Crítica a la tesis Dar el salto: estrategias de construcción del partido político Perú Libre entre los años 2015-2021
Vladimir Cerrón
En el año 2023, la licenciada en ciencias políticas por la PUCP, Milagros María Badillo Palomino, presentó la tesis: “Dar el salto: estrategias de construcción del partido político Perú Libre entre los años 2015-2021”, cuyo asesor fue Ricardo Martín Tanaka Gondo. Puesto que se trata de una tesis que investiga el fenómeno político de nuestro partido, me permito hacer algunas acotaciones al respecto.
Ciertamente, se trata, como la investigación misma concluye, de un hecho político de carácter excepcional en el país, refiriéndose al salto dialéctico de la conversión de movimiento político de alcance regional a un partido político de alcance nacional, que ellos lo llaman nacionalización, para no confundir conceptos.
La investigación pretende demostrar que el avance de Perú Libre se debe fundamentalmente a las redes sociales preexistentes no propias. Nosotros debemos precisar que la única red preexistente, que apoyó decididamente al partido desde que era movimiento, era el magisterio, más por una identificación clasista, que por otras motivaciones.
Paradójicamente, al liderazgo del líder regional, médico de profesión, el gremio médico fue un tenaz opositor a su mandato cuando este decide instaurar la especialización hospitalaria y la construcción de nuevas infraestructuras. Posteriormente, cuando fuimos gobierno nacional, el Colegio Médico del Perú abanderó la oposición, que devino en el cese de nuestro ministro militante, precipitado por un factor clasista y racista.
Según Meléndez, referente al que recurre la tesista: “los que constituyen movimientos regionales nacen de un perfil: élites constituidas de las gestiones locales, la cátedra universitaria y las administraciones regionales”. En el caso de Perú Libre, ninguna de estas tres condiciones se cumple en su génesis, quizás se acerque tangencialmente la cátedra universitaria de manera indirecta.
La comparación con Alianza Para el Progreso (APP), no es dable, puesto que esta responde a un grupo empresarial, donde el partido es solo un elemento, como la propia universidad, que ellos dirigen. APP no es un movimiento, ni un partido genuino, que nace a partir de una postura ideológica o que abrace alguna propuesta de cambio, sino que es un proyecto político complemento del ente empresarial, ambos orientados a sostener la superestructura neoliberal que consolida el statu quo.
El Partido Descentralista Fuerza Social, que aparentemente nace de una conglomeración de movimientos regionales, no es así. Este intento se trata de un plan centralista, si consideramos que la gran parte de sus líderes regionales eran gente allegada a la Defensoría del Pueblo, que fueron destacados a regiones para hacerse de los gobiernos regionales, constituyéndose en el embrión del Estado caviar oculto. Tampoco tiene una génesis política genuina del Perú profundo, causa de su extinción inmediata.
La autora refiere que al carecer de antecedentes en la literatura política sobre casos como el de Perú Libre, existen vacíos para identificar un verdadero derrotero que lleve a una organización política del campo a la ciudad de manera exitosa, sobre todo cuando se trata de un partido de izquierda. Para nosotros, justamente, ese “veto” se convirtió en nuestra fortaleza.
El proyecto se lleva adelante a partir de una estrategia con dos brazos, el político y el social. Primero, abrimos la escuela política del partido, un espacio fundado el 2005, mucho antes de inscribir el movimiento, donde podíamos hablar de lo que “está prohibido” en el «terreno prohibido», de marxismo puro, sin ambigüedades. Las irrefutables conclusiones del materialismo nos dotaron de credibilidad, militantes y simpatizantes comenzaban a “abrir los ojos”. Segundo, abrimos un espacio social, basado en la atención médica gratuita, desde el 2002 hasta el 2010, fecha en que ganamos las elecciones regionales, casi una década cimentando la base propia.
La tesis identifica un caudillismo personal, que es cierto, pero solo fue, como diría Vygotsky: “una condición inicial”. No hay que verlo mal, ni avergonzarse, puesto que para ganar no solo basta un caudillo, sino un pueblo caudillista que lo apoye. Esto se ve reflejado en el triunfo del líder regional como gobernador, pero sin un alcalde provincial electo, pesando más el factor caudillista que partidario.
Considerar a la cátedra universitaria como una red preexistente de apoyo directo tampoco es cierto. A pesar de que la muerte del exvicerrector de la UNCP, Jaime Cerrón Palomino, fue un suceso que impactó en la comunidad huanca, la cátedra en la Facultad de Medicina y la Facultad de Educación, donde el líder, su madre y su hermano ejercían la docencia, estas tuvieron una influencia tangencial. Además, debemos acotar que Perú Libre no solo recibió como herencia el apoyo indirecto de algunos amigos, simpatizantes y alumnos de Jaime Cerrón, sino también hereda a sus enemigos políticos, quienes manejan el diario Correo y la radio 15-50, los medios de mayor influencia en la macrorregión central.
Punto aparte, debemos resaltar al magisterio discípulo de Jaime Cerrón, quien fuera asesinado a sus treinta años de servicio docente, lo que se traduce en décadas de promociones de maestros trabajando en el campo, quienes indudablemente apoyaron al naciente movimiento, motivados por la admiración y la solidaridad tras su muerte. Este es un elemento vital, pues en lugares recónditos, donde el líder regional era un desconocido, ocurría que: “a donde llegábamos, nos decían que eran alumnos de Jaime”.
También se alude una red de compañeros de estudios de las facultades de Ingeniería Eléctrica en la UNCP e Ingeniería Civil en la UPLA, aspecto que tampoco compartimos, puesto que el paso fue efímero de un año y meses, además que los ingenieros son más proclives a la derecha. Más contundente fue la compactación inmediata, durante la campaña y el gobierno regional, de la promoción colegial del líder regional, egresados del Colegio Nacional Santa Isabel, un soporte activo hasta la actualidad.
Cabe mencionar que el partido Perú Libertario es el mismo Perú Libre, solo que adopta esta denominación por una emergencia, debido a que el JNE no acepta una “duplicidad” de nombre con el movimiento. Haber escogido la palabra “Libertario” fue un doble desacierto, confundió al partido socialista con el anarquismo, pudo haber sido otro, pero fue un paso obligado para luego adoptar el nombre final.
Asimismo, el símbolo de Perú Libertario fue suicida, improvisado y una mala copia del Partido del Trabajo de México, tomado en la emergencia electoral. El JNE dijo al inicio que el partido en inscripción podía llevar el símbolo del lápiz, que no existía incompatibilidad con el movimiento, pero llegado el momento se retractó. Por ello, más adelante, tuvimos que recurrir a la fusión por absorción, entre el movimiento y el partido, siendo la primera y única experiencia exitosa en el país.
Es cierto que Huancayo y Chupaca, siempre han sido bastiones de Perú Libre: “en las buenas y en las malas”, demostrado en todos los procesos electorales locales, regionales y nacionales, absolutamente en todos, lo que concluye que el pueblo ha demostrado fidelidad como cuna del partido.
El movimiento aumenta su arraigo en toda la región, para las elecciones venideras del 2018, debido a sus obras tangibles como hospitales, puentes, carreteras y programas sociales, siendo una prueba irrefutable la reelección del líder con un porcentaje mayor al que fue electo el 2010, a pesar de que en la provincia de Jauja solo obtiene el 2 %, causado por el problema aeroportuario, lo que puso en evidencia lo fuera del foco político en que se situaba esta provincia.
Considero un acierto que, en las elecciones generales del 2021, se sumaron los gremios magisteriales y ronderiles, pero esta fue más por la causa gremial que la partidaria, por ello su desarticulación también fue rápida tras la caída de Castillo. El magisterio llega al partido con sus propias mañas y taras, querer ser todos líderes, asaltar las dirigencias, aplicar el asambleísmo para legitimarse, intentar un “golpe de Estado” a la dirigencia, creerse los lúcidos revolucionarios, etc., pero chocan con el núcleo duro del partido, no logrando sus pretensiones.
En cuanto a las entrevistas, se toman escasamente cuatro referencias. Noel Jaimes Tarazona, estudiante, exsecretario de juventudes del partido en los primeros momentos de incursión a la capital, es decir, en los tiempos de improvisación. Su trabajo fue tan malo que no tuvimos contacto con las federaciones estudiantiles secundarias ni universitarias. Gregorio Cerrón, dirigente magisterial, con quien nunca se mantuvo un contacto directo, ni cercano, allegado al Fenatep, quien expresa el pragmatismo gremial: utilizar al partido, sin comprometerse con sus ideales ni su militancia. Zaira Arias, comerciante, renuncia al partido al no ser electa candidata a la primera regiduría de Lima. Yuri Castro, profesor, secretario general de Lima, sería, en realidad, la única voz autorizada en la investigación.
Lo que causó un impacto importante que sobresaltó a la derecha fue el encuentro “Voces del Cambio” en enero del 2019 en Huancayo, luego en junio del 2019 en Cusco, a partir del cual se comienza a planificar una persecución a Perú Libre, principal promotor de esta unificación nacional de la izquierda, lo que llevó a la destitución de la gobernación al líder del partido, tras una sentencia arbitraria, con la consiguiente frustración del encuentro planificado para el mes septiembre del 2019 en Chiclayo. Aunque debemos agregar dos componentes más que precipitaron estos sucesos: la inscripción de Perú Libre como partido nacional y el viaje de su líder a Venezuela.
A partir de esta persecución, se comenzó a percibir la contradicción entre la izquierda caviar y la popular. La moralista izquierda caviar cuestiona a la izquierda popular, aprovechando el lawfare, sumándose al ataque de la derecha con la intensión de “despejar la cancha”, con lo que intenta frustrar la consolidación del partido a nivel nacional. Ante esta situación, Perú Libre declara que la principal amenaza a la izquierda popular es la infiltración del imperialismo y la burguesía financiera a través de una “oposición” creada por ellos mismos, ese reformismo mediocre, socialismo domesticado y democracia farisea, del que hablaba Mariátegui.
El partido premia la consecuencia y la lealtad, asimismo castiga lo contrario. Los camaradas que en la primera gestión regional desempeñaron bien sus cargos, han sido ascendidos en la organización y continuaron en los cargos de confianza para la segunda gestión, con lo que el partido demuestra una reciprocidad con su militancia, además de esa forma mantiene el espíritu combativo para el que fue creado. Lo mismo se mantuvo en el breve gobierno del Ejecutivo y el Legislativo.
El partido no cobra las candidaturas, por ser una columna de la moral socialista, pero en un mundo neoliberal esto es inverosímil, que los disidentes y tránsfugas creen que, por no cobrárseles, ellos han sido convocados por sus cualidades propias e inclusive que le han hecho un favor al partido. Si les hubiera costado la candidatura, quizá pensarían mejor al abandonar el partido que “les ha costado”. Sin embargo, esta cualidad es religiosa, se mantiene en el partido, lo que a la larga le ha dado fuerza moral para exigir a sus autoridades consecuencia con los valores y principios ideológicos.
Los liderazgos son impulsados en el partido cuando se identifican militantes con vocación de convertirse en cuadros políticos. El objetivo es que Perú Libre no tenga un solo referente que, hasta hace poco, era solo el líder fundador. Contrariamente, hemos visto que, cuadros impulsados por el partido, luego de tomar cuerpo y ganados por el individualismo optan por la disidencia, con fines de formar su propio partido, para luego terminar en el ostracismo, hasta ver su realidad: “eran frutos del partido y sin él no son nada”.
Como dice la tesista, creo que el aporte y legado cultural, aunque también creemos político, de Perú Libre a nuestra sociedad es haber rescatado la autoestima del provinciano en la capital, habiendo demostrado que tenemos la fuerza necesaria para llegar por lo menos al gobierno, confirmando que los cholos sí podemos entrar a Palacio, aunque, por ahora, todavía no al poder.
Un factor preexistente que la tesista no le toma la importancia vital es la pandemia del Covid-19. Para nosotros esta fue como el terremoto de Managua para el FSLN. La naturaleza, a pesar de sus males, se puso de nuestro lado, evidenciando que, mientras el pueblo se moría en cada esquina, los ricos tenían el privilegio de ir a vacunarse a EE. UU. o hacerlo a escondidas, como el caso de Hernando de Soto o el presidente de la república y su séquito ministerial, respectivamente.
Las escuelas y academias cerraron y frente a esta circunstancia, el partido creó la Academia Preuniversitaria Perú Libre, que tuvo una acogida masiva por las redes sociales. Todos los militantes profesionales debían dictar sus clases y así lo hicieron. Este fue un factor que cimentó nuestro prestigio en vista a las elecciones generales del 2021.
El pragmatismo del partido también ha sido puesto en cuestión, no lo negamos y lo seguiremos aplicando de ser necesario. La candidatura del derechista Ricardo Belmont el año 2016, nos permitió ingresar al mercado político limeño, algo que estaba vetado para un partido de izquierda y peor de origen provinciano. Esto permitió que el partido “meta la nariz en la Lima” y se haga conocido, poco a poco, paso a paso.
La elección de candidatos el partido lo realiza mediante delegados, democracia indirecta, método congruente al principio leninista: el centralismo democrático. No somos partícipes del asambleísmo, ni de la democracia directa, que nos ha pasado factura muchas veces, improvisando candidatos, quienes creyendo tener un apoyo “sobrenatural” de las bases condicionan sus prerrogativas, además de desconocer el liderazgo, la dirección, la jerarquía y la disciplina del partido.
Los métodos de campaña están en utilizar todos los medios al alcance, desde los más tradicionales hasta los más modernos, desde las tácticas legales hasta las alegales, desde el “boca a boca” hasta la televisión nacional. Cualquier método por más arcaico que sea funciona, desde el humilde “mosquito” hasta la red social más potente. No se escatima absolutamente nada.
La tesis en cuestión adolece de una investigación acerca de la persecución judicial del que sigue siendo víctima el partido por parte de los órganos de justicia, los servicios de inteligencia estatal y los medios de comunicación nacional, elementos que en conjunto constituyen el uso de instrumentos bélicos no convencionales en la guerra jurídica o lawfare, digitados desde el poder empresarial y financiero del país. Esta circunstancia, en alguna ocasión, se convirtió en un boomerang a favor nuestro, pero también ha dejado secuelas de encarcelamientos a los dirigentes nacionales.
Una falencia de la tesis es no haber resaltado que el financiamiento de la campaña lo hizo el propio pueblo, con sus aportes directos a sus comandos de campaña, partidarios o ajenos, desde el volante hasta la gigantografía más modesta, la gente de a pie se cargó la mochila, fue un suceso sui géneris. La “base central” del partido, contrariamente a lo que afirma la investigación, jamás envió financiamiento a las provincias, ni siquiera del fondo público, los mismos que se centraron al pago de los medios nacionales en Lima, siendo un despropósito total esta conclusión.
Si bien es cierto que las organizaciones sociales obtuvieron una plataforma para reclamar al Estado y a la vez postular a un cargo, mediante un partido inscrito ante el JNE, esto se dio a cambio del apoyo de sus bases al partido, como bien la tesista llama un “trade off”, pero sin extenderse a que Perú Libre obtuviera recursos económicos a cambio, su moral socialista siempre se impuso como rasgo distintivo.
La relativa fácil fidelización de las nuevas bases, a través de las escuelas políticas, evidencia que estamos frente a un pueblo dispuesto a escuchar el mensaje y las propuestas de la izquierda. Es más difícil llegar a un pueblo e identificarse como partido de derecha y exponer un plan empresario o banquero para el pueblo, por ello, esos partidos ocultan su identidad genética, es más, utilizan el programa de la izquierda para ganar.
Una limitación más de la investigación que no se contempla respecto al triunfo de Perú Libre es el apoyo extranjero, que todo partido nacional serio no deja de tenerlo. No hablo de apoyo económico, como se da en otras tiendas, es más, frente al ofrecimiento de algunos camaradas extranjeros, nuestra postura fue agradecer y prescindir del recurso. El no aceptar recursos económicos, a largo plazo, consolidó nuestra amistad con esos partidos y gobiernos, quienes se convencieron de que aquí hay un partido socialista y no mercantilista.
Existen otras tesis de otras universidades que han abordado el fenómeno de Perú Libre, pero desde otro problema, hipótesis y objetivos, por lo que consideramos que, a pesar de nuestras observaciones, este trabajo aporta mucho a lo que ellos mismos han identificado como un hecho excepcional, hasta ahora, en la política peruana.
