SOBRE MI PRESENCIA INOPORTUNA EN HUANCAYO
Vladimir Cerrón
He oído sorprendido a un candidato aseverar que mi presencia fue inoportuna en Huancayo, una semana antes de las elecciones, porque lo habría perjudicado electoralmente, cuando pude haber llegado después de los comicios. Me recuerda a la revista Caretas en su sección “La concha de la semana”, pues es ridículo que ahora me quieran prohibir ejercer mis derechos políticos.
Afirmar que mi presencia modificó los resultados electorales, pese a no participar, es reconocernos como una fuerza política vigente, lo que sugiere que cualquier actuación del partido puede inclinar la balanza entre ambos candidatos que disputarán el balotaje. Claro que Perú Libre está vigente y sigue siendo un referente histórico en la región; sus obras no han podido ser superadas, su valla está intacta, en el campo material y social. Muchos alcaldes electos hoy fueron militantes del partido, se forjaron en sus canteras.
Es más, el candidato regional de la P es un producto del proceso de desarrollo del partido, usufructúa los éxitos en beneficio propio y de su nueva tienda; un grueso de su “militancia” es experulibrista, arrastrados por el chantaje del trabajo y, por ende, del pan de su hogar. Por tanto, lo que debe haber es un agradecimiento eterno al partido y no sumarse al coro de cacatúas mencionando que esta resta. El hecho de que Perú Libre no participe en Junín ya es un aporte sin igual que deben premiar, porque de haberse dado la postulación, el candidato de la A estaría en primer lugar, aun sin pasar la valla.
Perú Libre sigue siendo el alma. Somos un partido de cuadros, por ello no podemos votar por la P o la A, está claro. No coadyuvamos candidaturas nacionales con victorias regionales. Alguna militancia y simpatizantes podrán hacerlo, razón por la cual no creemos en los partidos de masa. Exigirnos transfugar es una estupidez; solo los que tienen esa cualidad podrían hacerlo.
Cuando se rehúye a la autocrítica marxista, existe el peligro de encubrir la propia incapacidad. No es del gusto hacerlo, pero tampoco debe tomarse como una humillación personal ante el colectivo; es necesario el ejercicio para tomar conciencia del error táctico político y evitar que mute a yerro ideológico perpetuo.
En la historia regional, solo Perú Libre ganó en primera vuelta en dos ocasiones. Cuando postuló Manuel Duarte el 2002 y Vladimiro Huaroc el 2006, no había balotaje; Vladimir Cerrón ganó en primera vuelta el 2010 y el 2018. Modestamente, esta valla tampoco fue superada. Zósimo Cárdenas ganó el 2022 por walkover, por renuncia del candidato de Perú Libre; no puede considerarse un triunfo en primera.
Esta última renuncia a la que me refiero fue un grave error, porque no es lo mismo participar y quedar en segundo lugar, un lugar expectante, dejando la herida abierta hasta la próxima contienda; factor decisivo que hace que el pueblo cobre una revancha, dándote el triunfo más adelante. Pero, retirarse y, peor aún, cambiarse de camiseta, han sido los errores de ripley. En ninguna medida ha sido mi “presencia inoportuna”; afirmar lo contrario es ser metafísico, subjetivo y conservador.
Actualmente, Satipo se ha convertido para la P en el Jauja que era para Perú Libre, pero con una diferencia: que nosotros enfrentamos con la razón histórica a la provincia disidente. Así, en las elecciones del 2018, a causa del tema aeroportuario, mi candidatura no obtuvo ni mil votos en esa provincia, pero concentramos la energía, como un vórtice, en las demás, ganando en primera vuelta con 37 %, un mayor porcentaje que en el 2010 con 33 %, lo que hizo que Jauja sintiera el golpe político por su mezquindad, quedando aislada.
Respecto al hospital de Satipo, nada se saca lavándose las manos; se gana enfrentando el problema de manera técnica y política, como el tema aeroportuario en Jauja. No haber asistido al debate en Satipo fue un craso error; es más, podría decir, parafraseando al mismo candidato: “Su ausencia en Satipo sí fue inoportuna”. Era sencillo hacerle reflexionar al pueblo, explicando la coyuntura que impidió realizar la construcción, el expediente desfasado, la imposibilidad de construir en el lugar previsto, la sentencia ilegal contra el titular, la pandemia que postró al sucesor, la incapacidad del sucesor Zósimo, pero sobre todo la norma técnica que se pretendía violentar.
Construir el hospital frente a un cementerio, al costado de un colegio, en la ribera del río y a menos de 100 m. de un grifo, es un crimen, más que una necedad. El cambio de ubicación responde a la Norma Técnica de Salud N.° 110 – MINSA/DGIEM V.01, aprobada por Resolución Ministerial N.° 660-2014/MINSA, del 1 de septiembre de 2014, que aleja a estas infraestructuras de salud de los focos insalubres, obviada en el proyecto primigenio, razón por la cual el último gobernador no pudo, ni podrá, volver al lugar primigenio.
Ahora bien, debemos preguntarnos: ¿qué otro factor hizo posible que una candidatura trabajada cuatro años a tiempo completo no pasara la valla electoral, por un mínimo 0,9 %? La misma era fácil de pasar si el candidato se hubiera mantenido en su partido primigenio, no hubiera generado disidencia del voto duro perulibrista, sonaba más genuino que ser una franquicia y, peor ahora, de una orilla ideológica opuesta al partido. Ahí está la diferencia, es lo mismo que le pasó a JP en la nacional; subestimaron a los perulibristas.
Ahora, qué le espera a Junín, cómo se comportarán sus alcaldes en el balotaje, son buenas interrogantes. A riesgo de ganarme críticas en el partido, creo que el candidato experulibrista, ahora de la P, es el mejor, porque, así no sea de nuestro agrado por sus deslices emocionales, tiene experiencia y vuelo en el manejo público, puede garantizar mejor gestión. Por el contrario, el candidato de la A es un enigma, pero con grandes posibilidades de postergar a una región, como ocurrió con los que sucedieron a los perulibristas.
Los alcaldes, en su mayoría, son oportunistas, son producto del arrastre, desideologizados, pero con gran dosis de sobreestima o autosuficiencia. En Perú Libre ocurrió eso sin excepciones, incluido el de Huancayo, El Tambo, Chilca, Chupaca, Concepción, Junín y Yauli, quienes ahora apoyan a la A. Actualmente, el alcalde electo de Huancayo está pensando cómo negociar con la A de no ganar la P, para allanar el sueño húmedo de una futura postulación regional.
No todos apoyarán a su candidato regional en la segunda vuelta porque consiguieron su objetivo: utilizar al candidato regional como medio, no como fin. Esto ocurre cuando no hay convicción, cualidad que nace de la lectura, la conciencia y la experiencia. Otros están pensando en renunciar pronto, ellos anhelan el puesto del candidato regional, el hombre es jerárquico y territorial, están en su derecho reptiliano. Lenin enseña que, si no hay partido, la alianza simplemente es un acuerdo hasta un punto; luego los aliados entran en pugna para ver quién toma la hegemonía política; esto es el camino indiscutible.
Por consiguiente, la traición no debe sentirse de los aliados, ni de los que integran un frente coyuntural, porque ese es su camino natural. La traición se siente cuando se trata de miembros del propio partido, a quienes se les dio la confianza en altos cargos, como presidente, congresista, gobernador o alcalde, que luego defraudaron pasándose a la orilla contraria. El golpe interno lesiona más que el externo y puede destruir si el partido y su líder son frágiles.
Finalmente, el político es un soldado, a quien el pueblo delega sus aspiraciones más encomiables que cualquier ciudadano no podría llevar a término; sabe que puede morir en la contienda, pero debe estar preparado para sortear los acechos. Lo mismo ocurre en la política: líder no es cualquiera, pagar a la prensa no basta, ser muñeco de torta tampoco; “político no es cualquiera”, es el que encarna la idea, el que hace realidad lo que hasta ahora el pueblo presume fantástico o inalcanzable, por eso lo eligen. El líder no está para dar explicaciones de su fracaso, está para conducir al pueblo a ese momento mágico donde lo que parecía imposible, simplemente es factible con solo la fuerza de la decisión.




El terreno político en Junín se allana para el regreso del socialismo impulsado por Perú Libre, una corriente cuyo impacto social y obra material permanecen insuperables hasta la fecha.