba a los animales, las fiestas indias, las cosechas, las siembras con música y jarawi». Además, se menciona infraestructura en desuso, como «el molino viejo», que testimonia procesos tecnológicos abandonados.

En la minería subsisten vestigios de tecnología obsoleta: «ruedas enmohecidas que fueron de las minas del padre de Don Froylán» y «Subimos al callejón por el lavadero de metal que iba desmoronándose en un ángulo». Estos elementos reflejan tanto la adaptación tecnológica como el abandono de sistemas productivos anteriores.

La persistencia de tecnologías incipientes en la agricultura y la ganadería, junto con los métodos artesanales para el tratamiento de cueros y el empleo de técnicas mineras semifeudales ya obsoletas, demuestran la carencia de desarrollo tecnológico. 

La hacienda Viseca ejemplifica cómo la falta de formación técnica y conocimiento especializado frena tanto la mejora y actualización tecnológica como la modernización de los procesos productivos, lo que finalmente imposibilita el desarrollo de actividades encaminadas hacia la industrialización.

1.3. Fuerza de trabajo

La fuerza de trabajo en la hacienda se manifiesta a través de figuras especializadas que encarnan distintos roles productivos y culturales. En el ámbito pecuario, el Kutu personifica la mano de obra calificada: «¡Déjame, niño Ernesto! Feo, pero soy buen laceador de vaquillas», destacando como «el mejor novillero, el mejor amansador de potrancas». Sin embargo, su labor adquiere matices de violencia sistémica cuando «se iba tempranito a buscar ‘daños’ en los potreros de mi tío, para ensañarse con ellos», revelando las relaciones de poder en el trabajo ganadero.

La condición de no-propietarios (tanto de la tierra como de los medios de producción) somete a los pobladores a relaciones económicas de distribución inequitativa. No obstante, en contraposición a las condiciones de vida inhumanas que padecen, persiste en ellos un arraigado vínculo afectivo con la tierra que trasciende lo económico para convertirse en fundamento identitario y justificación étnica de su reclamo territorial, como evidencia el pasaje: «Y como amaba a los animales, las fiestas indias, las cosechas, las siembras con música y jarawi, viví alegre en esa quebrada verde y llena del calor amoroso del sol».

1.4. Organización del trabajo

Respecto a la organización del trabajo, las labores domésticas están a cargo de las mujeres, como es el caso de Justina. Los pobladores dedican su fuerza de trabajo a la agricultura, incluido el tío de Ernesto: «mi tío y el resto de la gente fueron al escarbe de papas y dormían en la chacra, a dos leguas de la hacienda».

Desde otro punto de vista, la administración de la hacienda está a cargo de Don Froylán: «La hacienda era de Don Froylán y de mi tío». En cambio, Ernesto no está obligado a trabajar, sino que lo hace de manera libre y espontánea: «Yo, solo, me quedé junto a Don Froylán, pero cerca de Justina, de mi Justinacha ingrata».

Podemos identificar claramente en la narrativa la división del trabajo según género: las mujeres se dedican a la cocina, al canto y otras labores domésticas, mientras que los hombres realizan actividades como la siembra, el arreo de animales y el cuidado del ganado. Arguedas registra así una forma tradicional de organización laboral característica de las comunidades andinas. Estas mismas pautas de división sexual del trabajo persisten en amplias zonas de nuestro país, manteniéndose incluso una preferencia por la educación masculina y situaciones de marginación para las mujeres.

La narrativa representa la clase trabajadora en general, y de manera particular a Kutu, quien usaba el zurriago (látigo). Don Froylán, a quien el novillero obedecía, ordenaba el cuidado del ganado y los pastizales; su producción, consumo, distribución y circulación sustentaban su poder económico y régimen opresivo. Don Froylán encarna la autoridad de los hacendados, como se evidencia en: «Pero Don Froilán apareció en la puerta del witron — ¡Largo! ¡A dormir! —. Los cholos se fueron en tropa hacia la tranca del corral».

2. Relaciones sociales de producción

El análisis de las relaciones sociales de producción comprende tres aspectos esenciales: en primer lugar, determinar la propiedad de los medios de producción; en segundo lugar, examinar la distribución de los beneficios generados; y finalmente, evaluar las relaciones de dominación establecidas entre los distintos grupos sociales.

2.1. Propiedad de los medios de producción

Para identificar a los propietarios de los medios de producción, debemos responder cuatro interrogantes fundamentales: (1) en cuanto a la propiedad territorial, ¿quién posee las tierras?; (2) sobre herramientas e instrumentos, ¿a quién pertenecen los implementos de trabajo?; (3) respecto al control tecnológico, ¿quién toma las decisiones sobre el uso y selección de tecnologías?; y (4) en lo concerniente a la fuerza laboral, ¿qué grupo social provee la mano de obra necesaria para la producción?

La narrativa indica que Don Froilán y el tío de Ernesto poseen la tierra «La hacienda era de Don Froilán y de mi tío», los animales «se vengaba en el cuerpo de los animales de Don Froilán» y controlan la fuerza de trabajo «Los indios de Don Froilán se perdieron en la puerta del caserío de la hacienda». Esto demuestra la concentración de los medios de producción, incluyendo herramientas y mano de obra campesina «mi tío y el resto de la gente fueron al escarbe de papas», en manos del hacendado.

2.2. Distribución de beneficios generados

Respecto a la división de ganancias y las relaciones de poder entre clases sociales, la narración muestra que Don Froylán y el tío de Ernesto (clase hacendada) administran las ganancias y la distribución laboral: “La hacienda era de Don Froilán y de mi tío; tenía dos casas”; “mi tío y el resto de la gente fueron al escarbe de papas”. El tío de Ernesto, aunque copropietario, permanece subordinado a Don Froilán.

2.3. Relaciones de dominación

Las relaciones de poder corresponden a una explotación semifeudal, donde el hacendado controla los medios de producción, incluso la fuerza de trabajo. Tanto el tío de Ernesto como Kutu están próximos al dueño, pero no son dueños: Ernesto sufre el abandono del hacendado y el rechazo de los campesinos; mientras que Kutu, aunque admirado por su capacidad laboral, es despreciado por acatar las órdenes de Froylán. Este recibe como pago el privilegio de vivir en los caseríos cercanos a Ernesto, pero no defiende al pueblo ni se enfrenta al patrón.

El poder feudal de Don Froilán desborda toda medida, evidenciándose en episodios como la violación a Justina, que el texto describe como un acto de violencia patriarcal característico del sistema feudal. Más allá del control económico, Froilán actúa como dueño de la voluntad de las personas: «¡Don Froilán! ¡Es malo! Los que tienen hacienda son malos; hacen llorar a los indios como tú; se llevan las vaquitas de los otros o las matan de hambre en su corral. ¡Kutu, Don Froilán es peor que toro bravo! Mátale no más, Kutucha, aunque sea con galga, en el barranco de Capitana».

2.4. Jerarquía social y resistencia

Ernesto no es de la clase hacendada ni campesino rico, ocupando una posición intermedia junto al Kutu, quien tiene privilegios por su trabajo: «Kutu y yo estábamos solos en el caserío de arriba». Los campesinos pobres, los pobladores andinos desposeídos, viven en condiciones precarias: «Los cholos se fueron en tropa hacia la tranca del corral»; «mi tío y el resto de la gente fueron al escarbe de papas y dormían en la chacra».

3. Lucha de clases

La interpretación de la lucha de clases se desarrolla a través de 1)  cómo se manifiestan el conflicto social, 2) sus contradicciones, 3) así como el análisis de las estrategias que emplean los grupos dominantes para perpetuarse en el poder, y 4) de cómo las resistencias de las clases oprimidas, de las cuales surge la conciencia de clase.

3.1. Manifestación del conflicto social

Los conflictos sociales se manifiestan en la narración desde el inicio a través de las tensiones entre el cz- revela cómo las diferencias económicas y las habilidades laborales generan jerarquías incluso dentro de la clase oprimida, plasmando así las contradicciones de clase en las relaciones cotidianas entre los personajes.

3.2. Contradicciones de clase

En la narración, Justina, Gregoria, el Kutu y los trabajadores demuestran plena conciencia de su ubicación en la estructura económica: «—¡Déjame, niño, anda donde tus señoritas!»; «—¡Sonso, niño sonso! —habló Gregoria, la cocinera. Celedonia, Pedrucha, Manuela, Anitacha… soltaron la risa; gritaron a carcajadas». El Kutu reafirma esta conciencia de clase al decir: «—¡Déjate, niño! Yo, pues, soy «endio», no puedo con el patrón». El niño Ernesto también reconoce su posición económica: «La hacienda era de Don Froylán y de mi tío; tenía dos casas». En contraste, Froylán ejerce su rol de propietario y dominador: «Los indios de Don Froilán se perdieron en la puerta del caserío de la hacienda».

3.3. Estrategias de dominación

Ni Ernesto ni el Kutu alcanzan a comprender que la lucha contra los abusos de Don Froylán no podía limitarse a acciones individuales, sino que requería un carácter organizativo y social. Froylán representaba todo un sistema semifeudal que lo respaldaba, lo que le permitía ejercer su poder arbitrariamente: ya fuera gritando a los campesinos durante sus bailes o cometiendo el ultraje contra Justina. Como se relata en el texto: «Don Froylán la había forzado. ‘—¡Ayer no más la ha forzado; en la toma de agua, cuando fue a bañarse con los niños!». Estos actos de dominación evidencian cómo el poder de la clase terrateniente se imponía mediante la violencia física y simbólica sobre los subalternos.

3.4. Resistencias de clase

Cada clase social desarrolla sus propias formas de resistencia y estrategias para mantener, destruir o debilitar el poder establecido. En la narrativa, estas resistencias se manifiestan principalmente a través de acciones individuales de la clase oprimida: el Kutu descarga su rebeldía maltratando a los animales de Froylán –«Pero el novillero se agachaba no más, humilde, y se iba al witron, a los alfalfares, a la huerta de los becerros, y se vengaba en el cuerpo de los animales de Don Froylán»-. Por otro lado, Ernesto, quien ocupa una posición intermedia entre el campesinado pobre y los hacendados, junto al Kutu concebían planes imaginarios para eliminar a Froylán, demostrando cómo incluso en el plano de las ideas se gestan formas de resistencia contra el poder opresor.

La narrativa muestra una resistencia colectiva de carácter cultural, donde la comunidad expresa su identidad y rebeldía a través de manifestaciones artísticas. Se describe: «Los cholos se habían parado en círculo y Justina cantaba al medio», «Los indios volvieron a zapatear en ronda. El charanguero daba voces alrededor del círculo, dando ánimos, gritando como potro enamorado». Estas prácticas -el canto, la música del charango, el zapateo y los jarawis- representan no solo alegría «viví alegre en esa quebrada verde y llena del calor amoroso del sol”, sino también su forma de canalizar la tristeza, angustias y resistencia frente a la opresión.

Las creencias y la simbología andina como resistencia cultural se suman y almacenan en el imaginario del poblador andino: «Una paca-paca empezó a silbar desde un sauce que cabeceaba a la orilla del río; la voz del pájaro maldecido daba miedo». «El charanguero corrió hasta el cerco del patio y lanzó pedradas al sauce; todos los cholos le siguieron. Al poco rato el pájaro voló y fue a posarse sobre los duraznales de la huerta; los cholos iban a perseguirle». La ira contenida se desborda cuando el colectivo tira piedras al pájaro maldito, portador del mal. Esto demuestra, de manera simbólica, la forma en que pueden acabar con todos sus males.

3.4.1. La conciencia de clase

La conciencia de clase comprende tres elementos esenciales: a) la posición de los individuos en las relaciones de producción, b) los intereses comunes según su ubicación socioeconómica, y c) la capacidad organizativa para la acción colectiva que resuelva sus problemas.

a) Posición en las relaciones de producción

En la narración, Justina, Gregoria, el Kutu y los trabajadores demuestran plena conciencia de su ubicación en la estructura económica al no aceptar a Ernesto como uno de ellos . El Kutu reafirma esta conciencia de clase al reconocer sus limitaciones históricas como indio. El niño Ernesto reconoce su posición económica que no es de pobre ni de rico sino que la hacienda es de Don Froylán y su tío. En contraste, Froylán ejerce su rol de propietario y dominador: «Los indios de Don Froilán se perdieron en la puerta del caserío de la hacienda».

b) Intereses comunes según posición socioeconómica

En cuanto a los intereses y necesidades comunes, estos se manifiestan claramente a través de los personajes: «—¡Déjame, niño, anda donde tus señoritas!» demuestra la distancia social que Justina marca con Ernesto, mientras que él reclama «—¿Y el Kutu? ¡Al Kutu le quieres, su cara de sapo te gusta!» y la respuesta del Kutu «—¡Déjame, niño Ernesto! Feo, pero soy buen laceador de vaquillas y hago temblar a los novillos de cada zurriago. Por eso Justina me quiere» revelan las dinámicas afectivas y laborales dentro de su condición de clase. Por otro lado, Froylán impone sus intereses como patrón al exigir: «—¡Largo! ¡A dormir!», evidenciado en el relato que describe cómo «el resto de la gente fueron al escarbe de papas y dormían en la chacra, a dos leguas de la hacienda», mostrando así las condiciones de vida y trabajo de los campesinos bajo el sistema de la hacienda. .

Las necesidades e intereses de la clase oprimida se hacen más visibles cuando Ernesto descubre la violación de Justina y, junto al Kutu, comparten el mismo objetivo de acabar con Don Froylán y sus abusos. Ernesto exclama: «—¡Kutu: cuando sea grande voy a matar a Don Froylán!», a lo que el Kutu responde: «—¡Don Froylán! ¡Es malo! Los que tienen hacienda son malos; hacen llorar a los indios como tú; se llevan las vaquitas de los otros o las matan de hambre en su corral. ¡Kutu, Don Froylán es peor que toro bravo! Mátale no más, Kutucha, aunque sea con galga, en el barranco de Capitana».

c)  Capacidad organizativa y conciencia de clase

Se evidencia una lucha de clases con un conocimiento incipiente de la conciencia social. Los personajes reconocen su lugar en la estructura económica y sus intereses comunes, pero desconocen el poder de la organización colectiva. Tanto el Kutu como Ernesto intentan resolver el problema de forma individual: el primero repite con los más débiles los abusos del patrón, mientras que el segundo llora, se lamenta y finalmente acata las órdenes del hacendado. De alcanzar los campesinos un verdadero nivel de conciencia de clase, la realidad social de Viseca podría transformarse.

4. Superestructura

El estudio crítico de la superestructura consiste en identificar las instituciones (Estado, leyes, cultura dominante) que legitiman el sistema de dominación en un contexto histórico y espacial determinado. Este análisis revela cómo el poder se reproduce a través de mecanismos ideológicos y coercitivos que mantienen las relaciones de producción existentes.

4.1. Identificación de las instituciones que legitiman el sistema de dominación

El análisis del sistema hacendario peruano evidencia cómo diversas instituciones legitimaban la dominación. La hacienda Viseca, como se describe en el texto, funcionaba como institución central: «La hacienda era de Don Froylán y de mi tío; tenía dos casas». Esta institución concentraba no solo el poder económico, sino que también establecía un orden social jerárquico: «Kutu y yo estábamos solos en el caserío de arriba», mientras los demás «dormían en la chacra, a dos leguas de la hacienda».

4.2. Contradicciones del sistema semi feudal

Las haciendas peruanas mantenían una economía basada en la producción agropecuaria (azúcar, café y algodón en la costa; papas, quinua, arvejas y habas en la sierra) con relativa autonomía. Sin embargo, este sistema generaba profundas contradicciones, pues mientras producían lo necesario para su subsistencia, los hacendados explotaban la mano de obra indígena y campesina bajo relaciones de dominación y dependencia que persistieron hasta la Reforma Agraria de 1969.

4.3. Estrategias de dominación de los grupos de poder

Los hacendados ejercían un control semifeudal que abarcaba todos los aspectos de la vida. Como señala el texto, disponían «inclusive de la voluntad de los trabajadores, monopolizaban el comercio local e incluso administraban la justicia a su criterio». Esta dominación se complementaba con una ideología que combinaba conservadurismo feudal, racismo y catolicismo tradicional, donde términos despectivos como «cholos, indio y serrano» reforzaban las jerarquías sociales.

Como bien señalaba Mariátegui (1928): «El ‘gamonalismo’ invalida inevitablemente toda ley u ordenanza de protección indígena. El hacendado, el latifundista, es un señor feudal. Contra su autoridad, sufragada por el ambiente y el hábito, es impotente la ley escrita» (p. 25). Esta cita sintetiza la naturaleza del sistema analizado en el cuento, donde la hacienda funcionaba como microcosmos de un orden social más amplio que combinaba formas feudales con elementos capitalistas incipientes.

4.4. Resistencia y conciencia de clase

Frente a este sistema opresor, los campesinos desarrollaron diversas formas de resistencia. Como muestra el texto, mantenían prácticas culturales propias: «Los indios volvieron a zapatear en ronda. El charanguero daba voces alrededor del círculo». Además, expresaban su descontento mediante actos cotidianos de rebeldía y fantasías de venganza: «—¡Kutu: cuando sea grande voy a matar a Don Froylán!». Manifestaciones como las fiestas comunales, evidenciaban el surgimiento de una conciencia de clase que, aunque incipiente, cuestionaba el orden establecido y deseos de venganza.

CONCLUSIONES 

El cuento «Warma Kuyay» de José María Arguedas expresa, representa y simboliza el imaginario de las fuerzas productivas, las relaciones sociales de producción, la lucha de clases y la superestructura semi feudal a través de las formas de resistencia y lucha cultural del poblador andino oprimido frente al abuso del hacendado Don Froylán.  De la siguiente manera:

  1. En cuanto a las fuerzas productivas, los medios de producción consisten en extensas tierras, herramientas e instrumentos, y una tecnología incipiente que agrava la carga de trabajo. Don Froylán controla estos medios, tomando las decisiones sobre la distribución del trabajo entre los trabajadores: Kutu (el laceador y novillero), Gregoria (la cocinera), los agricultores indígenas y otros empleados domésticos.  Esta organización, impuesta por Don Froylán, contrasta con la autoorganización colectiva que se manifiesta en los bailes, con la participación de Julio (el charanguero) y la voz de Justina. Esta última situación, sin embargo, no logra desestabilizar el poder de Don Froylán.
  2. En las relaciones de producción, Don Froylán, propietario de la hacienda Viseca, ejerce un poder injusto e inequitativo sobre los trabajadores.  Ernesto, hijo de un hacendado, ostenta cierta autoridad, mientras que Kutu, respetado por su fuerza y habilidad, se ve limitado por su subordinación a Don Froylán, aunque realiza actos de sabotaje.  Los campesinos, por su parte, se someten a las órdenes del hacendado,  sufriendo una constante atentado contra su voluntad y dignidad. A pesar de esto, existe una resistencia colectiva y cultural, aunque la mayoría de las manifestaciones de rebeldía se quedan en el plano de la fantasía.
  3. La lucha de clases se evidencia en el conflicto permanente entre el opresor (Don Froylán) y los oprimidos (los campesinos).  El poder de Don Froylán se manifiesta a través de las órdenes que impone a los habitantes de Viseca.  Por otro lado, Ernesto y Kutu realizan actos de sabotaje contra el ganado y fantasean con la eliminación de Froylán tras la violación de Justina. El pueblo, aunque sumiso en apariencia, realiza una resistencia pasiva a través de las actividades culturales colectivas.
  4. La superestructura semi feudal se materializa en la figura de Don Froylán, quien concentra el poder político, legal y coercitivo para controlar a los pobladores andinos. Ernesto y Kutu, con sus actos de rebeldía y sabotaje (aunque fantasiosos), y el pueblo con su resistencia cultural a través de la música y el baile, representan los gérmenes de una posible transformación revolucionaria.

Referencias bibliográficas

Arguedas, J. M. (2009). Warma Kuyay. En Agua (pp. 35-62). Editorial Horizonte. (Trabajo original publicado en 1935).

Mariátegui, J. C. (1928). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Editorial Amauta.

Esquema para interpretar la realidad social. 

Para comprender el desarrollo social de manera rigurosa, es necesario:

  1. Analizar las fuerzas productivas:
    • Identificar los medios de producción
    • Describir las herramientas, su conocimientos y fuerza de trabajo.
    • Examinar qué tipo de tecnología se emplea, cómo se organiza el trabajo y qué recursos están disponibles.
  2. Examinar las relaciones sociales de producción:
    • Identificar quién posee los medios de producción.
    • Analizar cómo se distribuyen las ganancias 
    • Evaluar las relaciones de poder existentes entre las clases sociales.
  3. Interpretar la lucha de clases:
    • Estudiar cómo se manifiesta el conflicto social.
    • Analizar las estrategias que emplean los grupos dominantes para perpetuarse en el poder, así como las resistencias de las clases oprimidas.
  4. Criticar la superestructura:
    • Identificar las instituciones (Estado, leyes, cultura dominante) que legitiman el sistema de dominación en un contexto histórico y espacial determinado.

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