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Quién es Bertha Rojas López

Quién es Bertha Rojas López

Vladimir Cerrón

Hace algunas semanas se habla de Bertha Rojas López en el ámbito nacional, a partir de haberse anunciado su participación en la fórmula presidencial de Perú Libre para las elecciones generales del 2026. Para cualquier desinformado su elección y designación se debe exclusivamente por lazos familiares con el candidato presidencial, desmereciendo sus méritos propios. Aquí un pequeño resumen extraído de los fragmentos del libro: Perú Libre del Campo a la Ciudad.

Mi madre, nació en el seno de una familia campesina, en el distrito de Áhuac, provincia de Chupaca, el 8 de abril de 1948, se crió y estudió en su tierra natal, hasta que contrajo matrimonio con mi padre y migró a Huancayo, sin terminar sus estudios secundarios, los que fueron concluidos en la nocturna del Colegio Nuestra Señora del Rosario. Posteriormente ingresó a la UNCP para estudiar Educación en la Especialidad de Lengua y Literatura.

Inicialmente mi padre se opuso a que continuara con sus estudios secundarios, interrumpidos con el matrimonio, pero fue su rebeldía la que hizo posible que mi padre cediera. Similar pugna fue para postular e ingresar a la universidad.

El cambio de hábitat del campo a la ciudad, sumado a las carencias de salubridad en el barrio que nos instalamos y las nuevas necesidades económicas, hizo que mi madre enfermara de tuberculosis y, ante las repetidas crisis de hemoptisis, llegara a estar ingresada en el hospital de Jauja, sometiéndose a tratamientos dolorosos, sin esperar mayores resultados que la respuesta de la propia inmunidad. Mi padre también se enfermó y ambos enfrentaron la patología en la casa hasta curarse espontáneamente. Los tres hijos, nacimos después, nos salvamos del mal.

Mi madre solía llevarme a las reuniones del barrio de Cajas Chico, un pueblo joven donde todos los asentados éramos inmigrantes, no era una invasión, pero carecíamos de agua, electricidad e instalaciones sanitarias. Mi madre tenía que ir con una carretilla cinco cuadras hasta el cementerio general donde había una pileta pública, llenar un cilindro de agua y regresar a casa con el peso que eso significaba para garantizar nuestro abastecimiento.

Ante esta realidad los vecinos conformaron su comité pro agua potable, que mi madre presidió. Tras múltiples esfuerzos ante la Municipalidad Provincial de Huancayo, logramos que se extienda una red de tubos de plástico por todo el barrio, haciéndose realidad lo que se había previsto como objetivo. Fue una alegría total en el vecindario.

Para la electrificación y el alcantarillado, la estrategia fue la misma con el valor agregado que los vecinos confiaban más en ella, el resto fue organización, perseverancia en las gestiones, lucha contra las adversidades y persuasión a las autoridades hasta lograr los objetivos. La llegada de la luz al barrio fue otro acontecimiento, tiramos al almacén nuestra lámpara Coleman, la vendimos a un comprador de fierro viejo que pasaba con su triciclo y nunca más compramos paquetes de vela.

En la década del ochenta adquirimos el primer automóvil de la familia, un Toyota de segunda mano, sedán del 1968, color celeste y techo blanco. Esta magia no hubiera sido realidad si mi madre no tomaba la iniciativa, este auto nos salvó la vida muchas veces en varios incidentes distintos, socorriéndonos de amenazas y peligros, también auxiliándonos económicamente, sin ella no hubiéramos tenido casa ni carro. Mi madre era la única que manejaba el carro, mi padre lo intentó, pero desistió.

Mi madre conformó el primer Frente de Defensa de los Intereses de Cajas Chico, que logró registrarse y adherirse a la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP). Mi padre alcanzó a aconsejarla que tenga cuidado porque todo frente de defensa se constituía contra el gobierno. El frente no duró mucho debido a la represión gubernamental en tiempos de terrorismo y pronto se desactivó.

Mi padre era temeroso para emprender estas cosas, no le gustaba correr riesgos, tenía el temor que alguna reorganización en la universidad pudiera dejarlo fuera de la docencia, por la naturaleza política que tenían las mismas. No estaba lejos de la lógica, puesto que en su época estudiantil había participado como dirigente en múltiples reorganizaciones de la UNCP, siendo testigo presencial al percibir la facilidad con que podía ejecutarse esta medida, sumado al desamparo en que quedaban los trabajadores.

A comienzos de la década del 80 falleció mi abuela paterna Amalia Palomino Balbín. Mi padre golpeado por la pérdida de su madre, deprimido e inmunodeprimido, enfermó gravemente con tifoidea, llegando a presentar hemorragias por una perforación gástrica. Estuvo ingresado en el Hospital Daniel Alcides Carrión de Huancayo por varias semanas. Sus enemigos políticos en la universidad aprovecharon para despedirlo de la docencia. Sus presagios se cumplían.

Mi madre había egresado de la universidad, donde concluyó sus estudios de Lengua y Literatura y enseñaba en la comunidad de Viques, al sur de Huancayo. En estas circunstancias estaba obligada a “parar la olla”, tarea nada fácil con tres hijos estudiando y el esposo grave en el nosocomio. Entonces, mi madre tomó el volante del Toyota para hacer servicio de taxi de Huancayo a Sicaya y viceversa, yo era el copiloto a mis diez años de edad. Hicimos varios viajes por muchos días, hasta que mi padre salió de alta.

Se había convertido en Huancayo no solo en la primera mujer que conducía y tenía licencia, sino que, además, prestaba un servicio público en una tierra culturalmente machista hasta ahora. Así logramos tramontar la crisis económica y sanitaria que se presentó en la familia. Nada sencillo, pero posible.

Tras el asesinato de mi padre, el 8 de junio de 1990, mi madre asumió el papel rector en la familia, pero ahora en circunstancias más duras, riesgosas y políticamente adversas. Desde el momento que fui con ella al diario Correo de Huancayo, el 17 de junio de 1990, acudiendo a un llamado para identificar en unas fotografías la posibilidad de que uno de los cadáveres perteneciera a mi padre, vi a mi madre fuerte como una roca protectora, aparentemente insensible, quien me llamó la atención en esas oficinas cuando comencé a derramar lágrimas al reconocer a mi padre muerto.

Embargados por un sentimiento de tristeza, impotencia y venganza, salimos de las oficinas del diario. Ella se puso firme al volante del carro para retornar a casa y darles la mala noticia a mis hermanos, además de prohibirnos llorar en el velorio, las exequias y el entierro, porque no quería que los enemigos gozaran con nuestro dolor. En realidad, estaba preparada por mi padre para afrontar con entereza esta situación si llegara a suceder, como él lo presagiaba, dejándole además el encargo que debiera ser enterrado sin discursos, ni alocuciones políticas, para no permitir falsos embanderamientos.

El diario Correo en su edición del 19 de junio publicó en primera plana: “Primicia de Correo dio la vuelta al mundo” y en caracteres más visibles: “Vicerrector murió acribillado”. Apareció con nueve impactos de bala, dos en la cabeza como remate del crimen. Los pies estaban cercenados.

El temple de mi madre no fue ajeno a la crónica periodística: “Con profundo dolor, pero serena y fuerte, Bertha Rojas López, esposa de quien en vida fuera el vicerrector de la UNCP, observa el cadáver de Jaime Cerrón Palomino, que se encuentra totalmente desfigurado y con múltiples impactos de bala en el cuerpo hallado en Sincos (Jauja). Fue en el acto del levantamiento del occiso”. [*]

Participó de manera valiente en el reconocimiento, levantamiento y necropsia del cadáver de su extinto esposo, como muy pocas mujeres lo habrían hecho: la compañera de un revolucionario. Los restos fueron velados en el Palacio Municipal y el 20 de junio se enterró en medio de un mar humano. Por haber sostenido que el responsable de este crimen era el gobierno aprista, mi madre comenzó a ser objetivo de amenazas, siendo que el diario Correo puso como noticia destacada: “Amenazan a viuda de vicerrector”, con un subtítulo que señalaba: “Para acallar el esclarecimiento del crimen”.

Inhumado mi padre, la vida comenzó a cambiar drásticamente para nuestro núcleo familiar, fuimos víctimas de persecución sistemática por los servicios de inteligencia de la policía y del Ejército, extendiéndose hasta mis abuelos, quienes sufrieron agresiones en sus pueblos, motivo por el que decidimos salir. Nuevamente al volante de nuestro Toyota, mi madre, mi hermano Waldemar y yo, emprendimos súbitamente el viaje rumbo a Lima, ante la sospecha de un acto represivo. Ella condujo tres horas sin parar hasta llegar a La Oroya por la noche, estacionamos a orillas de la carretera, descansamos y nos quedamos dormidos.

A los pocos días de estar en Lima nos enteramos que miembros del ejército nos buscaron en la casa y al no ubicarnos fueron a casa de mis abuelos, paterno y materno, a quienes ataron de manos y amenazaron de muerte. Al llegar a Lima, nos dirigimos a un convento donde nos esperaba la hermana Magda Canchanya Ruiz, amiga de mi madre desde el colegio, perteneciente a la congregación El Buen Pastor. Ahí permanecimos una semana. Luego nos trasladamos a El Agustino a casa de una tía, Catalina Guerra, quien nos dio refugio y trabajo en su mediana empresa de confecciones.

Mi madre no se adaptó del todo y a los dos meses decidimos regresar a Huancayo enfrentando cualquier circunstancia adversa. Se reintegró a su trabajo de maestra, Waldemar regresó a la universidad y pronto yo marcharía a Cuba. Al morir mi padre, la familia heredó sus enemigos, no solo en el campo político, sino también en el académico. Ellos trataban de impedir que mi madre sea docente universitaria, pero logró sobreponerse una vez más.

Luego decidió estudiar los posgrados en el país y en el extranjero hasta lograr el grado académico más alto. Este último acto fue una sutil llamada de atención a nosotros sus hijos, pues si ella a su edad se fue dos años a la Universidad Mayor de San Simón en Bolivia a seguir estudiando, cómo era posible que nosotros nos quedáramos sin los grados, así que teníamos un solo camino: el trazado por ella.

Mi madre enfrentó dos experiencias de persecución política, primero tras el asesinato de mi padre en el año 1990 y posteriormente tras la persecución a Perú Libre en el año 2021, donde fue incluida en el proceso de investigación. El Estado nos fue imputando diversos delitos a todos los miembros del Partido que luego fueron comprometiendo a mi familia, principalmente a mi madre, siendo víctima del congelamiento, incautación y embargo de sus cuentas personales y de viudez, y allanamientos a su domicilio.

Ella decidió enfrentar y resistir valientemente, había que afrontar a nuestros enemigos en nuevas condiciones, sin mostrar ni un ápice de debilidad. Como parte de esta resistencia, terminó de escribir sus Ecofábulas, género literario que aparte de invitar a reflexiones sobre el cuidado medioambiental, presentan un sugestivo componente político, en la obra El Halcón y el Gorrión, narra el abuso del primero sobre el segundo, reflejando el atropello permanente de la oligarquía contra el pueblo, fábula donde el gorrión, a pesar de las circunstancias desventajosas, usando su inteligencia, audacia e ingenio, logra escapar de las garras del halcón; concluyendo que nosotros a pesar de ser gorriones, nunca debemos desmayar en la batalla.

[*] Mi madre reconoce el cuerpo de mi padre. Escena que mejor retrata su temple, para comprender quién es y de qué material está hecha, compañera leal a toda prueba, un liderazgo indiscutible [Junio, 1990].
Bertha Rojas López delante del féretro de su extinto esposo Jaime Cerrón Palomino [Junio, 1990].
Bertha Rojas López, flanqueado por su hijos Waldemar y Vladimir, delante del féretro de su esposo Jaime Cerrón Palomino [Junio, 1990].
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Educación política socialista de la nueva izquierda popular

Educación política socialista de la nueva izquierda popular

Vladimir Cerrón

Perú Libre incursiona en un espacio nuevo e importante de su vida política, a una modalidad sustantiva en la preparación ideológica de sus cuadros militantes, al ser anfitrión del I Foro Internacional de Educación Política Socialista de la Nueva Izquierda Popular “Jaime Cerrón Palomino”, cuya sede es nuestra capital Lima, los días 21 y 22 de junio de 2025, acción política que permitirá romper los esquemas de nuestra, casi siempre, alienada percepción nacional.

Lo trascendente de este evento es que constituye la primera actividad orgánica política partidaria de carácter internacional de Perú Libre, liderada por la Secretaría de Asuntos Interculturales Nacional. Ahora bien, si lo trascendente es diferente a lo importante, veamos las razones de esta última cualidad.

Nuestro país es una nación políticamente dominada, económicamente explotada y culturalmente alienada, es decir, cumple con todos los parámetros de la moderna sociedad neocolonial y neoliberal. Para contrarrestar este fenómeno es necesario conocer cómo se desenvuelve el mundo, condición sin la cual estaríamos en una situación de desventaja colosal. Así, este foro tiene la tarea de compartir algunas experiencias socialistas, narradas por los propios protagonistas de la política continental.

La liberación de los pueblos de su condición de esclavitud, luchando contra las cadenas del imperialismo, implica ser conscientes de su condición real, fuera de percepciones fantásticas, alienadas y falsificadas, que les crea un falso estatus de ciudadano que, en la práctica, no existe.

Demostrado que el único antídoto contra el capitalismo es el socialismo, es necesario que el país sepa realmente de qué se trata este calumniado concepto, explicar al pueblo cuáles son las ventajas sobre el modo de producción capitalista, para lograr persuadirlos racionalmente a unificarse en la lucha prolongada liderada por el partido.

Los ponentes internacionales expondrán sus experiencias en lucha por el socialismo, cuáles fueron las conquistas obtenidas y si las mismas perduran en el tiempo o fueron arrasadas por los antagonistas de clase. Esta actividad también permitirá demostrar que muchos de nuestros fenómenos, que consideramos nacionales, como la socialdemocracia o “izquierda caviar”, en realidad, responden a planes mundiales del imperialismo.

En un país culturalmente alienado, donde el conflicto de identidad hace posible que muchas de nuestras últimas generaciones, a pesar de su real condición de clase, terminen defendiendo la política dominante, es necesario llevarlo a debate por los líderes del pueblo latinoamericano. En esta línea de ideas, será importante dilucidar si practicar el internacionalismo, proletario o pluriclasista, aún es táctica vigente para nuestras luchas de liberación continental y cuáles han sido sus resultados.

Nuestra sociedad explotada económicamente, debe percibir mejor en este evento, que el neoliberalismo, como fase capitalista, solo se jacta de exhibir “logros” de carácter económico financiero para las élites, pero ninguno en los campos de la educación, la salud, la alimentación, la vivienda, las pensiones y el medio ambiente, para las mayorías. En resumen, es un sistema fracasado.

El foro debe reforzar la necesidad de elevar nuestra voz de solidaridad internacional, frente al silencio infundado que a veces tuvo nuestro partido, ante el crimen contra el pueblo de Palestina, a la agresión bélica contra el pueblo de Irán, al bloqueo contra Cuba, al asedio permanente a Venezuela, a la persecución perpetua de Rafael Correa, al encarcelamiento arbitrario de Jorge Glas, al veto electoral y la persecución judicial contra Evo Morales, etc., situaciones en que el partido debe responder con firmeza y en el tiempo preciso.

El foro también precisará el rol de la educación socialista como insumo vital para desencadenar una acción política específica y, posteriormente, conquistado el espacio de poder, poner en marcha nuestro programa de gobierno, en beneficio de las grandes mayorías nacionales, poniendo en relieve que ninguna conquista es verdadera, ni duradera, si se abandonaran los compromisos en la esfera internacional.

Deberá puntualizar el concepto de socialismo en nuestros tiempos, que no es el mismo de antaño, pero que tampoco deja de serlo, pues los socialistas somos conscientes de las tareas específicas como: luchar por la defensa de la paz mundial, impedir que el continente latinoamericano sea convertido en una zona de guerra, contrarrestando todo tipo de armamentismo; la defensa del ecosistema planetario, vital para la conservación de la humanidad; y, la puesta del conocimiento científico, como resultado de la sumatoria de esfuerzos y experiencias del hombre, al servicio de todos y no de las oligarquías o élites mundiales.

Finalmente, transmitirá experiencias valiosas de cómo debemos prepararnos para defender las conquistas logradas por el socialismo, para que estas se conviertan en un legado hereditario, permanente, irreversible e inapelable, en favor de todos los pueblos. Bienvenidos a todos los ponentes internacionales a este foro socialista.

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Jaime Cerrón: 35 años de impunidad estatal

Jaime Cerrón: 35 años de impunidad estatal

Vladimir Cerrón

Fue una mañana que, como todos los días, lo recogió el chofer de la universidad en el vehículo oficial, una camioneta celeste doble cabina al servicio del vicerrectorado. Pasaron cinco minutos para que un vecino golpeara fuertemente la puerta e insistentemente exclamara: “¡algo le ha pasado a mi vecino!”. Inmediatamente, vino a mi mente que a mi padre lo habrían baleado en el vehículo, pero no fue así, fue peor.

Mi madre y yo salimos al llamado, corrimos hasta la vuelta de la esquina, encontrándonos con el siguiente escenario: tanto mi padre, como el chofer, fueron secuestrados, por hombres que descendieron de una camioneta e interceptaron el vehículo de la universidad, además de haber otros más a pie que los encañonaron directamente.

Los trasladaron de vehículo a la fuerza, mi padre fue subido a la cabina de la otra camioneta y el chofer a la tolva. Los secuestradores se distribuyeron en ambos espacios con pistolas y mini ametralladoras, para luego desaparecer raudamente. La camioneta de la universidad quedó abandonada, con las puertas abiertas y sin la llave. Era una gélida mañana del viernes 8 de junio de 1990, en la ciudad de Huancayo, zona de emergencia, donde la autoridad civil fue reemplazada por la militar.

Recurrimos a las autoridades, policiales, militares, fiscales y políticas, pero para ellos fue motivo de indiferencia, burla e intentos de coimas. Comprendimos que el Estado nos había abandonado. Ante los hechos, emprendimos una búsqueda de los secuestrados, con las autoridades universitarias y estudiantes, en las dependencias policiales y militares de Huancayo, Pampas, Lima y Cerro de Pasco. Todos nos negaban información y, peor aún, autoría.

Fueron diez días de búsqueda incesante, en el intervalo ingresó a casa una llamada telefónica que yo la contesté, me presenté a solicitud del interlocutor anónimo, quien me dijo: “tu padre está con nosotros, lo tenemos redactando documentos, comunícanos con tu madre”, les dije que estaba solo y que volvieran a llamar más tarde. En la esperanza de encontrar a mi padre vivo y ante la desprotección de las autoridades estatales, accedimos a la extorsión y nos dieron instrucciones para entregarles una suma exorbitante de dinero, que mi madre recolectó con ayuda del colegio donde era maestra.

Nos citaron en la Empresa de Transportes Jara, en Paseo La Breña, y llevamos su requerimiento, de un total de veinte millones de intis solicitados, entregamos diecinueve. El encargado de recibir fue José Lucen Torres, un joven empleado, y nos dijo que el dinero era para un señor militar de apellido Jara. Quizás él no sabía de qué se trataba, porque hasta nos firmó un recibo en un boleto de pasaje, cuyo original mantengo en mi poder.

Pasaron los días y no aparecían los secuestrados. A los diez días, el 18 de junio, por la noche, recibimos una llamada telefónica del director del diario Correo de Huancayo, Nilo Calero Pérez, citándonos a su oficina, para reconocer unas fotos que ellos habían tomado en una quebrada descampada, donde se apreciaban dos cadáveres, cuyos rostros estaban parcialmente cubiertos con chalinas negras. Al instante los reconocimos, eran mi padre y el chofer, torturados, mutilados y acribillados, probablemente el mismo día del secuestro.

Al encontrarlos, en el paraje de Aramachay o Tierra Blanca, distrito de Sincos, provincia de Jauja, terminó nuestro dolor agudo causado por la ansiedad de no encontrarlo, pero empezó nuestro dolor crónico ante la sistemática impunidad de su crimen. Mi madre participó del levantamiento de cadáver y la necropsia, trajo a mi padre de vuelta a casa y, con la valentía que la caracteriza, nos prohibió espectáculos de lástima.

El 20 de junio, a pesar del estado de emergencia, mi padre y el chofer, fueron llevados en hombros, escoltados por una multitud de miles de acompañantes y tropas de zampoñas, como contundente forma de protesta popular, hasta su última morada. Nunca olvidaré que, en todo el trance, desde la Municipalidad de Huancayo hasta el Cementerio General de Huancayo, por toda la calle Real y el Paseo La Breña, cayeron del féretro oscuras gotas de sangre sobre el asfalto. Pero, ahí la pregunta que inmediatamente exigía una respuesta coherente ante los sucesos y la historia: ¿quién era Jaime Cerrón?, ¿por qué lo mataron?

Jaime fue un hombre de extracción campesina, muy a pesar de que mi abuelo había sido alcalde dos veces en el pueblo y la familia gozaba de cierta trascendencia. En su época juvenil fue contador mercantil y escribano de Estado. Como me dijo alguna vez, quizás ahí hubiese quedado su vida, hasta que surgió lo impensable: la fundación de la Universidad Comunal del Perú, el 16 de diciembre de 1959. Creada en el Gobierno de la Convivencia, a partir de una iniciativa de los campesinos del sur del valle, pero usurpada en propiedad privada por Ramiro Prialé y compañía, con la complicidad del presidente Manuel Prado.

Los estudiantes, al enterarse de la existencia de la hasta entonces clandestina Escritura Pública 371, con la que se descubre que la universidad no era comunal, sino una propiedad privada con derecho a herencia de los más altos dirigentes apristas, empezaron una lucha que involucró a las fuerzas vivas de Huancayo. Y, agrupados en un frente antiaprista, lideraron tres marchas de sacrificio a Lima, llegando a nacionalizarla el 2 de enero de 1962.

Jaime, como miembro de la primera promoción de la universidad, asumió los cargos de secretario general del Centro Federado de la Facultad de Educación y posteriormente la de presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional del Centro del Perú (FEUNCP), en representación del Frente Estudiantil Revolucionario (FER). Indudablemente, fue uno de los líderes de la nacionalización, que le devolvió al pueblo su alma mater; desde entonces, sería considerado un enemigo declarado del Partido Aprista Peruano.

Egresado de la universidad en 1965, ejerció la docencia y fue electo secretario general del Sindicato Regional de Profesores de Educación Secundaria Común (SIRPESCO), cuya jurisdicción comprendía Huánuco, Pasco, Junín, Huancavelica y Ayacucho, ante la aún inexistencia del SUTEP, recién fundado el 6 de julio de 1972.

En 1969, invitado por los estudiantes, Jaime llega a la cátedra universitaria, renuncia a todo activismo político, nunca militó en algún partido y se dedicó enteramente a su labor de maestro de Filosofía y Ciencias Sociales. Ocupó cargos de director de Bienestar Universitario, decano de la Facultad de Pedagogía y Humanidades, y de vicerrector de la Universidad Nacional del Centro del Perú.

Su llegada al último cargo ocupado, se da en una época convulsa, de guerra interna, guerra civil o época de terrorismo, como quieran llamarlo, circunstancia que lo lleva a declinar de su postulación al rectorado, ante la posibilidad inequívoca de un incremento de la represión a la comunidad universitaria, que el gobierno del Apra, partido que lo consideraba su enemigo, y sus comandos paramilitares, con Alan García al frente, habían iniciado.

Es cierto que la universidad estaba cerca de caer en la hegemonía senderista, aunque tampoco la tenían fácil. En realidad, la casa de estudios se había convertido en un polvorín, en un centro de disputa académica, política y, por qué no, hasta militar, entre Sendero Luminoso, el MRTA, el Comando Rodrigo Franco, los servicios de inteligencia estatal y las propias fuerzas armadas y policiales que intervenían constantemente el campus.

Todo esto conllevó un saldo aproximado de 250 estudiantes, entre asesinados y desaparecidos, además de 10 profesores y 15 trabajadores no docentes ejecutados extrajudicialmente. Esta magnitud de represión no ocurrió ni siquiera en la Universidad de Huamanga, menos en la Universidad La Cantuta o San Marcos. Empero, la represión en las universidades capitalinas se magnificó en los medios, mientras que en las provincianas se silenció. El centralismo de las instituciones de Derechos Humanos no pudo ser más evidente, pudiendo calificarse sin dudas como clasismo y, en el extremo, llegando a sospechas de complicidad.

Esto nadie me lo contó, fui testigo como estudiante de la Facultad de Ingeniería Eléctrica, sentí con dolor la desaparición, deserción y muerte, de mis compañeros de estudio. Estaba claro que, bajo estas condiciones, todo miembro de la universidad huanca era un potencial sospecho, y, seguramente, para el gobierno aprista, Jaime Cerrón sería sin duda un presunto subversivo.

En resumen, la muerte de Jaime Cerrón no es más que la expresión material de la lucha de clases. Su extracción campesina, su liderazgo estudiantil universitario, su pasado de líder magisterial, su condición de profesor de filosofía materialista, su producción intelectual y su ascenso como autoridad de una universidad pública, eran elementos suficientes para situarlo como un hombre del lado del pueblo. Los rumores de una presunta militancia subversiva, no fueron más que el pretexto profiláctico creado por el partido de gobierno, que siempre quiso eliminarlo.

¡Honor y gloria, querido líder, maestro y padre!

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Sobre el asesinato del doctor Jaime Cerrón Palomino: una mirada historiográfica

SOBRE EL ASESINATO DEL DOCTOR JAIME CERRÓN PALOMINO: UNA MIRADA HISTORIOGRÁFICA

Augusto Lostaunau Moscol

Leer el libro Muerte del Doctor Cerrón, del docente y escritor Alfonso Torres Valdivia, fue revivir esos años terribles entre la década de 1980 y 1990, en el cual, ser estudiante universitario –de una Universidad Nacional- y tener ideas marxistas, era sinónimo de “terrorista”. A muchos nos sindicaron de “terroristas” por participar de Izquierda Unida. A muchos nos calificaron de terroristas por oponernos al robo sistematizado que realizaron los gobiernos de aquellos años. A muchos nos señalaron de “terroristas” por ser marxistas o mariateguistas. A muchos nos acusaron de “terroristas” por reivindicar las figuras revolucionarias de Túpac Amaru y Micaela Bastidas. Y, a muchos, los raptaron, torturaron, asesinaron y desaparecieron. Fueron los años en que los medios de comunicación propiedad de la gran burguesía redujo la Universidad Nacional a un centro de entrenamiento ideológico. El ataque al movimiento popular, a los sindicatos y al movimiento estudiantil daría sus frutos en el momento que los ciudadanos mendigan sus derechos, los trabajadores se sienten colaboradores y los estudiantes universitarios se preocupan más por el modelo de teléfono celular. Para llegar a esta situación, la gran burguesía salió a matar. Y mató. Una de sus víctimas fue el Dr. y Vicerrector de la Universidad Nacional del Centro del Perú, maestro Jaime Cerrón Palomino.

Fue un miércoles 8 de junio de 1990 cuando el vicerrector de la UNCP y su chofer fueron secuestrados por un comando militar. Jaime Cerrón Palomino y su chofer Armado Tapia Gutiérrez fueron detenidos como parte de una supuesta redada. Pero, como anota el periodista Alfonso Torres Valdivia:

“Ese día hubo más de veinte detenidos en Huancayo. Todos menos Cerrón y Tapia recuperaron su libertad. Una semana entera estuvo en la celda. Después llegó una gente de Lima. Comando Rodrigo Franco. El chito Vatiri, Ríos y el cholo Urrutia, entrenados en Corea del Norte. Querían cambiarles la cara a los payasos pukas que asesinaron a tres jóvenes apristas dentro de la universidad. Tres tiros en la cabeza y los decapitaron” (2023:71).

La supuesta redada fue realizada para ocultar la verdadera intención de los criminales: asesinar al doctor Cerrón Palomino y –de paso- a su chofer para no dejar testigos. La matanza de estudiantes, trabajadores y docentes de la UNCP se inició en 1984 con la ejecución extrajudicial de Isaías Bravo Flores y se agravó entre 1990 y 1993. A fines del gobierno del PAP y los feroces años de la dictadura fujimorista. Otros ejecutados extraoficialmente fueron: Víctor Lavado Olivera; Odilón Espinoza Jaime (13/09/1990); Dedicación Tocasca Gutiérrez (25/09/1990); Fortunato Aguirre Palomino (15/10/1990); Dante Landa Rosales (01/03/1990); Ángel Tenazoa Sánchez (04/11/1990); Griselda Palomino Fuentes (05/04/1991); José Carranza Huisa (15/06/1991); y un largo etcétera. (Cerrón 2011). Eran los duros años del Conflicto Armado Interno que azotó al país en las dos últimas décadas del siglo XX. Y la UNCP no fue la excepción, alcanzando a su vicerrector. Recientemente, en su libro Memorias de una amistad quebrada: El Alfredo Torero que conocí, el doctor Rodolfo Cerrón Palomina ha recordado:

“En la universidad, me contaba Jaime cuando lo visitaba, se encontraba entre la espada y la pared: por un lado, los apristas lo odiaban a muerte, por su abierto enfrentamiento con el partido desde sus tiempos mozos (y en franca rebeldía con la tradición familiar); pero por el otro, las huestes senderistas, despechadas por haber fracasado una y otra vez en sus intentos por captarlo, lo dejaron a su suerte, en manos de la represión. En el velorio del hermano llegaban a mis oídos susurros que decían que había sido una lástima que él no se pasara a las filas de Sendero Luminoso, pues, de haber sido así, “lo habrían protegido” (2024:92-93).

Jaime Cerrón Palomino fue un prolífico autor destacando libros como La Filosofía Materialista Dialéctica de Marx y Engels; o, Leyes del Desarrollo Social, lo que traduce su filiación al pensamiento marxista en el Perú. Jamás ocultó o negó sus posiciones políticas e ideológicas, lo cual lo llevó a luchar contra la idea de hacer un negocio con la Universidad Comunal del Centro. Esto afectó los intereses económicos del PAP, por ello, la animadversión hacia su persona creció hasta llegar al odio. El Dr. Cerrón se encontraba entre ser un marxista convicto y confeso, pero fustigado por Sendero Luminoso; y, el odio visceral de los búfalos del PAP. El maestro Jaime Cerrón Palomino no fue senderista –como algunos han pretendido afirmar-; todo lo contrario, fue enemigo del infantilismo y aventurerismo de las huestes de Guzmán. Esto último lo hizo un blanco fácil para sus enemigos. “Lo habrían protegido” es la demostración del contubernio al que llegaron sectores de SL para con el gobierno y las fuerzas armadas. Durante las audiencias realizadas en Huancayo por los miembros de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), el ciudadano Tomás Arauco Pariona indicó:

“Después de 11, 12 días aparece el cuerpo en las alturas de Sincos plenamente torturados con los pies calcinados y con 8 balazos en el cuerpo de igual modo al chofer le quitaron los ojos y dos balazos en el cráneo sin embargo de esto lo sabe bastante la prensa de Huancayo y la prensa nacional porque incluso en el diario La República aparece una publicación muy extensa en la cual dice que el señor vicerrector a desaparecido y que equivocadamente las fuerzas del orden que están eliminando el foco ideológico de la subversión esto aparece el 24 de Junio de 1,990 sabiendo que Cerrón era un brillante profesor de filosofía y Ciencias Sociales tranquilo con ideas progresistas” (En línea).

Pero, más allá del grado académico y del cargo universitario, Jaime Cerrón Palomino era padre y esposo. Padre de tres hijos y esposo de una mujer que, en todo momento, fue su compañera y soporte emocional. Pero, eso a los asesinos jamás les interesó. Era simplemente un objetivo. Una cosa que debía ser retirado del camino. La vida de Jaime Cerrón Palomino no valía porque sus ideales de justicia social no son parte de la política de la gran burguesía. En el desprecio por la vida “del enemigo”, la gran burguesía actuó igual que los líderes fanáticos de Sendero Luminoso. Fue un conflicto armado interno que enfrentó a dos sectores profundamente sectarios y fundamentalistas. Quienes quedaron en el medio de estos dos fuegos, fueron los más racionales y humanistas. Pero, parafraseando al periodista y fotógrafo colombiano Jesús Abad Colorado, “en el Perú algo debe andar muy mal cuando al enterarnos que alguien ha sido secuestrado, torturado y asesinado, decimos: por algo debe ser”. Ese “por algo debe ser” es un sambenito que se le coloca a toda persona que –por algún motivo- nos resulta incómoda. Y, el doctor Jaime Cerrón Palomino era muy incómodo para el gobierno, para la burguesía, para la derecha, para el Partido Aprista Peruano, para Sendero Luminoso y sus aliados disfrazados de “defensores de los Derechos Humanos”. Por ello, su asesinato es “embolsado” dentro de la noticia de “eliminar un foco ideológico de la subversión”.

Un momento tan terrible como el secuestro fue reconstruido por Alfonso Torres Valdivia quien lo presenta así:

“El chofer hizo el giro acostumbrado por la derecha. Y bajó por la pendiente de la calle Catalina Huanca como si se deslizara por un tobogán. Unos metros más adelante una camioneta celeste los interceptó. Tres hombres de cabellos cortos, los elegidos de Caín y Judas, se acercaron a ello. Eran jóvenes Mensajeros de la gran arpía. Sonrieron mostrando una dentadura perfecta, resplandeciente, a lo canalla. ¿De dónde aparecieron? Fantasmas no eran. Mostraron una Magnum y los obligaron a bajar. La camioneta que los interceptó esperaba con las puertas abiertas. Subieron en silencio. Ignoraban que iban a la Villa de los Sueños Eternos donde los días no se repiten y las canciones son hirientes y las palabras pierden su densidad cuando con risa de monje loco te miran en el cilindro de agua donde te sumergen para quebrar tu voluntad. Cerrón se convirtió en autómata, no atinaba a comprender nada. Su raciocinio era basura en ese momento” (2023:11).

El secuestro del Dr. Cerrón Palomino no fue ni el primero ni el último. Muchos obreros, pequeños comerciantes, militantes de Izquierda Unida, estudiantes universitarios, profesores de colegio, docentes universitarios, abogados, médicos, etc. habían corrido la misma suerte. Miles de campesinos fueron asesinados por la espalda. Los mataban por no entregar comida o por haber entregado comida. La tortura era sinónimo de detención. Si eras detenido en una protesta estudiantil, lo más seguro es que terminabas torturado. Los golpes, las patadas en la cabeza y las mentadas de madre “eran normales”. Cuando “se les pasaba la mano”, entonces te desaparecían o te tiraban en un descampado con volantes en el bolsillo y tu mochila estudiantil con un petardo de dinamita dentro. La prensa de la gran burguesía hacía lo demás. La Fiscalía no existía para investigar la verdad. Como ahora. Y como será en el futuro mientras la gran burguesía haga con este país lo que está acostumbrada de hacer desde hace doscientos años.

Pero, el doctor Jaime Cerrón Palomino sabía que se encontraba en medio de una guerra entre dos grupos autómatas. Sabía que jamás le perdonarían haber luchado por la liberación de la Universidad Nacional del Centro del Perú. Cuando joven, se enfrentó a los que trataron de robarle la ilusión a los huancaínos. La Universidad Comunal del Centro fue el proyecto del pueblo huancaíno. De campesinos y obreros. Mujeres y varones. Jóvenes y adultos. Pero, desde el Congreso de la República, una mafia les robó el sueño. No sería ni comunal ni gratuita; todo lo contario, sería de régimen privado. Para estudiar tienes que pagar. Entonces, el pueblo se sublevó contra la mafia y los expulsó de su universidad. Nacía la Nacional del Centro. Entonces, rendirse ante el enemigo de la clase, era aceptar que todo lo luchado no tenía valor. Y, Cerrón Palomino no estaba hecho para la traición. El pueblo huanca lo veía; pero, principalmente, lo veían sus tres hijos y su esposa. Como todo marxista comprometido con las luchas de liberación del pueblo, sabía que –algún día- los chacales vendrían por él. Que no le perdonarían lo que hizo contra los mafiosos de la Comunal. Que no le perdonarían cada escrito. Que no le perdonarían cada clase. Que no le perdonarían soñar con un país verdaderamente justo para sus hijos y esposa. Cuando lo raptaron, sabía que jamás los volvería a ver. Pero, también sabía que jamás se olvidarían de él. Ninguna tortura le arrancó el amor por su familia. Y las balas que lo asesinaron sólo dejaron salir un alma que ya era libre, desde la primera vez que leyó a Karl Marx y escribió sobre José Carlos Mariátegui. Alguna vez, el maestro Héctor Béjar Rivera dijo que, a los marxistas los han intentado exterminar en todos lados, en la Argentina de Videla y en el Chile de Pinochet, pero seguimos aquí: “ser marxista es ser invencible” acotó. Torres Valdivia escribe:

“En segundo voltearon el colchón y lo despanzurraron a bayonetazos. Luego, patearon los muebles y dejaron cojo el catre de madera. Buscaban un libro de Marx, algún volante de Sendero y como no hallaron sino una libreta de apuntes y el libro de Mariátegui, estaban arrechos de cólera impotente. Se toparon con los aros de oro del matrimonio y los aretes de la esposa. Tenían orden de no robar durante el secuestro, pero la tentación se apoderó de ellos y las joyas terminaron en el bolsillo de un sargento flaco, pero gordo de ambiciones” (2023:35-36).

El detenido era torturado. El secuestrado era asesinado con un tiro en la cabeza. Pero, todos eran posibles terroristas. Un libro de Mariátegui, Marx, Lenin o Mao, en tu mochila de estudiante, era tu pasaporte al calabozo y quince días de golpiza. Un volante de Sendero o el MRTA, era pasar dos años en prisión. Sólo algunos fiscales, los que estudiaron en Universidades Nacionales, sabían que el curso de Materialismo Histórico y Dialéctico existía. Los fiscales de las Universidades Particulares jamás habían tenido un curso científico. La gran burguesía siempre ha creído que una biblioteca es un centro de entrenamiento ideológico. Por ello, los presupuestos a las instituciones culturales son cada vez menos. En el Perú, decir democracia o libertad es apología al capitalismo. Los intelectuales económicamente mantenidos por la gran burguesía han hecho creer que sólo existe democracia y libertad en el sistema capitalista. Cualquier crítica o comentario en contra, te vuelve terrorista, resentido social o “anti” cualquier cosa. Los explotadores cantan “Contigo Perú” en el Estadio Nacional; mientras ordenan disparar a los peruanos que protestan. Alfonso Torres Valdivia prosigue:

“La otra celda es más pequeña que el habitáculo de una rata. Cuando Jaime estira las piernas para echarle un ojo a la puerta, le cuesta extender los brazos. La celda está destinada para agudizar la sensación de opresión y claustrofobia. Llenar de pánico y tensar los músculos en contracciones dolorosas, para hacer que resalten las venas y los ojos sean acechados por la ceguera” (2023:62).

En la Guerra de Argel, el General francés, Jacques-Emile Massu ordenó secuestrar y torturar a miles de argelinos que luchaban por su independencia. En el Perú, cientos de peruanos fueron secuestrados en su propio país. Massu creo el sistema de torturas y desapariciones que aplicó el ejército colonial francés contra los argelinos. Luego, los jóvenes oficiales franceses que lucharon junto a Massu, llevaron esa “doctrina” a los Estados Unidos, Panamá, Brasil, Argentina, Uruguay y Chile. Es estos cinco últimos países, las dictaduras militares secuestraron, torturaron, asesinaron y desaparecieron a cientos de jóvenes. El Perú, no escapa de esa miserable lista. La Escuela de las Américas sirvió para “capacitar” en ese “trabajo de patriotas”. Incluso, algunos oficiales franceses han declarado que ellos mismos tuvieron que hacer los “trabajos”, porque los sudamericanos tienen muchos sentimientos “que los traicionan”. Los franceses de Massu habían torturado en Indochina y Argelia, fuera de su país. En el Perú, cientos de peruanos fueron torturados por otros peruanos. Las torturas dejan heridas en el cuerpo; pero son las heridas en el alma las más peligrosas. Torres Valdivia agrega:

“Por cada compañero muerto hay que acabar con diez de ellos. La consigna en la Casa del Pueblo fue clara. El viceministro del Interior les dijo que ellos eran el ángel vengador. Y acabar con todos los rojos que cayeran en sus manos, una necesidad superior a aspirar una bocanada de aire. Se desahogaron con dos Martacos. Los desnudaron. Los ataron de pies y manos. Los golpearon con una vara de goma, cogieron un balde y como si estuvieran en carnavales les echaron agua helada y le aplicaron picana eléctrica. Un soldado ayudó con un trapo no dejaba que el martirizado se ahogara con la lengua. Querían nombres. No tenían intención de matarlos. Solo arrancarles nombres. Sabían que los cercenadores de cabeza pertenecía a Sendero y eso era suficiente. Pero había que joder a todos los bandos rivales” (2023:71).

Alfonso Torres Valdivia relaciona la cruel e injusta muerte de tres jóvenes pertenecientes al Partido Aprista Peruano, con una sed de venganza dirigida desde Palacio de Gobierno y, cuya víctima inocente fue el doctor Jaime Cerrón Palomino. Para hacer muy bien su trabajo, muchos infiltrados también fueron detenidos y torturados, luego, era liberados “por falta de pruebas”. Pero, el doble trabajo estaba hecho. En la celda, el infiltrado buscaba información de primera mano; mientras que, al salir en libertad, se aseguraba de “informar” a los familiares de los detenidos sobre la “buena situación” que existía en la celda. “Nadie ha sido tocado”, mientras te molían a patadas dentro de un saco de papas mojado. Aunque, Gustavo Espinoza Montesinos indica que:

“En el caso, la perversa conducta militar se vio agravada por un hecho insólito: tres días después de ocurrido el secuestro -el 11 de junio- elementos no identificados tomaron contacto con la familia del intervenido, y le aseguraron que lo tenían con vida, y en su poder; y que estaban dispuestos a restituirlo al hogar a cambio de una suma de dinero: 20 millones de Intis, fue el monto requerido por los “secuestradores”…Aunque la familia no dio pábulo a esa evidente maniobra, entre los académicos de la Universidad cundió la idea de reunir un fondo para tentar el «canje», exigiendo, al mismo tiempo, evidencias que confirmaran la vida de la autoridad universitaria…Y en medio de un clima de protesta cívica, que se gestara desde las aulas universitarias, fue promovida una Marcha Ciudadana para el 18 de junio, convocatoria que, finalmente, tuvo la virtud de poner en evidencia la naturaleza criminal de lo ocurrido…En efecto, el 17 de junio las autoridades dieron por «encontrados» los cuerpos de Cerrón Palomino y Tapia Gutiérrez. Ambos habían sido brutalmente golpeados, y finalmente acribillados”. (En línea).

Lo importante, para el gobierno de la gran burguesía, era darle un ejemplo a los rojos, rabanitos y terroristas. La ley de la jungla se impuso en el Perú. Sólo el más salvaje puede sobrevivir. No hay sentimientos. Torres agrega:

“El relato de los días que pasaron entre el rapto del doctor Cerrón y su muerte se reconstruye solo a medias. Fueron diez días interminables para la familia de Jaime. Conocieron el dolor en que permanecen los humanos después de haber perdido la luz” (2023:87).

Estar frente a Muerte del Doctor Cerrón del escritos y profesor Alfonso Torres Valdivia, es mirarse al espejo de la vida. Entender que las cosas no fueron fortuitas y que los acontecimientos siempre tuvieron un propósito: aniquilar a una generación de peruanos que despertó con el sueño de vivir en un Perú Libre.

El reconocido y connotado maestro Dr. Rodolfo Cerrón Palomino es hermano del Dr. Jaime Cerrón Palomino. Sobre esos años de sombras y miedo que acorralaron a los pobres del Perú recuerda:

“El año 1990 fue realmente trágico para mí en lo familiar. Jaime, mi hermano mayor, que por entonces desempeñaba el cargo de vicerrector académico de la Universidad Nacional del Centro, fue secuestrado por los comandos del ejército de la región, a mediados de junio, cuando salía de su casa juntamente con el chofer que solía llevarlo al campus. Lo buscaron por todas partes, inquiriendo por su persona no solo en Huancayo sino también en la capital, pero ya no lo encontraron con vida” (2024:91).

Un conocido y respetado maestro universitario como el Dr. Jaime Cerrón Palomino fue secuestrado, torturado y asesinado por comandos del Ejército Peruano acantonados en la ciudad de Huancayo. Entre estados de emergencia, apagones y detonaciones, miles de ciudadanos vivían aterrorizados porque, en cualquier momento, a alguien se le podía ocurrir gritarles “terroristas”. La venganza personal llevó a muchos a pasar trágicos días en las cárceles donde fueron torturados. Pero, era un hilo tan delgado el de la violencia política del Perú de aquellos años, que un detenido por las fuerzas armadas podía ser torturado y asesinado por miembros del Comando Rodrigo Franco, organización paramilitar conformada por jóvenes del Partido Aprista Peruano que fueron entrenados en cuarteles del ejército.

Entre las muchas acciones del Comando Rodrigo Franco destaca la del 10 de agosto de 1985 cuando se produjo una tentativa de asesinato del diputado Peter Uculmana Suárez. Los detenidos respondieron a los nombres de Luis Alberto Aoun Chong y Moises Palacios Yamunaque. El primero era estudiante de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y el segundo alumno de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ambos afirmaron ser militantes del Partido Aprista Peruano, además ser parte de la seguridad personal del Vice Ministro Agustín Mantilla. La investigación fiscal jamás se realizó y el caso quedó sin sentencia.

En un documento fechado el 20 de junio de 1990, Amnistía Internacional indicó que:

“Los comandos político-militares de las fuerzas armadas que controlan las zonas de emergencia (como es el caso de Huancayo) niegan contantemente tener presos recluidos en las dependencias militares de las zonas bajo su jurisdicción. Muchos sospechosos detenidos por las fuerzas armadas desaparecen indefinidamente; otros son puestos en libertad tras permanecer encarcelados en secreto durante días y semanas sin explicación o reconocimiento formal por parte de las fuerzas armadas de que la detención tuvo lugar. A veces se entrega a los sospechosos a la policía después de una prolongada detención secreta y de interrogatorios en las instalaciones militares. En estos casos sólo se reconocen las detenciones a partir de la fecha en que los detenidos pasan a disposición policial, momento en que se informa al fiscal. Las fuerzas armadas tienen como norma no reconocer la reclusión de los presos antes de entregarlos a la policía. Esto constituye un factor fundamental en la continua práctica de desapariciones”. (En línea).

Era la política del “Gran Bonetón” donde las autoridades políticas y militares jugaban a “¿quién tiene al detenido?”. “Tirarse la pelota o pelotearse” le dicen los sectores populares y mayoritarios del Perú. La vida de un peruano no valía ni un miserable inti. Mientras, la corrupción arremetía contra las empresas públicas y los ministerios.

Referencias:

Amnistía Internacional. Ejecuciones extrajudiciales. Perú: Jaime Cerrón Palomino; Armando Tapia Gutiérrez. En: Portal de Amnistía Internacional. https://www.amnesty.org/es/documents/amr46/043/1990/es/

Arauco Pariona, Tomás. (Testimoniante). 3 Caso: Jaime Cerrón Palomino. https://www.cverdad.org.pe/apublicas/audiencias/atematicas/at03_IIIcaso.php

Cerrón Palomino, Rodolfo. Memorias de una amistad quebrada: El Alfredo Torero que conocí. La Lingüística Andina en Debate. Ediciones del Panóptico. Lima-Perú. 2024.

Cerrón Rojas, Vladimir. Historia Censurada de la UNCP. Huancayo-Perú. 2011.

Espinoza Montesinos, Gustavo. Un crimen por el que debe responder Alan García: Jaime Cerrón Palomino. En: Portal Rebelión. https://rebelion.org/un-crimen-por-el-que-debe-responder-alan-garcia-jaime-cerron-palomino/

Lostaunau Moscol, Augusto. La muerte de Jaime Cerrón Palomino en la memoria de Rodolfo Cerrón Palomino. En: Diario UNO. Lima-Perú. Domingo 29 de diciembre de 2024.

Lostaunau Moscol, Augusto. Comentario personal al libro Muerte del Doctor Cerrón de Alfonso Torres Valdivia. En: AVANCE, Semanario Regional. Huánuco-Perú. Edición N° 416 del 15 al 21 de abril de 2024.

Lostaunau Moscol, Augusto. La investigación al Comando Rodrigo Franco en 1989. En: Diario UNO. Lima-Perú. Martes 14 de mayo de 2019.

Torres Valdivia, Alfonso. Muerte del Doctor Cerrón. Gaviota Azul editores. Lima-Perú. 2023.

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XXXIV aniversario del inmarcesible Jaime Cerrón Palomino

XXXIV aniversario del inmarcesible Jaime Cerrón Palomino

Vladimir Cerrón

Hoy, 8 de junio del 2024, se cumple treinta y cuatro años de la ausencia física de mi padre, el maestro Jaime Cerrón Palomino. La forma inesperada en que nos lo arrebataron al ser secuestrado, torturado y asesinado a manos de los criminales agentes estatales, nos dejó desconcertados y con profundo dolor, sin encontrar una justificación que explique las causas precisas de este execrable hecho. A estas alturas no caben dudas de que se trató de un crimen de lesa humanidad, ejecutado por el Estado peruano, durante el primer gobierno del Apra.

Jaime Cerrón era un maestro universitario de filosofía, un intelectual, un académico, alguien que despertaba la mente de sus alumnos y estos, a la vez, de su entorno social. Ejerció la docencia cerca de tres décadas en la Universidad Nacional del Centro del Perú. En la época de la guerra interna, la universidad peruana no dejaba de ser considerada una institución subversiva, sobre todo para los órganos de inteligencia del Estado.

Los análisis estatales recurrían a una analogía simplista: si la Universidad de Huamanga había generado una insurgencia en el sur, entonces la Universidad de Huancayo estaría cumpliendo la misma misión. Así, ambas fueron consideradas como los focos intelectuales del terrorismo, específicamente sus facultades de educación y ciencias sociales; por tanto, había que identificar, ubicar y eliminar a sus líderes intelectuales.

Jaime Cerrón ingresó a la universidad en el año 1960, fue dirigente estudiantil y debemos a su generación la nacionalización y reorganización de la Universidad de Huancayo, siendo uno de los líderes que logró recuperar de las manos apristas esta institución usurpada, la misma que, en complicidad con el presidente Manuel Prado durante el Gobierno de la Convivencia, la habían fundado como propiedad privada según la Escritura Pública 371, pero bajo la fachada de Universidad Comunal.

La reorganización de la universidad, en varias ocasiones, fue otra tarea ardua donde Jaime Cerrón también luchó decididamente. Posteriormente, después de una fructífera labor pedagógica e intelectual, estando cerca de su cese docente, fue propuesto para asumir el cargo de rector de la universidad, pero no aceptó debido a que, según su razonamiento, la institución sería más reprimida y satanizada, más aún en un gobierno aprista, por lo que decide dar un paso al costado y situarse en el vicerrectorado académico.

El asesinato de Jaime Cerrón, no fue un acto aislado, pues además de la desaparición física de un docente destacado, fue un mensaje político a la comunidad universitaria nacional, una advertencia, pues si ellos podían terminar de esa forma con una autoridad universitaria, más fácil sería contra cualquier otro miembro. Efectivamente, después de este suceso, vino la deserción estudiantil y docente, la instalación de una base militar al interior y el cambio de currículum educativo, la que finalmente hizo de este centro un lugar ajeno a la ciencia, la democracia y las aspiraciones populares.

Fueron asesinados cientos de estudiantes, decenas de docentes y una quincena de personal administrativo de esta universidad, los mismos que quedarán impunes, característica principal e infaltable en los crímenes de Estado. Este año el Congreso de la República promueve una ley de amnistía encubierta para evitar que los asesinos sean juzgados, bajo el pretexto de la no retroactividad de la ley, puesto que el Perú se adhirió a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de lesa Humanidad el 11 de agosto del año 2003. Si se promulgara esta norma, todo lo ocurrido con anterioridad a estas alturas habría prescrito.

La muerte de Jaime Cerrón no significó una derrota total, por el contrario, fue una permanente inspiración para definirnos ideológicamente, organizarnos políticamente y gobernar con un programa popular, lo que luego condujo a fundar el Partido Político Nacional Perú Libre, el primer partido de izquierda popular que logró triunfar en una elección nacional, por la vía pacífica, logrando colocar un presidente de extracción y situación de clase campesina.

No cabe duda que la muerte de Jaime Cerrón es una expresión de la lucha de clases en el Perú, del macartismo derechista, del fascismo estatal, de una política profiláctica a todo lo que pueda significar un cuestionamiento al orden injusto que secuestra al país en toda su etapa republicana. Empero, la aspiración de lograr una mejor sociedad nunca podrá ser detenida, pues como dice Mariátegui si un niño va corriendo tras una mariposa, es porque no solo tiene la esperanza, sino la seguridad de que en algún momento podrá atraparla.

¡Jaime Cerrón Palomino, Presente!

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Sobre el revisionismo caviar de Manuel Guerra de Patria Roja

Sobre el revisionismo caviar de Manuel Guerra de Patria Roja

Vladimir Cerrón

Manuel Guerra Velásquez, secretario general del Partido Comunista del Perú Patria Roja, se ha pronunciado a raíz del emplazamiento que le hiciera acerca de una calumnia a la memoria de mi padre, Jaime Cerrón Palomino, y de mi señora madre, Bertha Rojas López, ambos profesores universitarios, al vincularlos con Abimael Guzmán Reinoso, líder del Partido Comunista del Perú, en su variante conocida.

Esta calumnia agravada se da precisamente cuando Perú Libre afronta cinco procesos judiciales por terrorismo, desde hace dos años, al cual la “notita criminis” de Guerra, apoya espectacularmente como fuente abierta a los entes persecutores del Estado. Sería bueno que la DIRCOTE cite a este sujeto para que pueda sustentar su acusación al respecto, al ofrecerse en la práctica como un “colaborador”, a lo que en el léxico político se conoce como soplón.

Ciertamente, ayer se ha rectificado públicamente, en una red social, pero no ha enviado nada formal a Perú Libre. Sin embargo, esa rectificación deja de ser tal cuando aprovecha la circunstancia para desviar el debate, al centrarlo sobre el comportamiento de mi persona y mi partido, aspecto que aprovecho para responder a continuación.

Nuestro deslinde con la izquierda caviar, del cual Manuel Guerra se ha vuelto un militante, es por lo mismo que decía Mariátegui: «Con el sector político que no me entenderé nunca es el otro: el del reformismo mediocre, el del socialismo domesticado, el de la democracia farisea». Está claro que para ser mariateguista estamos obligados a un deslinde claro, profundo y real con los quintacolumnistas de la revolución, los caviares. Si me permite la redundancia: Mariátegui era un anticaviar, convicto y confeso.

Patria Roja, que proviene de la línea maoísta, ¿acaso no ha leído las Cinco Tesis Filosóficas de Mao?, no asume que “el desarrollo de la sociedad no obedece principalmente a causas externas, sino internas”, entonces pregunto: ¿dónde hay que purgar primero, en las filas del enfrente derechista o en las nuestras donde hay infiltrados derechistas con lenguaje de izquierda? Es obvio que en el nuestro.

Perú Libre en su último congreso aprobó una lucha implacable contra este sector revisionista y lo hace abiertamente, procediendo a ilustrar al pueblo sobre la existencia de una pseudoizquierda, que en la práctica apoya al capitalismo, vive remunerado por él, y no le importa ningún cambio, ni inscribir un partido o indignarse por lo menos de no tener un solo presidente, congresista, gobernador o alcalde provincial o distrital. Podrán decir que no son electoreros, sin entender que en la situación concreta no hay otro terreno donde deba lucharse por ahora.

La existencia de este tipo de “comunistas” solo le es rentable políticamente al imperialismo, porque mientras mantengan la etiqueta comunista es mejor para que crean que nuestra sociedad es tan democrática que se permite la existencia de una oposición diametralmente contraria al capitalismo. Así, transcurrieron muchas décadas, engañando al pueblo, hasta que “llegó el comandante y mandó a parar” y cuando me refiero al comandante no me refiero a Perú Libre, sino a un pueblo que apertura sus ojos, identificándolos como son.

Al triunfo de Perú Libre, esta socialdemocracia caviar vio amenazada su poder en su principal terreno de operaciones, la capital del Perú, y soterradamente apoyó el derrocamiento de Castillo, haciéndole un daño incalculable al intento real de cambio al lograr divorciar al Gobierno del Partido, asaltando el poder político con doce ministerios y terminando por llevar de la mano al expresidente al abismo, primero con una hoja de ruta neoliberal y después con la promulgación del Decreto Supremo Nº 164-2021-PCM, del 16 de octubre del 2021, donde define la Política General de Gobierno, descartando totalmente el programa de gobierno de Perú Libre y sustituyéndolo por el programa caviar de la alianza NP-JP.

Tal condición mermó el apoyo del Partido al Gobierno, pero sobre todo el apoyo del pueblo, coadyuvando a sintonizar con la psicología del fracaso, la desmoralización y el desengaño. Esto se agudiza cuando el pueblo comprueba que los dizques líderes “comunistas” limeños, en realidad, son inversionistas del capitalismo, dueños de oenegés financiadas por USAID, accionistas de Luz del Sur, de Backus y Johnston y de Casa Andina de Intercorp, cuando el pueblo se entera de que los hijitos de estos dirigentes caviares son gerentes en Intercorp. Eso es lo que le hace perder doblemente la fe al pueblo, con efectos exponenciales peores a que lo hubiera engañado la derecha.

Perú Libre es un partido de izquierda popular, aquí los únicos que se han alejado de este flanco son ustedes o quizá nunca estuvieron de verdad, pues después del avance de la Izquierda Unida han tenido una serie de fracasos espectaculares que los implosionó, que puede ser natural en el camino, nos los culpamos, pero eso no justifica la conversión del comunismo a la socialdemocracia caviar. Ahí está mal usted Guerra, ese paso, como dice Lenin: “no es un error, sino una estupidez”.

Habla usted sobre mis procesos judiciales, dónde nadie me acusa de recibir o sustraer dinero, sino por “haberme interesado”, por un “daño potencial” y otras subjetividades, y con ello, al igual que calumniaron a mi padre, pretenden justificar una persecución a mi persona y al partido, cuyo delito es haber llevado por primera a la izquierda peruana al gobierno nacional, del cual Patria Roja debiera sentirse parte del triunfo, si realmente es comunista, pero no, el triunfo les dolió en el alma a los caviares más que a la derecha.

Logrado este objetivo, no nos preocupa cualquier insulto a nuestra dirigencia generacional, incluyendo lo de “caudillo” o “mesiánico”, porque todo queda inmaculado con el ingreso del partido a la historia del Perú, lo que otros hasta ahora no han podido lograrlo, pero tampoco lo tomamos con arrogancia, sino que reconocemos que este fenómeno es la cosecha de un proceso, donde hombres leales a su pensamiento dejaron sus vidas, como al hombre que usted ha calumniado, factor decisivo para la creación de Perú Libre.

Muy a pesar de todo, jamás enlodamos a Patria Roja, es más, mantengo respeto por algunos escasos dirigentes, tampoco contra otros partidos de izquierda, eso es una política de Perú Libre. La única ocasión que he adjetivado fue ayer, producto de que las cosas tienen un límite que rebasa la tolerancia, palabras que no me cuesta retirarlas, aunque ahora, más que nunca, mantenga un concepto distinto.

No he tenido ninguna sinuosa carrera política y es algo por lo que el enemigo político me respeta, usted es el que al haber fracasado como dirigente, lejos de dejar el cargo a la juventud, ha preferido arriar la bandera y entregarse a las faldas de Nuevo Perú, eso sí es ser sinuoso, pero claro, le viene bien seguir usufructuando el nombre de Patria Roja, para obtener ventajas personalísimas.

Voces del Cambio se creó para unificar la izquierda y se logró tras 34 años, pero eso también nos sirvió para ver su solidaridad de clase, pues en la primera de bastos, después de mi sentencia el 2019, hoy anulada por arbitraria, ustedes decidieron suspender las actividades, por su visión individualista. Por supuesto que queríamos llegar a la Presidencia, ¿es eso un error?, un partido se forma para la toma del poder, no para succionar los aportes a un sindicato, ¿cuál ha sido el delito?, ¿qué los amateurs le hayan ganado el liderazgo a la vieja guardia?, pensar así es antidialéctico, porque lo nuevo va rumbo al desarrollo y lo viejo rumbo a la extinción, ¿es difícil entender eso? Perú Libre también tendrá que dar pase a su relevo generacional pronto.

Guerra nos acusa de una alianza con el fujimorismo, repitiendo la novela creada por los caviares, no acepta que los detestan tanto derechistas como izquierdistas, no acepta el espontaneísmo anticaviar, claro que no es fácil una autocrítica en tales circunstancias. El término caviar, independientemente quién lo haya creado, ha tomado cuerpo de una categoría política que desenmascara el revisionismo moderno, antes asolapado en la penumbra. Hacerle ver ese fenómeno al pueblo también para nosotros es un modesto aporte.

A la facción de Guerra, dentro de Patria Roja, le molesta, como a los caviares, que Perú Libre tenga una representación en la Mesa Directiva, no pueden tolerarlo, lejos de alentar que, por el contrario, la izquierda popular tenga la presidencia del Legislativo, todo por una envidia personal. En resumen, el Kautsky de Patria Roja, ha visto en el triunfo de Perú Libre su fracaso propio.

Nos acusa de habernos unido para hacer “negocios con las mafias” de transportes y de las universidades, comportándose como cajita de resonancia caviar. Para Guerra, estar con los colectiveros informales y no contra los que han monopolizado el transporte (Metropolitano), es contrarrevolucionario; haber sacado a la SUNEDU de las garras de la caviarada de Intercorp, también, qué gran error. Estos hechos solamente lo reafirman como un servil a la caviarada de la burguesía financiera. Habría que investigar más a fondo a Guerra, porque la defensa que asume a costa del prestigio de su partido no es nada gratuita, lo que lo ha llevado a reventar a su propio partido hace escasamente horas.

Nos acusa de haber renovado al Tribunal Constitucional, claro que había que hacerlo, recuerde que la totalidad del Sistema de Justicia Nacional estaba capturado por la caviarada y aún continúa en la mayoría. Al haberlos pasado al retiro, recién se dieron jurisprudencia, como, por ejemplo, que para evitar la arbitrariedad de la prisión preventiva debían copular los tres presupuestos, porque antes la caviarada te encarcelaba con uno; que todos los que cumplían sus penas y pagaban su reparación civil, recobraban todos sus derechos; como poner parámetros para una sentencia basada en indicios y no en subjetividades; etc., ¿eso es una medida a favor de la burguesía? Claro que no.

Ahora no vaya a pensar que no nos hemos percatado que a la caviarada que usted tanto defiende no le ha cuestionado el indulto de Alberto Fujimori, pues recuerde que bajo la presidencia de Mari Elena Ledesma en el Tribunal Constitucional se dio el indulto a Fujimori y de eso usted no ha dicho ni pío, pero sí ha culpado al tribunal entrante. Indulto que está de más decirlo que nosotros también estamos en contra.

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ENSAYO

José Carlos Mariátegui

José Carlos Mariátegui (1894 – 1930)

Jaime Cerrón Palomino

Extracción y posición de clase

El primer marxista de América Latina fue hijo de una  familia pequeño-burguesa empobrecida, de ahí que José Carlos, desde los quince años tuvo que truncar sus estudios de primaria para emplearse como obrero alcanzarrejones, oportunidad que le servirá para tomar contacto con la clase trabajadora del país y lograr información autodidacta. Unos años después se le verá dirigiendo revistas, periódicos y una prensa de prestigio internacional. Desde su adolescencia, confinado por su penuria Mariátegui asumirá posiciones proletarias e internacionalistas. En opinión de Basadre, José Carlos fue un “genio” que no habiendo concluido su educación escolar se convirtió en uno de los jóvenes literatos más importantes y más leídos, de más calidad y con propios méritos. Es un caso sin precedentes por su autodidactismo y lo paradójico es que el Perú tuvo en él una personalidad que la Universidad no pudo producir.

Su pensamiento

A despecho de García Calderón, Belaúnde, Deústua y otros ideólogos peruanos que para madurar en su verdadera posición tuvieron que hacer periplos por distintas corrientes de la filosofía, en el caso de José Carlos Mariátegui se produce un acto peculiar, cual es que por el propio contacto con los operarios y empleados del diario “La Prensa” fue asumiendo desde sus años mozos, una postura diáfanamente socialista; es verdad que al comienzo su ideología es espontánea y se diría inclusive instintiva, pero es encomiable que a los veinticuatro años ya tuviera definida su orientación socialista. Mas meritoria es aún el hecho de que desde temprano haya podido advertir la inutilidad de las doctrinas anarquistas y burguesas que por entonces estaban fuertemente en boga en el sindicalismo y en los círculos intelectuales, a tal extremo que eruditos como Prada, Abelardo Gamarra, Lévano, Fonkén fueron convencidos por las hojas ácratas.

El recorrido de José Carlos en la evolución de sus ideas tienen así claramente dos fases: la primera, que él mismo ha denominado su “edad de piedra”, el cual se contrae a los años que sirviera primero como obrero y después redactor en diversos periódicos. Es la época comprendida entre 1909 – 1919, al término del cual viajará a Europa. La segunda fase corresponde al período de 1919 a 1930, donde valiéndose de una excelente capacidad interpretativa aplica los principios de la filosofía marxista a la realidad peruana.

Como queda dicho, el primer período está caracterizado por su labor de redactor, articulista y cronista parlamentario en los periódicos: La Prensa(1909), El Tiempo (1916), Nuestra Epoca (1918) y La Razón (1919) a raíz de cuyas actividades tendrá enfrentamientos con el gobierno e incluso detenciones por la defensa de una serie de reivindicaciones sociales, entre las que destacan el movimiento de la Reforma Universitaria, la huelga por la Jornada de 8 horas, lucha por la rebaja de las subsistencias, lo que motivará inclusive su extrañamiento del país en el régimen de Augusto B. Leguía. En esté mismo período, Mariátegui escribe poemas de contenido social.

El segundo período constituye para José Carlos un momento valioso en la forma de su concepción del mundo, pues toma contacto con lo más graneado de los intelectuales de Europa, entre ellos: Barbusse, Rolland, Crose, Papini, Turati, Gobetti, D´Annunzio, Marinetti, Nitti, Sturzo, Serrato, Gramsci, Gorki, Sorel y otros, entre 1920 a 1923. Visita varios países del viejo mundo, asiste a Congresos de orientación marxista. A su retorno se incorpora inmediatamente como docente en la Universidad Popular “Gonzales Prada” para dictar clases sobre la situación del proletariado mundial, y asume la dirección de la Revista Claridad (1923), pero nuevamente es encarcelado y acusado de subversivo; en 1925 funda la Editorial Minerva y en ese mismo año, dada su indiscutible calidad es propuesto por los estudiantes de San Marcos a regentar una cátedra, cuyo ejercicio se lo niegan por mezquindades; en 1927, polemiza con Luis Alberto Sánchez en torno al problema del indio y el mismo año es detenido e internado en el hospital “San Bartolomé” bajo la acusación de preparar un complot; en 1926, funda la revista Amauta donde publica entre otras cosas la serie de artículos que luego aparecerá en los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana; contribuyen en la revista intelectuales europeos, norteamericanos, latinoamericanos y peruanos; en 1928, interviene en la formación del Partido Socialista del Perú y ese mismo año funda el periódico Labor; en 1929, organiza la Confederación de Trabajadores del Perú.

En este mismo trecho puede notarse en el Amauta la vena marxista de sus artículos. Salen a publicidad dos libros de Mariátegui: inicialmente La Escena Contemporánea (1925) y Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (1928).

Su Filosofía

Incuestionablemente la filosofía que profesa José Carlos es el materialismo dialéctico, cuya versación esta trasuntada no sólo en su obra cimera: Los 7 Ensayos, sino en otras como Defensa del Marxismo, que se publicó póstumamente en 1934. Con posterioridad a su fallecimiento (1930), sus herederos publicaron las obras completas del Amauta, reuniéndolas con diversos nombres, entre las que están: El Alma Matinal y Otras Estaciones del Hombre de Hoy (1950); La Novela y la Vida (1955); El Artista y la Epoca (1959); La Historia de la Crisis Mundial (1959); Signos y Obras (1959); Temas de Nuestra América (1960); Temas de Educación (1970); Ideología y Política (1969), Cartas de Italia (1969); Peruanicemos el Perú (1970), Figuras y Aspectos de la Vida Mundial (3 tomos) (14970).

Del conjunto de estas obras –sin contar los 7 ensayos- es en La Escena Contemporánea y en Historia de la Crisis Mundial, donde puede captarse su destreza en el manejo del Materialismo Histórico y del socialismo científico. En Temas de la Educación y en Idelogía y Política se refleja meridianamente el excelente manejo de la correlación de estructura y superestructura.

A la muerte de Mariátegui, algunos intelectuales con el propósito de echar sombras sobre el bien ganado prestigio de nuestro ensayista, surgieron voces aisladas denominándolo “populista”, “bergsoniano”, “soreliano”, etc. Tal es el caso de Mirochevski, que al haber leído en los 7 Ensayos una encendida defensa del aborigen, apresuradamente califica a Mariátegui de “populista”; a pesar de que José Carlos en ninguna página sostiene que el campesinado puede ser la clase social conductora de la revolución; de otro lado, Robert Paris quiere ver en Mariátegui un “soreliano”; Haya de la Torre lo ha motejado de “europeizante”; Víctor Andrés Belaúnde lo tilda de “ortodoxo” y Juan José Vega, magnificando las menciones que hace el Amauta sobre Sorel, Bergson y Nietzsche, ha querido demostrar que Mariátegui en verdad no es tal marxista, sino una suerte de ecléctico o idealista, no faltan pensadores que quieren despojar a José Carlos de su filiación marxista, para destacar en él que era mítico y religioso.

La Evolución de la Sociedad Peruana

Para Mariátegui el incanato fue una sociedad de economía comunista agraria que tenía asegurado el bienestar material de sus habitantes. Al irrumpir la conquista, sobre esa economía de carácter colectivista, los españoles implementaron un modo de producción distinto: el feudal, incluso mal articulado, porque sus protagonistas no fueron individuos aptos para hacer brotar una economía progresiva, antes bien lo conformaron personas entrenadas para actividades militares o religiosas. España reemplazó así la comunidad con el latifundio de cepa individualista, pero aún así las comunidades subsistieron al lado del latifundio y con el correr del tiempo fueron lo único positivo que quedó de la sociedad colonial, en tanto que el latifundio se desarrolló a su lado, prolongándose nocivamente hasta el período republicado, con grave detrimento para nuestro desarrollo, porque será un factor retardatario para la inauguración de un modo de producción burgués como hubiera sido de esperar.

Si bien es verdad que algunos rasgos del modo de producción capitalista se manifestaron después de la emancipación, pero la aparición de esas señales no fue fruto del crecimiento de las fuerzas productivas propias de nuestro medio. Obedeció más bien a intereses foráneos de los británicos que querían contar a nuestro territorio como una suerte de mercado y por otro lado, ciertas fracciones de clases sociales estimaban a la metrópoli colonial como una traba que debía ser reemplazada. Por ello, en el Perú no se asistió a ningún proceso revolucionario burgués de tipo feudal, pues ningún grupo pudo alzarse como interesado en el desarrollo capitalista. Es que la clase terrateniente continuó influyendo en el manejo del poder. Por esa razón cuando se inaugura el período republicano, los gobernantes dejan intacto el latifundismo, de manera que no pudo florecer sobre este aparato ninguna institución de corte capitalista.

Como secuela de la organización colonial, el Perú siguió explotando la tierra y la mina hasta mediados del siglo XIX, en que se presenta la posibilidad de disfrutar los recursos guaneros con los que algunas fracciones de clase se enriquecen y logran organizarse en una burguesía incipiente. Pero la guerra con Chile nuevamente nubló el porvenir de nuestra nación al quedar endeudada. Sólo al amanecer del siglo XX empezará a recuperarse, siempre bajo la dirección de una casta terrateniente que esta vez entró en alianza con el imperialismo para hipotecar nuestros recursos naturales y armas una economía de exportación.

Caracterización de la Sociedad Peruana

Mariátegui tipifica la sociedad nuestra como semifeudal fundamentándose en que la actividad más importante es la agrícola y en el hecho de que en el campo predominan las relaciones de servidumbre. Si bien es verdad que  nuestras instituciones se preciaban de ser democráticas, mas esto sólo existía en lo formal, ya que incluso en la franja de la costa donde se afirmaba que empezaba el capitalismo no ocurría tal cosa, porque supervivían sistemas propios de la servidumbre. En el feudo continuaba administrando el gamonal. Al margen de las disposiciones de la metrópoli, al extremo de no permitir siquiera la actividad comercial dentro de la hacienda. Empero lo paradójico del caso es que en medio de esta asfixiante feudalidad las comunidades continuaban desenvolviéndose y produciendo aun mejor que en las propias haciendas.

Pero la sociedad peruana no es sólo semifeudal, es también  semicolonial por que tanto Inglaterra como Norteamérica redujeron al Perú a una condición tal de impotencia para el autodesarrollo, que no podía encontrar salida para su desenvolvimiento autónomo por la vía capitalista; muy al contrario, el Perú fue constreñido como una especie de depósito de materias primas para el beneficio del mercado capitalista exterior. Por otro lado, la clase terrateniente, en lugar de optar por el salto cualitativo a un modo de producción burgués, se circunscribió a servir de intermediario a favor de empresas imperialistas o dueñas de los enclaves.

Sobre el Problema de la Nación

La coexistencia en nuestra patria de dos espíritus opuestos, no permite galvanizar el sentimiento nacional; los unos, denominados criollos, siguen sintiéndose hispanos como recuerdo del pesado lastre de la dominación ibérica; los otros, los aborígenes, mantienen lazos fuertes hacia lo telúrico sin poder participar de los adelantos de la tecnología, porque se sienten discriminados por quienes en nombre de la cultura los desprecian, cual si fuesen nuevos conquistadores. Esta sobrevaloración de los criollos dimana también del espíritu feudal que en el Perú está asociado a la condición de clase gobernante o poseyente desde la época de la conquista, con desmedro del indígena a quién se le mira como un paria.

La oposición de esos dos espíritus, según nuestro ensayista será superada cabalmente luego de la socialización de los medios de producción que colocará a los peruanos en condiciones realmente democráticas. Pero esto sobrevendrá todavía con el socialismo.

Sobre el Carácter de la Revolución

En el Perú, a decir de José Carlos, ya no es hora de hablar de revoluciones burguesas, pues la época propicia para este tipo de acciones ya pasó. Ahora lo único que queda es transitar del régimen semifeudal al régimen socialista; lo que significa que la revolución ya no la podrán dirigir los capitalistas sino las clases marginadas, debidamente organizadas en una alianza obrero campesina bajo una dirección proletaria. Tampoco es momento de invocar el retorno a la dorada época del Tawantinsuyo, porque las nuevas técnicas creadas por la humanidad no compatibilizan con estadios económicos ya superados.

En el Perú, a decir de José Carlos, ya no es hora de hablar de revoluciones burguesas, pues la época propicia para este tipo de acciones ya pasó. Ahora lo único que queda es transitar del régimen semifeudal al régimen socialista; lo que significa que la revolución ya no la podrán dirigir los capitalistas sino las clases marginadas, debidamente organizadas en una alianza obrero campesina bajo una dirección proletaria. Tampoco es momento de invocar el retorno a la dorada época del Tawantinsuyo, porque las nuevas técnicas creadas por la humanidad no compatibilizan con estadios económicos ya superados.

El Papel de las Clases Sociales

Mariátegui fue claro en desconfiar de la burguesía nacional y la pequeña burguesía tratándose de movimientos revolucionarios, pues ambas miran sólo a occidente y sus proezas; dan las espaldas al Perú profundo; de ahí que al campesinado que constituye las cuatro quintas partes del país no le toca sino realizar la hazaña heroica de la revolución, premunido de una conciencia de clase proletaria, que debía asimilar a través de la práctica política y la teoría en su propio idioma. Así se organizaría el Frente Unico de clases oprimidas, bajo la conducción de una vanguardia proletaria.

Tales son los temas centrales que Mariátegui contribuyó en su afán de ver la construcción de una patria nueva. Para diferenciarse claramente de las tesis confusionistas del APRA en torno a las clases medias, subrayaba:

“Política y socialmente, la clase media, la pequeña burguesía, han jugado siempre un papel muy subsidiario y desorientado en el Perú. El proletario manual, que, por nuestro escaso industrialismo, tenía que desprenderse penosa y lentamente de la tradición degenerada del artesano, empezó a afirmar su sentimiento y su autonomía de clase, en una época en que la mesocracia carecía del menor atisbo ideológico” (6).

CITAS DE LA TERCERA PARTE

  • Piedad  Pareja. En: Anarquismo y Sindicalismo en el Perú, p. 50.
  • Joaquín Capelo. En: Sociología de Lima, Tomo II.
  • José Carlos Mariátegui. En: Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, p. 206
  • Guillermo Rouillón. En: La creación heroica de José Carlos Mariátegui, Tomo I. La Edad de Piedra. Cap. II
  • Adalberto Dessau. En: Literatura y Sociedad en las obras de José Carlos Mariátegui, artículo inserto en la Obra Mariátegui: Tres Estudios de Antonio Melis y otros. P. 71
  • José Carlos Mariátegui. En: Ideología y Política, pp. 190-191

CUESTIONARIO DE REAJUSTE: III PARTE

  1. Consulte con el Materialismo Histórico y diferencie las categorías: “Proletariado” y “Campesinado”.
  2. ¿Puede el Campesinado considerarse un componente de la Pequeña Burguesía?
  3. ¿Qué clases sociales son consideradas “Dominantes” en nuestro País?
  4. ¿Cuándo penetra el capitalismo monopólico en el Perú?
  5. ¿Bajo qué nombre o rubro se agruparon los sectores de la clase dominante?
  6. ¿Qué  matices podemos encontrar dentro de los sectores de la Pequeña Burguesía en el período 1850 – 1950?
  7. ¿Bajo qué ideología se gobernó el proletariado peruano en sus inicios?
  8. ¿Ha desaparecido la clase “terrateniente” con la Reforma Agraria 17716?
  9. ¿Qué connotaciones tienen en el Perú la categoría “Gamonalismo”?
  10. ¿Qué diferencias puede establecerse entre “Yanacona” y “Siervo”?
  11. ¿A qué clase social sirve mayormente la Filosofía en el Perú?
  12. Establezca dos diferencias entre “Ideología” y “Filosofía”.
  13. Señale tres razones por  las cuales el “Gamonalismo” peruano se resistió el siglo pasado a transitar al modo de producción capitalista.
  14. Señale tres razones por las que el “Civilismo” se alió al “Gamonalismo” después de la Guerra con Chile.
  15. Indique por qué motivos, al  iniciarse la república no existió una clase social orgánica predispuesta a desarrollar una formación económico-social burguesa.
  16. Precise dos diferencias en el pensamiento de Alejandro O. Deústua y Manuel Vicente Villarán en torno al problema de la educación nacional.
  17. Señale dos diferencias sobre el problema del indio, en el pensamiento de José Carlos Mariátegui y Víctor Andrés Belaúnde.
  18. ¿Qué posición adoptaron los indigenistas sobre el proletariado peruano?

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ENSAYO

Las Ideas y la Ideología en el Perú

LAS IDEAS Y LA IDEOLOGÍA EN EL PERÚ

Por Jaime Cerrón Palomino

Ofrecer al lector la diversidad de doctrinas y corrientes de pensamiento que se han difundido en el período republicado de nuestra historia implica necesariamente ingresar al plano de las ideas y definir lo que se entiende por ideología.

Resulta que las ideas, según Federico Engels (1), obedecen a ciertos móviles, generados unas veces por objetos exteriores y otras por ambiciones personales, es decir, por factores subjetivos. Sin embargo, el descubrimiento de esos móviles no es lo fundamental. Hay necesidad de revelar los resortes que se mueven detrás de esos móviles, porque esos resolver, constituyen las fuerzas determinantes que hacen que los hombres actúen históricamente. Así pues, todo aquello que circula en la cabeza de los hombres, son al final de cuentas, efecto de causas materiales, que son presentadas por pensadores o profesionales de la filosofía bajo un ropaje ideológico e incluso fantástico.

Ahora bien, el estudio de las ideas o teorías que recorren en el medio social, es de interés para todos nosotros, porque al encontrar una heterogeneidad de criterios en torno a problemas cardinales, como el progreso de una nación o las causas de su atraso, la cultura acumulada por una élite frente a la abultada ignorancia de sectores marginados, la explotación de la mano de obra y la discusión acerca de las formas de abolirla, suscita obligadamente explicaciones divergentes que nos desconciertan cuando observamos que ciertas ideas plausibles son desplazadas por decisiones no siempre justificadas. Son pues ilustrativas las frases de Marx y Engels (2) cuando al analizar estos casos, señalan que las ideas de quienes carecen de los medios materiales y espirituales para producir, se someten a las ideas de la clase que tiene a su disposición los medios para producción material, por ende, espiritual. Así las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época.

La ideología que, según el filósofo francés Antonine Destutt de Tracy (1754-1836) es la “ciencia de las ideas” o según los italianos Gallupi y Rosmini “el estudio de las ideas esenciales en el ser humano”, para Marx no es otra cosa que el “enmascaramiento” de la realidad económica por las clases dominantes. Ya Maquiavelo (1469-1527), en el Siglo XVI, había advertido que muchas veces no se daba la coincidencia entre la “realidad política” y las “ideas” vertidas acerca de esa realidad política. Más tarde, Hegel (1770-1831), distingue entre: “conciencia desgarrada” y “conciencia desdichada” para indicar que la conciencia en su desarrollo histórico, sufre este disloque. Precisamente por ello, años después, Nietzsche (1844-1900) y Sorel (1847-1922) dirigirán sus esfuerzos a “desenmascarar” ideologías.

La polémica de si la ideología constituye o no una ciencia, fue dilucidada también por Wilfredo Pareto (1848-1923), para quien la ideología es una teoría no científica, puesto que no describe objetivamente la realidad social, desde que apenas es un conjunto de normas encaminadas a la acción. Empero, corresponde Kark Manheimn habernos aclarado que las ideologías pueden en unos casos ocultar y en otros revelar la realidad social, aunque es sabido que, en el caso de los pensadores al servicio de las clases dominantes, lo único que hacen es oscurecer la realidad. Quizá por ello, Sastre (1905-1980) denomina ideólogos a los filósofos no creadores, porque se limitan a explorar y explotar lo descubierto por pensadores auténticos. Para Jean Paúl no es difícil descubrir quién es filósofo y quién ideólogo. Por ejemplo, el existencialismo no pasa de ser una ideología; en cambio, el marxismo es filosofía, porque encierra ya no la sola especulación, sino la exigencia de una praxis comprometedora.

El debate de si es posible o no que brote de nuestro propio suelo una filosofía propia para resolver problemas específicamente latinoamericanos o exclusivamente peruanos ha dividido a nuestros pensadores en dos vertientes. La primera, sostenida entre otros por Augusto Salazar Bondy (3), para quienes por el estado de subdesarrollo y atraso en que viven las comunidades indohispanas no es posible elaborar una filosofía genuina propiamente americana, pero que será posible hacerla, una vez que se rompa la dominación; entre tanto lo que toca al Perú o cualquier otra república latinoamericana es “adoptar” un istmo europeo, es decir, pensar en tierra americana con los ojos puestos en Europa. La otra tendencia, formulada principalmente por César Guardia Mayorga (4), para quien, tomando las ideas troncales del materialismo histórico, concluyen que la filosofía no puede tener una etiqueta nacional o continental porque aspira a descubrir leyes de carácter universal, válidas para el conjunto de la realidad objetiva, en su propósito cada vez más creciente de acercarse a la verdad.

En efecto, lo expuesto por Guardia, es cierto, porque las tesis atomísticas dadas por Demócrito en la Grecia antigua o la teoría heliocéntrica sustentada por el polaco Copérnico no han sido aprobadas sólo por la hélade esclavista o por la Polonia de los tiempos modernos. El régimen de castas aplicado diestramente por los esclavizadotes de Egipto y la India no han servido sólo para Oriente, han sido también puestas en práctica por los peninsulares en la superficie americana y defendido ardorosamente hasta muy entrada la república tanto por Bartolomé Herrera como por Deústua, Riva Agüero, Belaúnde y García Calderón.

Si la humanidad que aún vive oprimida en gran parte del globo anhela lograr la liberación de las condiciones desfavorables en que se desenvuelve, lo interesante no es conseguir que la filosofía sea inéditamente peruana o americana. Lo que importa es interrogarse a quién sirve la filosofía o en su defecto la ideología. En este sentido, por la misma bifurcación abismal subsistente entre las clases sociales en nuestro país, lo inmediato es discutir qué ideologías estuvieron y están todavía al servicio de los opresores y cuáles en cambio, se han preocupado por alcanzar superiores condiciones de vida. Es bajo esta óptica que el presente trabajo. Ofrece el pensamiento de nuestros estudiosos connacionales, divididos atendiendo a su extracción, situación y posición de clase en tres segmentos.

EL PENSAMIENTO ARISTOCRATICO-FEUDAL PRO-IMPERIALISTA. EL PENSAMIENTO PEQUEÑO-BURGUES PRO-IMPERIALISTA. EL PENSAMIENTO SOCIALISTA E INTERNACIONALISTA PROLETARIO.

La ideología aristocrático-feudal pro-imperialista tienen como exegeta en una primera instancia al clérigo y fogoso orador Bartolomé Herrera Rodríguez (5) quien se opone tenazmente a la intrusión de las ideas precapitalistas formuladas por Benito Laso, los hermanos Gálvez y otros. En una segunda instancia, la ideología será asumida por los eruditos del “Civilismo”, que después de mostrar una fugaz simpatía por el positivismo, recalarán en los diversos matices del pensamiento espiritualista. Intérpretes de esta fase vienen a ser: Javier Prado Ugarteche, emparentado al linaje de los Prado; Joaquín Capelo, proveniente de la mesocracia; Manuel Vicente Villarán, vinculado a los círculos oligárquicos; pero quienes abogarán vehementemente por alargar el espíritu virreinal serán: Alejandro O. Deustua, gonfalonero de la vieja mentalidad aristocrática; Víctor Andrés Belaúnde que en todo momento reflejó su culto nostálgico de lo virreinal; José de la Riva Agüero, de aliento colonialista, concertador y tradicionalista; Francisco García Calderón, de ánimo más bien hispano que peruano. Un tercer momento constituye el ideario difundido desde fines de la segunda guerra mundial por Mariano Iberico Rodríguez, Carlos Cueto Fernandini, Alberto Wagner de Reyna, Honorio Delgado, Luis Felipe Alarco, Walter Peñaloza Ramella, Francisco Miró Quesada y otros, que preferirán guarecerse en los áridos territorios de la Filosofía Analítica, la Epistemología, el Neopositivismo, la Lógica Lingüística y el Neorrealismo para gestar un conjunto de trabajos que eluden la discusión de temas sociales de palpitante interés nacional y ecuménico, optando por “oscurecer” el horizonte de visibilidad de las clases a quienes corresponde el futuro, al remitirse exclusivamente a la preocupación rigurosa de la “verificabilidad” de las proposiciones, al análisis de los conceptos, desde una operación lógica, que no admite porque así lo impide la Fenomenología – el cotejo con lo que sucede empíricamente y objetivamente. Estos filósofos, por otro lado, están imposibilitados para proponer ideologías favorables a la liberación de la clase obrera, del campesinado y de los sectores pequeño-burgueses, porque en su afán de mantener su propia heredad transmitida desde la colonia o como defensores de quienes ostentan esos privilegios, han ensamblado sus intereses con los del imperialismo, socio que no permite el desarrollo de una industria nacional autónoma a los pregoneros de un pretendido sistema burgués nativo. En su ansia de enmascarar la realidad, apelan a tesis de la trasnochada escuela humanista para paliar –según palabras de Marx (6)- en todo lo posible, las contradicciones de clase. Si bien deploran las penalidades del proletariado y campesinado, así como el desmedido lucro amasado de los burgueses, se concretan a aconsejar a los obreros a ser sobrios, producir más y tener pocos hijos.

La ideología pequeño-burguesa pro-imperialista, se ha manifestado a través de diversos rostros: por el canal del indigenismo, por la vía del anarquismo y anarco-sindicalismo; a través del aprismo, por el camino del socialismo de Luciano Castillo, del Social-progresismo de Augusto y Sebastián Salazar Bondy, y de otras ideologías de corte reformista y populista. Sus principios fueron vertidos a través del ensayo, la poesía, la novela y la literatura en general. En los indigenistas expresó el deseo de ver libres de las amarras del gamonalismo, al aborigen productor de la sierra. Unos como Clorinda Matto de Turner, asumieron una postura paternalista, dotada de moralismo y resignación cristiana o como Narciso Aréstegui que solicitaba un “piadoso” trato para con el indio. Otros como Luis E. Valcárcel, serán esos baluartes de todo lo producto en el período prehispánico, descollarán de los incas el nivel de la infraestructura generada a lo largo del Tawantinsuyo y demandarán la preservación de lo nativo, en su folklore, idioma, arte y medicina natural. Para Valcárcel y los de la Asociación Pro-Indígena los antiguos habitantes del Perú crearon una civilización igual o mejor que las culturas occidentales, de ahí que velaban contra su mixtificación, cuidaron que no se depredaran las fortalezas. Un tercer grupo de indigenistas constituido por José Uriel García e Hildebrando Castro Pozo, reconociendo la imposibilidad del retorno a un modo de vida tawantinsuyano, empezarán a dar sugerencia para transitar a sistemas superiores al capitalismo, aprovechando el espíritu solidario y fraterno de los Ayllus, para arribar, por ejemplo, a formas cooperativas o socialistas de producción. En la misma vertiente se hallará José Antonio Encinas, que desde el plano jurídico y en tono más sincero que Manuel Vicente Villarán, alentará una legislación tutelar a favor de los indios. Por esos mismos años, Luciano Castillo, fundará el Partido Socialista de matiz populista y nacionalista para diferenciarse del Partido Comunista.

Con más agitación y beligerancia que los indigenistas se presentará en la escena peruana el movimiento anarquista, anarcosindicalista, animado por obreros gráficos, panaderos, textiles, portuarios y de otros oficios que tuvieron como conductores a Manuel y Delfín Lévano, Carlos Barba, Carlos del Barzo, Florencio Aliaga, Luis Felipe Grillo, Abraham Gomero, Romilio Quesada y otros. El esfuerzo y sacrificio demostrados por estos trabajadores conquistará para el Perú después de memorables luchas la Jornada de 8 horas, acción que marca una etapa importante en la formación del movimiento proletario urbano, y que seguidamente permitirá movilizar a las masas en pro del abaratamiento de la subsistencia. En estas hazañas intervino como guía y animador el ensayista Manuel Gonzáles Prada.

Pero la proeza pequeño-burguesa más encandilada se registra en 1928, cuando Haya de la Torre decide fundar el Partido Nacionalista Libertador Peruano, al modo de Kou Min Tang chino o el partido laboralista inglés, que más tarde se conocerá como PAP (Partido Aprista Peruano). El desarrollo de esta agrupación política es la más conocida en los medios sindicales, universitarios, profesionales, políticos y académicos, por cuanto abraza seis décadas de existencia pletórica en sus primeros años de acciones heroicas, con secuelas de exilio, muertes, cruentas represiones; pero al mismo tiempo, en la otra cara de la medalla, nos mostrará la faz de sus veleidades y claudicación de sus primigenios principios, primeramente con su acercamiento a los plutócratas de la república oligárquica supérstite y luego su entendimiento con el imperialismo norteamericano. De allí el carácter pro imperialista de este movimiento, que generó en sus propias filas un descontento radical, determinando que parte de sus jóvenes en más de una vez intentaran retomar los originales postulados o decidieran como Luis de la Puente Uceda a levantarse en armas. Desde el punto de vista del materialismo histórico lo acontecido con el partido aprista no es un fenómeno singular. Es el curso más o menos regular que le depara a todo partido pequeño-burgués, no pudiendo acentuarse su radicalización frente al imperialismo, lo que le quedaba era insertarse dentro del radio de los intereses del capitalismo monopólico.

Con los desencantados del partido aprista, aparecieron nuevas agrupaciones como Acción Popular, Democracia Cristiana y otros de corte reformista. Pero otro punto interesante que marca nuevamente la frustración pequeño-burguesa, lo constituye la formación del Movimiento Social Progresista, organizado por Augusto y Sebastián Salazar Bondy, José Matos Mar, Germán Tito Gutiérrez, Alberto Ruiz Eldredge y otros intelectuales dedicados a la investigación social histórica y económica. Fue forjado en 1956 y postuló a las elecciones de 1962, pero dado el impacto de la revolución china y cubana, no tuvo mayor acogida y terminó desintegrándose. Su ambivalencia frente al imperialismo y las transnacionales y su programa aparentemente neutro, lo convertían en los hechos, en sustentadores del régimen imperante y del establishment.

Termina el texto con la inclusión obligada del pensamiento socialista e internacionalista proletario, inspirado por José Carlos Mariátegui, para quien las penurias existentes en el país sólo serán superadas a través de una legítima lucha antiimperialista y antifeudal, para avizorar lo cual hay que tomar la ideología universal del pensamiento marxista, asumiendo posiciones de clase y de partido, sin olvidar la postura nacionalista en oposición al imperialismo.

En esta misma dirección difunden a sus ideas una pléyade de historiadores como Pablo Macera, sociólogos como Julio Cotler, arqueólogos como Guillermo Lumbreras, economistas como Ernesto Yepes del Castillo y filósofos como César Augusto Guardia Mayorga y José W. Lora Cam, para citar sinópticamente.

LA IDEOLOGIA ARISTOCRATICO-FEUDAL PRO-IMPERIALISTA

Denominados ideología aristocrática-feudal pro-imperialista, al conjunto de la producción teórica, preparada y trasmitida por los intelectuales orgánicos de las clases dominantes del país, a través de sus dogmas, ensayos y planteamientos, en su afán de dilatar los privilegios que sus castas habían alcanzado en el período virreinal, propósito que al entronizarse el imperialismo, será objeto de mixtificación y yuxtaposición de intereses, para extender el aliento y la acción de un sistema económico y social que no permitirá el desarrollo de un capitalismo independiente; muy al contrario, fomentará la reafirmación de un régimen semifeudal y semicolonial.

En efecto, producido en 1821, el rompimiento de la dominación que España ejerció sobre nuestro territorio, sin la asunción al poder de una moderna clase que fuera capaz de promover condiciones para la instauración de un superior modo de producción, el espíritu y la praxis de un servilismo y fidelidad obsecuente con la corona por parte de los criollos, no se hará esperar. Un nuevo reacomodo de los distintos sectores sociales habrá de manifestarse. Es así que gamonales serranos, rentistas urbanos, capas de comerciantes, clérigos de diferentes órdenes, profesionales liberales, artesanos y caudillos militares se aunarán para reproducir y prolongar las tradicionales relaciones de producción servil que presidieron el coloniaje. Hace poco, un estudio realizado por Dennos Gilbert (7) ha demostrado que gran parte de nuestro país se había reducido a enclaves semifeudales, en los cuales grandes terratenientes ampliaban sus imperios a expensas de las tierras comunales de los indígenas, los mercaderes extranjeros asumieron la actividad comercial de importación y exportación en las décadas de 1830 y 1840, la política nacional pasó a un estado de caos, permitiendo que los jefes castrenses desafiaran y desplazaran continuamente a los gobiernos instituidos en Lima. Esta situación continuó sin modificaciones hasta la era conocida por los historiadores como la “Época del Guano” (1840-1879).

Al interior de la sierra y a lo largo de las haciendas, el gamonalismo que, según Manuel Burga y Alberto Flores Galindo (8), se había convertido en un poder local con fuerzas cuasi-militares propias de un señorío feudal de parroquia, proseguía cultivando un despotismo despiadado en contra de los siervos y usurpando tierras no obstante de que el latifundio, por su pésima administración técnica le depararía sólo escasa productividad, baja rentabilidad y lo que es peor, gran derroche de fuerza de trabajo.

En el otro extremo, el Estado, según las palabras de Jorge Basadre (9), estará asechado constantemente por las ambiciones militares que observando el vacío social que habían dejado los aristócratas peninsulares y sus acólitos al abandonar nuestros suelos en el tramo de la emancipación, encontrarán la oportunidad propicia para tácitamente adjudicarse la administración gubernamental por casi todo el siglo XIX. Era pues prácticamente la institución mejor articulada que empleó coyunturalmente su prestigio alcanzado en las guerras de la independencia.

Dado que el régimen económico-social dominante del coloniaje no fue sustantivamente alterado, resulta iluso pensar que personas faltos de talento empresarial, con una larga costumbre formada sólo para llevar un estilo de vida opulento inspirado en los modelos europeos, pudieran dar inicio a un florecimiento industrial. Al contrario, la época del guano no nos dio empresarios y su influencia en el desarrollo económico en general fue negativa, ya que la alternancia que se registró entre civiles y militares en cuanto al control del aparato estatal, lamentablemente derrochó la caja fiscal en la remuneración a las abultadas filas del Ejército y la burocracia, en la consolidación de la deuda nacional, en la compensación a los hacendados por la manumisión de los esclavos negros, en la construcción de ferrocarriles. Mientras esto ocurría a nivel del usufructo de la administración central, el sector privado se satisfacía con una profusa importación de artículos de lujo. Había pues en las urbes una ausencia completa de manufacturas y fábricas, en tanto que en la sierra el latifundio no explotaba la tierra en todas sus áreas, los artículos de pan llevar tenían que ser solicitados a Chile y Ecuador. En una palabra, quienes gobernaron en la época del guano no instalaron ninguna infraestructura que posibilitara el crecimiento económico.

Siendo esta la fisonomía real de nuestra nación en lo estructural, es obvio concluir que, en la esfera de la superestructura, no asomara tampoco cambios fundamentales. Si bien, a imitación de Europa, a través de sus discursos jacobinos algunos liberales se desvivían en el Congreso Constituyente para darnos una legislación de corte democrático-burgués, al final sólo conseguirán en las asambleas triunfos “formales”. Ello explica por qué a pesar de los esfuerzos demostrados por Benito Laso, los hermanos Gálvez y otros tribunos, para derrotar a las fuerzas conservadoras nucleadas tras el verbo y la estrategia de Bartolomé Herrera, no lograrán posibilitar un modo de producción burgués.

Es verdad que, en 1871, a decir de Ernesto Yepes del Castillo (10), cerca de catorce mil personas, compuestas por burgueses incipientes, profesionales liberales, artesanos e incluso operarios de todo género, fueron movilizados en Lima con el propósito de contrarrestar el auge del inconstitucionalismo castrense. Este movimiento liderado por Manuel Pardo, descendiente de la aristocracia de sangre, talento y dinero, suscitó la formación del Partido Civil como antítesis de la arbitrariedad militar, con la expectativa de ingresar de lleno a la formación de una política precapitalista de producción. Para ello, ideológicamente se sirvieron de los fundamentos de la filosofía positivista, que deparaba para la mentalidad burguesa todo un futuro provisor.

El civilismo que inicialmente, en 1872, asumiera el poder con Pardo y luego de interrupciones volviera a dirigir, logró después del enfrentamiento con Chile, entre 1899 a 1912, controlar la maquinaria del Estado a través de los regímenes de López de Romaña, Manuel Candamo, José Pardo y Augusto B. Leguía.

En todo este trecho difundió en los círculos elitistas y en las aulas de San Marcos la ideología de la burguesía triunfante de Francia, por intermedio de Javier Prado Ugarteche, Jorge Polar, Alejandro Maguiña, Clemente Palma, Carlos Listón, Joaquín Capelo, Carlos Wiesse, Mariano H. Cornejo. Manuel Vicente Villarán y otros juristas, pero usando como conductores ideológicos no a Comte, que fue declaradamente anticlerical, sino a Spencer, Fouillée, Boutrox y Eucken, que predicaban sólo un positivismo “idealista”, dejando a la religión la explicación del dominio de “lo incognoscible”.

La actitud pusilánime de estos pensadores respondió a su extracción y situación de clase, pues muchos de ellos provenían de una aristocracia rentista ligada en alguna forma a la propiedad terrateniente, de ahí que no propagaron con el suficiente entusiasmo que el momento requería y más bien retornaron a la ideología que su élite ejercitaba desde la colonia. Por ello, no serán consecuentes con el impulso positivista y una vez instalado el imperialismo en nuestro suelo unos se apearán al pragmatismo norteamericano como lo hicieron Joaquín Capelo y Manuel Vicente Villarán, y otros, como Javier Prado Ugarteche, retornarán por sus convicciones místicas y de clase, a la ideología clerical-feudal.

El civilismo no pudo, en consecuencia, hallar el despegue que habían planificado sus programadores. La clase rentistas nucleada a través de las riquezas del guano se dedicó a la especulación de valores y la propiedad urbana; si bien se emprendió con la política de construcción de ferrocarriles, esta decisión implicó el progresivo endeudamiento y a la postre, sirvió más bien de infraestructura para los enclaves imperialistas. Esto explica también por qué consumada la guerra con el país del Sur, quedamos en la bancarrota económica.

La solitaria voz de protesta lanzada por Gonzales Prada no tendrá mayor resonancia en las esferas gubernamentales por encontrarse en ellas encaramados, prominentes miembros del gamonalismo andino, rentistas y consignatarios del guano y otros profesionales liberales al servicio de las castas oligárquicas.

Así es pues como en el plano ideológico, la intelectualidad oficial ensayará tímidamente la circulación del positivismo, pero dado que el compromiso de las castas latifundistas como el clero estaba fuertemente imbricado, los propios propagandistas de la filosofía burguesa de Comte – excepto Gonzáles Prada – regresarán a los dominios del espiritualismo, que esta vez se remozaba con las tesis de Bergson y Klages y lo que es peor, algunos de ellos, anclarán en las playas del fascismo. Tal es lo que ocurre con nuestros pensadores como Alejandro O. Deústua, Víctor Andrés Belaúnde, Francisco García Calderón y José de la Riva Agüero, cuyos ensayos, así como los de los positivistas peruanos exponemos en las siguientes páginas. Sin embargo, es interesante hacer notar que el positivismo le servirá a la clase terrateniente-oligárquico sólo para frenar los ímpetus de los sectores mesocráticos que pugnaban por arrebatarles formulando un serio programa reivindicativo. Capeado el temporal, la oligarquía optará por el fácil expediente de aliarse con el poder imperialista, el cual se instalaba en los enclaves mineros, petroleros, azucareros, laneros y arroceros. Esta coyunda, de hecho, impedirá que se lleve adelante la revolución democrático burguesa y, por consiguiente, el nacimiento de una industria nacional autónoma.

Desprestigiadas las cartas del civilismo y el fascismo, por el incontenible avance de la propaganda socialista bolchevique, los círculos dominantes elegirán esta vez las corrientes irracionalistas que también llegaban de ultramar. Así como, por conducto de Walter Peñaloza se difundirá el neokantismo; por acción de Carlos Cuelo Fernandini y Nelly Festín se divulgará la Fenomenología; por intermediación de Alberto Wagner de Reyna y Víctor Li Carrillo, llegará el Existencialismo; por la iniciativa de Honorio Delgado y Luis Felipe Alarco se volverá a hablar del Idealismo Objetivo; por intervención de Augusto Salazar Bondy y Arsenio Guzmán Jonquera se pregonará la Filosofía Analítica; con la participación de Leopoldo Chippo se reeditará el voluntarismo; a través de Antonio Peña Cabrera, Antonio Pinilla y Mario Alzadora, se retornará al tomismo; y por su inclinación a la Matemática, Francisco Miró Quesada traerá la Epistemología y la Lógica Moderna, aunque este último, en su afán de diferenciarse de los anteriores, argüirá ser un “ateísta nostálgico” y luego de haber intentado vanamente darle contenido ideológico al Partido “Acción Popular”, nos entregará en 1969 la tesis de una nueva ideología humanista que dice no haberse ensayado aún en ninguna parte del mundo y que sin embargo – afirma Miró Quesada – es superior al marxismo.

Jaime Cerrón Palomino (1937-1990)

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DISCURSO

Discurso del Dr. Rodolfo Cerrón-Palomino en la condecoración Honoris Causa

Texto ligeramente modificado del discurso de orden leído por el autor en ocasión de la recepción del grado de Doctor Honoris Causa que le fuera otorgado por la UNCP en sesión solemne del Consejo Universitario, presidida por el señor Rector Dr. Moisés Vásquez Caicedo, llevada a cabo el 17 de setiembre de 2019 en la sala Javier Pulgar Vidal del recinto de la ciudad universitaria. El texto debe ser tomado como una suerte de sencillo tributo intelectual a la casa de estudios, a su cuerpo regente y administrativo, a sus docentes y alumnos que la integran.

LENGUA, SOCIEDAD E HISTORIA EN EL VALLE DEL MANTARO:TESTIMONIO PERSONAL

Rodolfo Cerrón-Palomino

Pontificia Universidad Católica del Perú

Propósito. Siguiendo la tradición protocolar en ceremonias como la presente, es altamente honroso para mí dirigirme a tan benévola audiencia mediante la lectura del texto que he preparado para esta magna ocasión. Mi alocución constará de tres partes: en la primera, ofreceré un esbozo sobre mi trayectoria académica; en la segunda, que a su vez tendrá tres secciones, trataré de demostrar cómo la disciplina lingüística puede ayudar a comprender y esclarecer Mejor algunos de los problemas sociales, culturales e históricos que aquejan a nuestra sociedad. Con la venia de la máxima autoridad de esta casa de estudios, nada más oportuno que iniciar el primer tramo de mi disertación, el de mi periplo académico, recordando aquel dictum gorkiano, que aprendí de mis lecturas moceriles, cuando el novelista ruso señala que quien habla de sí mismo, miente siempre, en la desgracia, para despertar simpatías y adhesión; en la bonanza, para alimentar el ego y suscitar envidias. Procuraré, pues, ser lo más objetivo y modesto posible en los juicios y apreciaciones que siguen.

1. Profesión de fe. Pues bien, quien les habla nació en el distrito, por entonces huancaíno, de Santiago de León de Chongos, justamente al frente de esta ciudad, en la banda opuesta del Mantaro. El nombre nativo de mi pueblo debía hacer alusión a los CHUNKU, un grupo étnico (de “nación propia”) del valle del Mantaro, distinto de la etnia huanca propiamente dicha, pero integrado dentro de la parcialidad de Hanan-Huanca por TupaInca Yupanqui. Así parece desprenderse de una carta del cabildo de “los choncos de la provincia de xauxa”, escrita el 8 de enero de 1566, dirigida nada menos que al rey de España, y firmada “en el balle de los choncos y de los rreynos del Peru”, por los alcaldes Felipe Yaroconias (o sea /yaru kunya-ş/ “Yaru el Tonante”) y Antonio Yaru, “caçiques et principales de la naçion llamada chongos”, dada a conocer y transcrita por el joven historiador José Carlos de la Puente (2016). Allí nacimos, a principios de la década del 40, en el seno de una familia conocida, algo venida a menos por cuestiones típicas derivadas de la lucha por la tierra en la génesis y formación de los pequeños latifundios de la región. Estudié la primaria en el Colegio Pre-vocacional de Varones N° 516, con compañeros de clase mayormente bilingües quechua-castellano, que en las horas de recreo se sentían más cómodos con el quechua, con exclusión y hasta marginación de los pocos privilegiados que nos manejábamos solo en castellano. De toda esa etapa formativaguardo un recuerdo indeleble de las enseñanzas, en el sexto año de primaria, de mi profesor Isaac Retamozo Galván, natural de Vilca, pero afincado en Chongos. Don Isaac no era simple profesor normalista, pues tenía formación universitaria incompleta, interrumpida por la clausura de San Marcos en la época de Sánchez Cerro. Sus enseñanzas eran verdaderas cátedras y no solo en el aula sino también fuera de ella. Juzgando en frío, hoy puedo sostener que habría querido contar con profesores de esa talla en Santa Isabel. En esos tiempos no había colegio secundario en los pueblos del valle y entonces había que “pasar a Huancayo”, como se decía, para proseguir los estudios respectivos, y así lo hicimos quienes procedíamos de familias que podían solventar los gastos. La secundaria la hicimos en el antiguo colegio de Santa Isabel, que el año 1952 pasó a ser Gran Unidad Escolar, y nuestro ingreso a dicho centro coincidió, al año siguiente, con el traslado a su flamante local de Pichcos, que nos tocó inaugurar. Allí estudiamos quienes éramos marginados por los citadinos y por los naturales de los distritos de la margen izquierda del valle: allí, en los salones de clase, profesores y alumnos se burlaban de los alumnos de la banda derecha del Mantaro, y nombres de algunos distritos como Chupaca y Sicaya se habían erigido en motes, distorsionados groseramente como “Chopaca” o “Secaya”, en medio de la mofa general del resto del salón. Tuve la suerte, si así puede decirse, de que el nombre de mi pueblo no era ni siquiera conocido, ya que habían sido contados, desde su fundación, los alumnos que me habían precedido en dicho colegio, incluyendo a mi padre. Pero había una estrategia para salvar el estigma, y era que uno podíamimetizarse, ya sea entre los citadinos, ya entre los alumnos de la margen izquierda. Y así tuve compañeros que solo más tarde, ya profesionales, descubrimos que eran de Chongos Bajo, como en mi caso, o de Sicaya, como en el caso de Roberto Arroyo, conocido científico social de origen sicaíno. De mis profesores huancaínos no guardo, lamentablemente, ningún recuerdo especial, apenas quizás de dos o tres de ellos, uno de Geografía, otro de Economía Política, y un tercero de Filosofía. La mayoría practicaba y alentaba el culto de la memorización: cuanto más memorioso y paporretero era el alumno, mejor; no había, de parte de ellos, ejercicios reflexivos o críticos, menos racionalizaciones propias, improvisadas y no sacadas de los libros. ¡Qué diferencia con mi profesor Retamozo! Y así, la secundaria fue para mí una experiencia, juzgada a posteriori, bastante infructuosa y estéril. Me temo que así funcionaba el sistema educativo nacional en su conjunto, en el que toda reflexión crítica, todo análisis conceptual, estaban vedados. De esta manera, los estudiantes secundarios formábamos legiones de “chancones” que, bien abrigados, salíamos en la madrugada, libro o cuaderno en manos, paseándonos por los senderos de la gran alameda de eucaliptos que presidía el cementerio de la ciudad, tratando de memorizar apuntes y lecturas al pie de la letra, para satisfacción yengolosinamiento de nuestros profesores. Pero también en el colegio aprendimos el arte del plagio, gastando horas en preparar cartuchos de hojas en las que se transcribían las posibles preguntas de los exámenes, de las que se copiaban burlando la atención del maestro. En materia de Literatura no nos hicieron leer ni a Vallejo ni a Arguedas, con haber estado vinculado este último al colegio. Y si no fuera por la pequeña biblioteca de unos tíos míos y de la de mis amigos huancaínos Lagos, nuestra formación cultural y humanística tocaba las lindes de la barbarie, miradas las cosas desde el punto de vista occidental, se entiende. Y así, con semejante formación precaria, viajamos a la capital, en prosecución de nuestros estudios universitarios. Ingresamos en la Universidad de San Marcos el año de 1960, precisamente el mismo en el que empezó a funcionar esta honorable casa de estudios. San Marcos fue para nosotros el generoso espacio acogedor en el que pudimos sentir, por primera vez en nuestra experiencia provinciana de estudiante, un extraordinario ambiente de liberación espiritual e intelectual, desprejuiciada, de aprendizaje concienzudo y racional, superando de una vez por todas la práctica de la memorización de los contenidos que aún arrastrábamos de la secundaria. Oír las clases de connotadas autoridades del saber, de ilustres estudiosos e investigadores, muchos de ellos de nivel internacional, que hacían ciencia y arte, alentando el trabajo académico y señalando derroteros de investigación entre sus alumnos, ciertamente fue una revelación estupenda para nuestra alma provinciana y sedienta de aprendizaje. Tras los dos años de Cultura General, y habiéndonos lanzado prácticamente al vacío para estudiar únicamente la carrera de Letras, especialidad nada pragmática ni menos utilitarista, elegida hasta entonces solo por gente de solvencia económica y “bien nacida”, fuimos abriéndonos el camino a punta de lectura y estudio, y, para sorpresa creciente nuestra, con aprobación de nuestros profesores, quienes no vacilaron en incorporarnos en sus cenáculos y conversatorios, más aun habiendo descubierto en nosotros, desde las primeras clases, una verdadera vocación lingüística que, de paso sea dicho, acabó con nuestros escarceos literarios que ya habíamos dado a conocer entre profesores y camaradas de mis estudios previos de cultura general. Y así fue como, sin saber exactamente en qué consistían la Lingüística y la Filología, me inicié en estas disciplinas y, no sin sorpresa mía, devine en especialista en ellas. Mientras ello ocurría en San Marcos, esta Universidad también, en el plano socio-cultural y académico, se constituía en un verdadero crisol en el que podían fundirse las aspiraciones de la numerosa población estudiantil que, imposibilitada de cursar sus estudios superiores en la capital, podía ahora acceder al nivel de formación académica hasta entonces vedado. La creación de este recinto académico significó, por lo menos en su etapa inicial de funcionamiento, la cancelación de los prejuicios citadinos y discriminadores para con los pobladores de la margen derecha del Mantaro, que pronto lograron alinearse con los de la banda izquierda, en pie de igualdad social y económica: no más, desde entonces, los apodos toponímicos que los “emponchados de la banda derecha” tenían como estigmas marcados en la frente. Fueron muchos los profesores iniciales de esta universidad que lucharon y combatieron la ideología pequeño-burguesa de la superioridad de la capital frente a los pueblos del Valle. Uno de ellos fue nada menos don Javier Pulgar Vidal, fundador de esta casa de estudios, y en cuyo recinto, que honra su memoria, me dirijo a esta venerable audiencia. No tuve la suerte de ser alumno de don Javier cuando reingresó a SM, pero siempre admiré su extraordinaria preocupación por la suerte de nuestros topónimos locales, fichándolos celosamente, para cuyo estudio e interpretación, sin embargo, no estaba preparado, como hombre de su tiempo que fue. Para terminar con este punto, resta que digamos algunas palabras sobre nuestra adscripción a la Universidad Católica. Capturada por Sendero Luminoso en la década del 90 e intervenida luego por el ingeniero Fujimori, se perdió el espacio de reflexión y de convivencia conceptual e ideológica que era SM. El gobierno dictatorial introdujo mejoras materiales en el recinto académico, pero el nivel de las cátedras y la calidad de los profesores empezaron a fallar sensiblemente, por lo menos en el campo de las Humanidades. Luego de jubilarnos de esa casa de estudios en 1991, anduvimos peregrinando en distintos lugares, tanto nacionales como extranjeros, difundiendo nuestra disciplina no ya en el país, sino en otros espacios académicos, especialmente andinos, cuyas realidades lingüísticas comencé a estudiar e investigar. Finalmente, tras dicho periplo, anclamos en la PUCP, no sin vencer nuestras propias reticencias respecto del “abandono” de nuestra alma mater. En todo ese lapso, sin embargo, la sociedad peruana fue recomponiéndose social y económicamente, y, en consecuencia, la población universitaria también. Quiero decir que la PUCP es ahora, comunitaria y académicamente, lo que SM fue cuando me tocó ser estudiante. Para hablar solo de la lingüística, los tipos de problemas que antes eran abordados solo en SM, hoy día lo son también, y con mejor calidad y experticia, en la vieja casa de estudios de la PUCP, donde por lo menos hasta las postrimerías del siglo pasado campeaba aún el espíritu hispanizante de Riva Agüero. La lingüística al servicio de la sociedad. Tras haberme dispensado ofrecer un somero recuento acerca de mi formación como especialista en el área de la lingüística andina, séame permitido ahora tratar de explicar y justificar de qué manera una especialidad, considerada árida y difícil por los practicantes de las otras disciplinas sociales, no lo es en verdad, y, por el contrario, se presta, fuera del marco estrecho de su propia tecnicidad, a facilitar el conocimiento de la realidad en la que vivimos inmersos, ayudándonos a comprender su complejidad, y eventualmente a resolver problemas propios de nuestra cotidianeidad, tanto en el nivel individual, como en el societario, así en nuestra circunstancia presente como en el devenir de nuestra historia. En prueba de ello, quisiera referirme en esta magna ocasión, a tres aspectos puntuales que buscan demostrar de qué manera la lingüística, que no solo ha sido concebida para refugiarse en una torre de marfil (y hay, dentro de la disciplina, practicantes de este tipo de orientación eminentemente gimnástica) puede ser puesta al servicio de la sociedad. Los aspectos a los que nos referiremos tocan directamente a nuestra realidad andina, y local más precisamente, siendo el primero de carácter sociolingüístico, el segundo de naturaleza dialectológica, y el tercero de orden socio-histórico e identitario. En las secciones siguientes de mi disertación me dedicaré a elaborar sobre tales puntos. La motosidad. Pues bien, en relación con el primer asunto, el de carácter sociolingüístico, quisiera llamar la atención sobre un aspecto álgido y delicado, que llega a tocar las fibras más íntimas de la personalidad humana: el problema que enfrenta el bilingüe quechua-castellano (o el aimara-castellano, en el altiplano) en toda el área andina. Me refiero al asunto de la “motosidad”, o del hablar “mote con cancha”, como graciosa, pero prejuiciosamente, se lo ha llegado a estereotipar en nuestras sociedades andinas. Un fenómeno que, cuando se lo examina y analiza fríamente, libre de prejuicios y de preconcepciones, resulta natural y espontáneo allí donde entran en contacto pueblos de lenguas distintas, ya que los sistemas lingüísticos que adquirimos en el hogar y en el seno de la sociedad donde nacemos modelan y tipifican nuestros hábitos articulatorios y nuestros esquemas morfo-semánticos, de tal modo que, enfrentados a situaciones ajenas a la propia experiencia vital, nos sentimos imposibilitados de adecuarnos a otra experiencia idiomática, totalmente novedosa, o peor aún, socio-culturalmente inasible yen ciertos casos vedada. Sin embargo, en el contexto de la sociedad colonial andina, de naturaleza estamental, y en el de la república aristocrática sucedánea cuyo bicentenario estamos a punto de celebrar, el fenómeno natural de la interferencia lingüística asume fuertes connotaciones discriminatorias, al margen de su naturaleza normal y esperable, para disfrazarse de argumentos no solo de orden étnico-racista sino también intelectivo y facultativo. Según esta actitud distorsionada de una realidad normal y espontánea (lo anormal sería que no tuviéramos tropiezos en el aprendizaje de una segunda lengua), los problemas fonéticos (confusión de las vocales /i, e/ y /u, o/) y gramaticales (las discordancias de género y número) que enfrenta el quechua-hablante al aprender el castellano se deberían a su natural incapacidad intelectual, a sus prácticas culturales silvestres y a los efectos de su embrutecimiento por el consumo de la coca y del aguardiente, entre otras debilidades supuestamente congéneres y hereditarias. Elevada dicha actitud a la condición de estereotipo por los grupos de poder establecidos y por el sistema educativo normativo imperante, de él no se han librado ni los próceres y fundadores de nuestras repúblicas, como fue el caso del presidente de la Confederación Perú-boliviana, el mariscal don Andrés de Santa Cruz, por el hecho de haber nacido en el Cuzco y de haber tenido como madre a una potentada cacica aimara. Basta con leer las redondillas que le endilga el aristócrata Felipe Pardo de Aliaga (“¿porqui boscas la Pirú?”, etc.), cuando regresa de España al Perú ya emancipado, tras haber huido allá en plena lucha emancipatoria, para hacerse cargo de las profundas e irrestañables pullas lanzadas contra el ilustre patriota. Estamos hablando del mismo estigma del que son víctimas quienes aprenden el castellano en una realidad social y cultural hondamente fracturada como la sociedad peruana y andina en su conjunto, en medio de una atmósfera de violencia y de discriminación, alentada incluso por nuestros medios de comunicación masiva. Sobra señalar que esta violencia idiomática fue, y seguramente sigue siendo, una práctica corriente en las escuelas y colegios de nuestro medio, aquí en el Valle del Mantaro, con profesores normalistas traumatizados por haber sufrido semejante humillación y desprecio. Hay que recordar que esto mismo ocurría aquí en esta universidad, fundada como comunal, que tuvo la virtud de abrir sus puertas a los “cholos emponchados de la banda derecha”, como diría un profesor de la región. Y quienes ejercían de verdugos eran gente venida de la capital que, sin entender el problema en su verdadera raíz, recurrían a la mofa y a la sátira de sus propios alumnos, ridiculizándolos y ejerciendo con fruición su rol estigmatizador (como cierto profesor de triste recordación, que se jubiló en esta universidad sin haber escrito un párrafo sobre la realidad lingüística de la región). Lo denunciamos muchas veces aquí en Huancayo, en conferencias y en publicaciones que luego trascendieron las fronteras del país y se instalaron en todos los pueblos andinos (cf. Cerrón-Palomino 1975). Y así, cuando se nos acercaron espontáneamente universitarios bolivianos para agradecernos por haber salido en defensa de los “motosos” del Ande, advertimos por primera vez de qué manera el trabajo lingüístico, más allá de sus tecnicismos, puede ser verdaderamente liberador, proyectándose sobre una sociedad discriminadora, erigida sobre la base de un conjunto de prejuicios y malentendidos. Para terminar con este punto, me limitaré a dar un solo ejemplo: los últimos hablantes de la lengua uro, con quienes trabajé por más de diez años en las mesetas de Oruro, manejan una lengua que tiene cinco vocales, como la castellana, de manera que cuando aprenden esta lengua no tienen ningún problema de “motosidad”.Los problemas surgen cuando una lengua, como la quechua o la aimara, solo tienen tres vocales, frente al castellano penta-vocálico. De allí que, en nuestro caso, cuando aprendemos inglés o francés, o cualquier otro idioma occidental, “motoseemos” inevitablemente, pues estas lenguas poseen más vocales que la castellana. El asunto de los problemas de aprendizaje de una segunda lengua es, pues, universal, y de ellos no se libra nadie; y conste que, en estos menesteres, no juega ningún rol la inteligencia y sí la pura habilidad de los dotados lingüísticamente. Dialectología quechua. El segundo tópico anunciado que abordaremos es el de la dialectología quechua de la región, más específicamente de la del Valle del Mantaro. Apenas estudiada por primera vez solo en la primera quincena del siglo pasado, como ocurrió con las demás variedades centrales y sureñas no cuzqueñas del quechua, la variedad huanca permaneció completamente invisibilizada y librada a su suerte en labios de sus hablantes desde los tiempos de la colonia, debido a la entronización del dialecto cuzqueño como la lengua quechua por excelencia. De allí que debemos celebrar el punto de quiebre que significó la aparición de los trabajos lexicográficos y gramaticales del franciscano huancaíno José María Francisco Ráez, quien en 1905 y 1915 respectivamente, publicó los vocabularios y las gramáticas del quechua-huanca y del ayacuchano. Por primera vez en la historia de los dialectos quechuas contábamos con tales materiales propios de dialectos hasta entonces ignorados y soslayados por los estudiosos nacionales y extranjeros, todos ellos imbuidos de la idea de que el único y verdadero quechua era el cuzqueño, y que las demás variedades no pasaban de ser merasbastardizaciones del quechua primordial que supuestamente hablaban los incas. No obstante, el intento por romper con dicha tradición por parte del Colegio de Propaganda Fide del Perú, de cuya colegiatura formaba parte activa el padre Ráez, dicha valoración desigual respecto de los dialectos quechuas permanecerá intacta hasta la segunda mitad del siglo pasado no solo como parte de la cultura ilustrada de la época sino incluso en los medios académicos más exigentes. Las cosas cambiarían rotundamente con la instauración del Departamento de Lingüística en la Universidad de San Marcos, de cuya primera generación de estudiantes formamos parte afortunadamente. Allí, en nuestras clases de lingüística y dialectología quechuas, asistimos a lo que vendría a ser una auténtica revolución mental en la materia, un verdadero cambio de paradigmas conceptuales, gracias a las enseñanzas de nuestros profesores, el norteamericano GaryParker, procedente de la Universidad de Cornell, y el peruano Alfredo Torero, que acababa de llegar de la Sorbona de Francia. De ellos aprendimos algunos conceptos básicos referidos a la historia y evolución de los dialectos quechuas que permanecen incuestionables hasta la fecha, como verdades inconcusas: (a) que el quechua no se originó en el Cuzco; (b) que el quechua es una familia lingüística (como lo es la familia románica en Europa); (c) que el cuzqueño es apenas uno de los dialectos de esta familia lingüística; (d) que las variedades del quechua central son mucho más conservadoras y ricas que el propio dialecto cuzqueño; y (e) que para conocer el origen y la evolución del quechua en su conjunto, hay que apoyarnos en la información proporcionada por las variedades centrales y no por la cuzqueña, como eran la creencia y la práctica tradicionales. Había, pues, que estudiar estas variedades centrales de la familia, postergadas y menospreciadas hasta entonces desde los tiempos de la colonia, incluso por sus propios hablantes. El reto para comenzar a volcar la mirada sobre ellas estaba en nuestras manos, revalorando el quechua-huanca que, hasta entonces, siguiendo la vieja tradición, lo teníamos subordinado al quechua sureño, influido por nuestras lecturas del Inca Garcilaso y, posteriormente, por los escritos de Arguedas. Y así, como huancaíno, conocedor pasivo del dialecto quechua local, mas no hablante del mismo, decidimos hacer de nuestros conocimientos aún elementales de la lingüística analítica y descriptiva aprendida en clase, una herramienta que nos ayudara en el estudio sistemático de la variedad local. Pronto descubrimos la autenticidad de los trabajos del padre Ráez, a la parque detectamos los errores en los textos quechuas recogidos por Farfán en la década del 50; pero también advertimos con desencanto las colecciones de canciones, textos y narrativas supuestamente huancas, registrados por D’Harcourt (1925), Farfán (1948), Arguedas (1953), Quijada Jara (1957), y otros autores, aparentes cultores del quechua local, proclives a mezclar el quechua-huanca con el sureño, incapaces de separar ambos dialectos, por simple desconocimiento de sus estructuras lingüísticas subyacentes. Desde entonces se ha venido perpetrando este tipo de vejaciones en contra de la personalidad idiomática genuina del quechua-huanca. Práctica, dicho sea de paso, que persiste en nuestro medio, huérfano de estudiosos serios que tengan conocimientos dialectales y lingüísticos básicos de la región. Había, pues, que emprender un trabajo dialectológico de campo, que permitiera conocer la variedad idiomática directamente, en el terreno y en boca de sus hablantes, de pueblo en pueblo, recorriendo todo el valle y ascendiendo a los poblados alto-andinos. Es lo que hicimos en más de dos oportunidades en la década del 70 y del 80, sin contar las visitas esporádicas al campo, ya sea en busca de mayores precisiones, ya sea llenando vacíos que las visitas previas no permitieron cubrir. Solo así fue posible conocer la realidad dialectal del quechua del Valle, apenas entrevista por el padre Ráez y por el propio Torero, y confusamente ejemplificada por el cuzqueño Farfán. Como resultado de nuestras faenas de campo pudimos no solo ofrecer un vocabulario y una gramática que abarcara todas las manifestaciones locales de la variedad hablada en el Valle (cf. Cerrón-Palomino 1976a, 1976b) sino, de manera no menos importante, divisar en ella tres subdialectos claramente distinguibles en base a isoglosas lingüísticas territorialmente definidas, y lo que es más, correlacionables con el antiguo linderamiento incaico de las provincias tripartitas del Valle: Xauxa-huanca, Lulin-huanca y Hanan-huanca, que más tarde, ya en época republicana, se constituirían en las tres provincias respectivas del Valle: Jauja, Concepción y Huancayo. Esta realidad, de corte histórico-dialectal, trasladada a un mapa, fue posible gracias al trabajo de campo emprendido por quien les habla cuando aún no se vaticinaba el surgimiento de una nueva provincia, la de Chupaca, que dialectalmente, después de todo, no se distingue de Huancayo (cf. Cerrón-Palomino 1989). Tampoco se sospechaba entonces, aun cuando las evidencias parecían insinuarse, del desplazamiento acelerado de la lengua nativa en todo el valle para refugiarse en las zonas alto-andinas y en las estribaciones de los Andes orientales. Con todo, el conocimiento de esta realidad y de las potencialidades de su revitalización o la inevitabilidad de su camino hacia su extinción, solo pueden juzgarse dentro del contexto sociopolítico, cultural y educativo en el que se enmarca el fenómeno lingüístico, que no puede comprenderse a cabalidad en tanto se desconozca o se malentienda, irreflexivamente, la naturaleza orgánica y las propiedades del dialecto involucrado. Prehistoria local. Finalmente, ha llegado el momento de referirnos al tercer asunto anunciado, el de corte histórico-cultural ligado al problema de la cuestión de la nacionalidad huanca, de la que tanto se habla y pregona. En este punto habrá que reconocer que la persona que, por primera vez en el medio académico local trató dela existencia de una “nación huanca” debidamente consolidada en épocas preincaicas fue nada menos que el historiador Waldemar Espinoza Soriano, profesor y autoridad universitaria que fuera de este magno recinto que ahora nos acoge. Pues bien, según este historiador cajamarquino, a la caída del imperio Huari (alrededor del siglo X) y el surgimiento del período arqueológico consiguiente, conocido como el de los “Desarrollos Regionales”, el Valle del Mantaro estaba poblado por lo menos por unos setenta aillus o etnias (cf. Espinoza Soriano 1974: cap. I, 28), entre los cuales estaban los tunan-malcas, los xauxas, los malca-uillcas, los llacssa-pallangas y los chuncus.Tales pueblos, según mi propia interpretación, habrían sido de habla originaria aimara, en proceso de quechuización, como lo prueban no solo la toponimia y la antroponimia, sino también el mismo quechua huanca, que se configura como tal con influencia notoria de aquella lengua en su pronunciación, en su léxico y en su gramática. Según la conocida tesis del historiador Espinoza Soriano tales etnias habrían logrado unificarse, formando una “nación” denominada huanca. Ante la festinación grotesca de la escritura y pronunciación de los nombres étnicos y toponímicos de la región por parte de nuestros historiadores, tanto locales como nacionales, optamos aquí por rescatar, previo conocimiento de la variedad local del quechua, a partir de su evolución del proto-quechua, la forma genuina de tales nombres, de otro modo cuzqueñizados a fortiori (se habla, por ejemplo, de los centros poblados, como llactas en lugar de malcas) o castellanizados asistemáticamente. ¿En qué se basa Espinoza para apoyar su hipótesis?

Fuera de inferencias puramente especulativas, creemos que simplemente no hay bases empíricas, por el lado histórico, que respalden dicho supuesto. La evidencia lingüística, sin embargo, como siempre ignorada en los trabajos de los historiadores y arqueólogos, contradice dicha postulación, desde el momento en que la variedad huanca presenta, como lo hemos demostrado ampliamente (cf., por ejemplo, Cerrón-Palomino 1989), dos dialectos claramente distintos en pronunciación, léxico y gramática: el Ñuha-huanca y el Yaha-huanca. Tales variedades se corresponden territorialmente, con superposiciones que no sorprenden, a las provincias de Jauja, por un lado, y a las de Concepción, Chupaca y Huancayo, por el otro. Obviamente, una nación unificada habría podido superar la brecha dialectal en aras de una unidad idiomática, eliminando los resquebrajamientos propios de sociedades semiautónomas. De hecho, el cronista Pedro Pizarro, testigo presencial de la conquista del Valle, parece corroborar dicha dicotomía identitaria, en el plano cultural y simbólico, al hacernos saber que los “xauxas traen unas faxas coloradas alrededor de las caueças, de anchor de una mano; los guancas las traen negras” (cf. Pizarro [1571] 1978: cap. 13, 75).Nótese cómo el cronista separa a xauxas de huancas, contradiciendo lo señalado por Cieza de León, quien sostenía que todos los pueblos del Valle “tenían y tienen por nombre los Guancas” (cf. Cieza de León [1553] 1984: cap. lxxxiii, p. 242).4 La contradicción podría salvarse, sin embargo, si asumimos que el cronista soldado se está refiriendo a una realidad más bien incaica o incaizada y no preincaica. Y es que la conquista de los incas habría modificado el sistema sociopolítico y económico del Valle del Mantaro, no solo subsumiendo las diversas etnias en tres grandes parcialidades e introduciendo mitmas de varia procedencia, sino también habrían ido fomentando una proto-identidad huanca, cuya situación abortada por la conquista no parece haberse consumado nunca. Por lo demás, el solo hecho de que en 1566 las autoridades del cabildo de Chongos se identificaran como miembros de “la naçion llamada chongos”, echa por tierra esa “unidad” étnica que habrían conseguido los aillus del Valle del Mantaro en época preincaica. Somos conscientes, ciertamente, de que el concepto de “nación” empleado por los cronistas de los siglos XVI y XVII no corresponde al que entendemos como tal ahora, como producto de su acuñamiento romántico europeo en el siglo XIX. Lo que queda claro, sin embargo, y gracias a la evidencia lingüística, es que la llamada “nación huanca” nunca existió, persistiendo en cambio hasta nuestros días esa adscripción identitaria excluyente entre “xauxas” y “huancas”, cuya filiación persiste en el imaginario colectivo del poblador del Valle, y que, en determinadas circunstancias, aflora a la superficie, creando problemas políticos y sociales que entorpecen, frustran o dilatan los programas de desarrollo de las autoridades regionales (como en el caso del proyectado aeropuerto internacional en las pampas de Sicaya).Epílogo. Pues bien, llegados a este punto de nuestra intervención, solo esperamos haber cumplido con nuestro cometido inicial de llamar la atención sobre las potencialidades de la lingüística y de la filología empleadas como herramientas de análisis y reflexión sobre nuestra realidad histórico-cultural y societal andina. Renovamos nuestro agradecimiento al Consejo Universitario de esta casa de estudios, en la persona de su ilustre rector, por habernos concedido el máximo galardón de reconocimiento de nuestra labor académica e investigatoria a lo largo de todos estos años en que, no obstante haber abandonado por algún tiempo la realidad de la patria chica, para dirigir nuestra atención reflexiva a otras realidades y espacios andinos, igualmente importantes para conocer mejor la nuestra, hemos regresado, cual hijo pródigo, a la patria local que nos viera nacer con los mismos intereses de estudio e investigación. Vaya también nuestro reconocimiento a la Facultad de Antropología de esta universidad, que acogió gentilmente la solicitud de incorporarnos como miembro honorario de su plana de docentes. De igual manera, quedamos sumamente agradecidos por la labor estupenda de coordinación del personal de la Red Peruana de Universidades (RPU), tanto local, como de la PUCP, y que juntos hicieron posible la realización de esta ceremonia. De igual manera, vaya también nuestro agradecimiento a las personas amigas que, con su apoyo desprendido y generoso, nunca desmayaron en ver realizado este reconocimiento. Finalmente, no podría dejar de mencionar aquí a Jaime, hermano mayor, ausente ya de este recinto por casi tres décadas, en la persona de su hijo injustamente privado de libertad y despojado de su cargo de gobernador regional, limpiamente ganado en las justas electorales pasadas, por las artimañas del poder judicial local en manos de jueces venales y coimeros (vicsaraycos, como los llamaría Guaman Poma con fino humor). Con el final trágico de Jaime perdimos a uno de los interlocutores más cultos e inteligentes que tuvimos en esta casa de estudios, lector empedernido, educador apasionado, brillante polemista, y de prosa diáfana, como se trasluce en sus escritos y apuntes dejados truncos o a medio pergeñar. ¡Muchas gracias! Bibliografía citada

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RÁEZ, Fray Francisco María José1905 Vocabulario castellano y keshua de Ayacucho y Junín tomado delPolíglota Incaico. Lima: Tipografía del Colegio de Propaganda Fide del Perú.1917a Gramáticas en el quíchua-huanca y en el de Ayacucho. Lima: Sanmarti yCa.1917b Catecismo en quéchua huanca. Lima: Imprenta Comercial de Horacio LaRosa & Co.2018 Diccionario Huanca Quechua -castellano/ castellano-quechua. Edicióninterpretación y modernización de Rodolfo Cerrón-Palomino. Lima:Instituto Riva Agüero/ Fondo Editorial de la PUCP.

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ENTREVISTA

Entrevista a Vladimir Cerrón en Ayacucho sobre historia de la universidad peruana

29.06.19. Entrevista al Dr. Vladimir Cerrón Rojas, Secretario General Nacional del Partido Polìtico Nacional Perú Libre, sobre historia de la universidad peruana, vida y obra de su padre, naturaleza del Apra y del imperialismo, realidad educativa y sanitaria, vivencia en Cuba y viaje a Venezuela, política internacional latinoamericana, la unidad de izquierda y los poderes fácticos en el país.

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