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Transfuguismo: alienación política y secuestro del mandato popular

Transfuguismo: alienación política y secuestro del mandato popular

Por: Adrián Santos

Hace unos días, la bancada Bloque Magisterial creado por Pedro Castillo ha colapsado. Sus miembros, profesores arribistas, fariseos y pseudopolíticos, se han dispersado hacia partidos de derecha o con fachada de izquierda como Somos Perú, Podemos y Juntos Por el Perú.

En el Perú, el transfuguismo político es una práctica común de ciertos personajes sin principios ni identidad que, una vez electos, traicionan al partido que los llevó al poder y se olvidan del programa político que en campaña ofrecieron y juraron cumplir. Revela la falta de ética y la escasa formación política e ideológica, incluso filosófica.

Esta práctica es una forma de corrupción y deslealtad al partido y a los ciudadanos que expresaron su confianza en las urnas. Para el tránsfuga, lo que prima es el interés individual sobre lo colectivo; valora más su curul y su efímero poder que el mandato popular; su bienestar económico y privilegios está por encima de la lealtad al partido.

El tránsfuga siempre busca el acomodo, es un oportunista que se prostituye ofreciéndose a otros partidos, supuestamente con mejor viabilidad electoral, sin importarle el programa político e ideológico. Hace de la política una mercancía.

El transfuguismo es “alienación política”. El tránsfuga no solo traiciona al partido y a los votantes, sino que secuestra el mandato popular, cree que el voto le pertenece y se adueña de una representación que pertenece al partido y no al individuo. Por lo tanto, se arroga el derecho de migrar a cualquier otra agrupación política sin rendirle cuentas a nadie.

El tránsfuga, al pasar de un partido revolucionario a otro reaccionario, se convierte en un colaboracionista de la burguesía, en un traidor por abandonar la lucha revolucionaria y engrosar las filas de la burguesía o de la falsa izquierda. El mandato popular, los principios ideológicos y la lealtad al partido que lo sacó del anonimato y la indigencia es letra muerta.

Aunque Karl Marx no abordó directamente el transfuguismo, en “La Guerra Civil en Francia” hace una crítica a los políticos que no militan las causas del proletariado, que operan como «meros comités que defienden los intereses de la burguesía».

Lenin y Mariátegui, desde trincheras distintas, coinciden en señalar que la política sin principios es “mercantilización de la esperanza colectiva”. El mandato del pueblo: luchar por una nueva constitución, la revisión de los contratos ley, nacionalizar los recursos naturales, industrializar el país, luchar contra el sistema neoliberal, se debe asumir con compromiso ferviente. Abandonar esta lucha es traicionar al pueblo.

Como decía Mariátegui: «La política es religión cuando tiene mitos ardientes”. Sin ellos, solo queda el cálculo frío del tránsfuga.

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