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La gran tarea del Partido

La gran tarea del Partido

Vladimir Cerrón

Hace 20 años que en la sierra andina se forja el porvenir del Perú. Nuestro partido Perú Libre generó un quiebre, donde la república criolla agoniza, para dar pase a la nueva república mestiza. Este fenómeno es irreversible y, ante la advertencia, la oligarquía recurrió a promover «cholos serviles», quienes no solo pondrían la cara andina, sino que también mantendrían la estructura del Estado oligárquico.

Llegado Perú Libre al gobierno, el año 2021, la mezcla de miedo, incompetencia, traición e ingenuidad del entonces presidente, sumado al golpe de Estado, le dio una ventaja transitoria a la oligarquía, evitando los cambios que ameritaba el país, pero, a la vez, quedando herida, sin reponerse totalmente, hasta el día de hoy.

En esta breve experiencia, el pueblo saboreó cómo era derrotar a sus enemigos de clase en su propia cancha, con sus propios métodos electorales, contra toda su propaganda y, sobre todo, sin violencia. Muy a pesar de su brutal ataque mediático, el pueblo aprendió a votar, elevando su consciencia de clase y su autoestima, al ver su voluntad reflejada con la ocupación de Palacio.

Esto no hubiera sido posible sin la acertada conducción del partido. Hubo una conjunción de simbologías, que se diseñaron paso a paso, desde su propio nombre [Perú Libre], su lema [No más pobres en un país rico], su emblema [el lápiz], sus colores [rojo, amarillo, negro], su candidato [profesor rural] y su programa [economía popular con mercados]. A esto se suma la táctica de pasto seco [condiciones objetivas], chispa [partido] y viento [pandemia].

A quienes quieren restar méritos al partido y repiten el slogan de la derecha: “ganó Castillo y no Perú Libre”, les recuerdo que si Castillo postulaba con otro partido nunca habría ganado. La prueba palpable está cuando postuló a la alcaldía de Anguía en Chota, en las elecciones del año 2002, con el partido Perú Posible, sin encontrar ni su voto. Esto no le resta importancia a su participación en la campaña del 2021, pero como parte de un todo.

Empero, como la historia se escribe con torpezas, la derecha le propinó un golpe de Estado al gobierno electo, haciéndole creer al inquilino que él sería el golpista, plan perfecto para excusar la “defensa de la democracia” y desalojarlo de Palacio hasta ponerlo en prisión. El gobierno, que comenzaba a confrontar malestares sociales en su contra, por incumplir sus promesas electorales, se hizo acreedor del beneficio de la victimización, recobrando con ello un espacio pendiente de cobrar cuentas con los golpistas.

El partido recuerda que no solo los golpistas deterioraron al gobierno popular electo en el Ejecutivo, dejando al pueblo sin su representante electo, sino que también los tránsfugas dieron otro “golpe de Estado” a nuestra bancada en el Legislativo, pasando a ser representantes de la derecha o de la izquierda caviar, mimetizándose bajo el nombre de bancada “socialista” y sucumbiendo a las “mieles del poder”, actitudes que no tienen nada de diferente de un golpe derechista.

Está de más sustentar que el pueblo peruano ajusta sus cuentas en las ánforas y no en golpes de masa o lucha armada. Esta es la razón del porqué el pueblo votará, el año 2026, con la sangre en el ojo, respirando por la herida, con sus muertos en la mente, pero también con mejor consciencia de clase. En estas circunstancias, muy a pesar de mis detractores, no identificarán a otro partido más, que no sea Perú Libre, empatando los cabos sueltos tras el golpe, quien lleve a término las promesas de campaña truncas, como autor del plan de gobierno popular.

No verán ni de reojo a la izquierda caviar, por más que lo promocionen sus medios y encuestas, esa que engaña al pueblo con la revolución, pero coimea con Odebrecht, Graña y Montero, OAS, Backus y Johnston, e Interbank; tampoco verán a los que pregonan un fascismo andino, dado por nacionalismo, militarismo, racismo y fusilamientos arbitrarios.

Esta es tarea del partido para la cual hay que prepararse y organizarse, aunque me temo la posibilidad de que los propios dirigentes intermedios aún no se han percatado de la gran misión histórica que tienen, a diferencia de la derecha oligárquica que nos vigila hasta la sombra.

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