¿Una presidenta o una gestora del vacío?
Por: Lourdes Jesús
El Perú atraviesa una crisis política profunda, creo, sin temor a equivocarme, la más profunda de la historia. En medio del descrédito del Congreso, el debilitamiento institucional y el alejamiento entre el poder y el pueblo, una figura que concentra todas las miradas: Dina Boluarte. Pero, ¿quién es realmente la mandataria que hoy ocupa la presidencia? ¿Es una presidenta con proyecto de país o simplemente una gestora del vacío político?
De Perú Libre al poder sin alma
Dina Boluarte llegó al escenario nacional como parte de una propuesta de cambio. Militante de Perú Libre, expulsada después por su conducta, acompaño a Pedro castillo con un discurso que hablaba del programa del Partido Político Nacional Perú Libre, es decir, de justicia social, descentralización y reivindicación de los excluidos. Sin embargo, una vez asumida la presidencia, primero por la vacancia de su antecesor y luego por ella misma; ese programa con el que se ganó al pueblo, fue dejado de lado y archivado en el tiempo.
Sus promesas a Castillo de irse con él si lo vacaban, fueron como esas promesas que hace una mujer interesada “diría mi abuela”. La astucia de aliarse con “Congresistas” a quienes llamo sus “amigos” a cambio de favores en los diversos ministerios puestos claves de direcciones entre otros espacios y por qué, no decirlo, en negocios de obras y contratos, hizo posible que muchos de ellos sucumbieran ubicándose como sus defensores en las sombras, entre ellos tenemos a Congresistas de Alianza para el Progreso (de Acuña), Fuerza popular (de Keiko), Acción Popular, el Bloque magisterial, entre otros, dando como resultado el Congreso más impopular de la historia. Le siguió a ello, la brutal represión, a las protestas sociales, las que marcaron su ruptura definitiva con la ideología que alguna vez dijo defender. Boluarte no solo abandono el programa político de izquierda, sino que además renunció a toda identidad política propia. Lo que es peor Gobernó y gobierna con las armas de quienes antes criticaba, nos mostró su verdadero rostro, es decir, su lealtad no era con el pueblo, sino con la conservación del poder.
Gobernar sin rostro
Su gabinete, lejos de ser técnico o plural, ha estado compuesto por personajes sin liderazgo ni visión nacional. Su discurso es vago, sin emoción social. Su expresión es rígida, sin gestos, llena de bótox. Su presencia pública, intermitente. Y su desconexión con las demandas populares, absoluta. No se articula ningún plan de gobierno coherente con las necesidades de las personas que votaron por Perú Libre.
Dina Boluarte no lidera, solo administra. No convoca, se aísla. No representa, solo ocupa un espacio en el palacio donde ella se siente reina, llena de lujos y frivolidad.
El costo de la traición
Las más de 70 muertes, no son solo cifras: son el símbolo de su ruptura total con el pueblo. Lejos de reconocer responsabilidades, su gobierno opto por la negación, la criminalización y el blindaje. No hay culpables, ni indemnizaciones para quienes perdieron la vida, ella se ha esforzado por construir un muro de indiferencia y frialdad que aterra. La violencia se convirtió en su método y el miedo en política del estado.
Más que presidenta Dina Boluarte, solo actúa como gestora del vacío. Su mandato no construye, administra los escombros del poder. Su figura no propone, sobrevive y en esa supervivencia, ha abandonado toda noción de representación y servicio.
El Perú no necesita una administradora del colapso. Necesita una refundación democrática que devuelva el poder a quienes realmente lo merecen: el pueblo organizado, consciente y movilizado.
Los Congresistas de Perú Libre a pesar de las vacancias solicitadas no alcanzaron los votos necesarios para acabar con el blindaje, sin embargo, desde ese espacio político vienen sacando leyes a favor de la clase trabajadora y los más excluidos, para lo cual estratégicamente vienen integrando la mesa directiva sin pactos oscuros ni mucho menos, por ahora el único espacio con el que se cuenta para la lucha política.
Despierta Perú, que la anomia no te paralice.

