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El retorno de Perú Libre

Vladimir Cerrón

El retorno de Perú Libre al gobierno, este 18 de febrero de 2026, es un triunfo de carácter simbólico, pero altamente significativo, porque reivindica al pueblo que murió en el campo de batalla defendiendo el voto popular que fuera violentado por un golpe de Estado que depuso al primer presidente de izquierda en el Perú.

También significa que los golpes de Estado tienen una utilidad de vida media cada vez más obsoletos y que la correlación de fuerzas en una democracia puede reducir sus impactos o retrotraer los fenómenos. Entendido así, los golpistas de Gómez de la Torre, Williams Zapata y Colchado Huamaní, pasan inexorablemente al basurero de la historia.

José Balcázar no es militante del partido, pero si miembro de nuestra bancada y, por ende, propuesta orgánica. Es el candidato del consenso que logra derrotar al bloque derechista más sólido en el Parlamento.

Este retorno demuestra que el “fujicerronismo” es una alucinación caviar. La elección de José Balcázar, quien derrotó a María Alva, evidencia que el “fujicerronismo” no existe, pues ambas fuerzas fueron las beligerantes. Por un lado, el fujimorismo defendió la permanencia de José Jerí Oré en el cargo de presidente y, posteriormente, trató de reemplazarlo por su candidata Alva, fracasando doblemente. Por el otro, Perú Libre, impulsó la vacancia de Jerí e impuso como su sustituto a Balcázar.

Pero, ¿cómo se ganó esta batalla? No es precisamente una táctica perulibrista genuina, sino la aplicación de leninismo puro. Existen tres tácticas para el caso: el camino en zigzag hacia la cima, la identificación de la grieta política y la construcción de la cadena heterogénea, siendo que de estas se escogieron las dos últimas.

La grieta política como factor clave. La pérdida de Alva fue precipitada porque las elecciones presidenciales generaron una grieta insalvable entre Fuerza Popular y Renovación Popular, quienes sostenían al gobierno censurado, pero que ahora competían en su afán de hegemonizar la representación de la derecha para el futuro balotaje. Esta circunstancia dio chance para que Perú Libre postulara a su candidato ganador.

Teoría de la cadena heterogénea. Es imposible que Perú Libre, con once votos en el Parlamento, haya puesto un presidente de la república; esto solo puede entenderse porque fue capaz de eslabonar una cadena heterogénea, de izquierdistas, centristas y algunos derechistas, quienes apoyaron amparados en el voto secreto.

Estas tácticas, si bien son flexibles, no cambian el objetivo, también conocido como estrategia: llegar al gobierno, como parte de la construcción del poder.

Balcázar tiene varias tareas como revisar o anular la compra superflua de los aviones, las concesiones de los puertos de Paracas y Matarani que el vendepatria las amplió, la privatización de Petroperú, la venta de la Base Naval del Callao, la reapertura de las relaciones internacionales, retirar al Perú del pacto con la OTAN, el cierre de la ATU, la SUTRAN y SERVIR, el retiro de malos funcionarios como el jefe de la PNP y de Indecopi quienes responden a los intereses de Intercorp, reconocer los derechos laborales y elaborar sus reglamentos inmediatamente, pedir perdón a nombre del Estado por los crímenes en las protestas del sur, entre otras. Hay tanto por hacer.

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Cualidades que no se improvisan

Cualidades que no se improvisan

Julián Palacín

Abogado. Expresidente del INDECOPI

En el tiempo que he tenido el honor de conocerlo, he podido reconocer en usted cualidades que no se improvisan ni se aprenden: la convicción profunda, la consecuencia entre pensamiento y acción, y un compromiso real con el Perú y con su pueblo. Usted no es solo un médico cirujano ni únicamente un dirigente político; es un hombre que lucha, ama y vive por su país, aun cuando ese amor le ha significado persecución judicial y política.

Desde el Partido Político Nacional Perú Libre hemos sido testigos de un hecho histórico que no puede ser negado ni borrado: usted logró conducir a un partido de provincia hasta la cúspide de la política nacional, romper el cerco limeño del poder tradicional y hacer posible, por primera vez en nuestra historia republicana, un gobierno de izquierda popular. No una izquierda de élites ni de escritorio, sino la izquierda del pueblo, la que nace de la necesidad, del trabajo, del abandono histórico y de la esperanza.

Es en ese espacio —tan combatido por los intereses económicos y el statu quo— donde se gestan los sueños de un Perú más justo, con igualdad real de oportunidades, con trabajo digno, con salud y educación al servicio de la gente y no del mercado. Por esa razón, y con absoluta claridad, me mantengo en Perú Libre: porque es el único partido del espectro político con el que puedo identificarme sin renunciar a mis principios ni arrodillar mis ideales ante los grupos de poder económico.

Mis convicciones están con quienes más necesitan del Perú. A ellos me debo, tanto en el ejercicio de la actividad privada como abogado, como en cualquier responsabilidad pública que me toque asumir. Esa es una línea que no cruzo y que usted siempre ha defendido con coherencia.

Doctor Vladimir Cerron , hay aún mucho por hacer. Estos son momentos difíciles, pero no definitivos. Quiero expresarle mi solidaridad, desearle fortaleza y recordarle que no está solo. Tiene a un partido que lo acompaña, que lo respalda y que cree en usted. Su inocencia es conocida por quienes hemos caminado a su lado, y su caso no es aislado: todo aquel que piensa distinto al orden establecido conoce bien la etiqueta que le imponen.

Seguimos adelante con la fe intacta. Esta es una batalla más en un camino largo, y la historia no termina aquí.Pronto vendrá la revancha, porque las causas justas no prescriben ni se derrotan con persecución.

Feliz cumpleaños, estimado doctor Vladimir Cerrón,

líder del Partido Político Nacional Perú Libre.

Con aprecio, respeto y convicción,

¡Hasta mas alla de la victoria !

Atentamente,

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El currículo imposible: la biografía política como destino

El currículo imposible: la biografía política como destino

Escrito por TACHO ROBLES

En un país donde los políticos suelen caminar sobre alfombras prestadas, surge una figura cuya biografía parece escrita no en papeles administrativos, sino en cicatrices, obras y contradicciones. No hay currículo que compita con aquello que se forja lejos del mármol y cerca de la calle: allí donde la pobreza reclama más que discursos, donde la salud no es promesa sino urgencia, y donde el liderazgo no se hereda, sino se levanta a pulso.

Vladimir Cerrón aparece, para muchos, como el político de la trayectoria improbable: médico de los pobres, caminante de zonas donde el Estado solo existe como rumor distante, gestor de obras que transformaron Huancayo-Junin en un territorio visible y no simplemente administrado. Su historia —aceptada o discutida— tiene un peso que pocos pueden cargar: no está hecha de cargos, sino de capítulos.

Mientras otros presumen cargos y consultorías, él muestra hospitales, caminos, puentes, sistemas de agua, asfaltados y centros de salud. Su currículo no se mide en líneas, sino en concreto, terrenos y expedientes técnicos que aún respiran en la memoria de quienes los vieron nacer.

La persecución, de la injusticia que para muchos sería límite, para él se volvió escenario. La clandestinidad no lo silenció: lo obligó a pensar, caminar, mantenerse en movimiento. En un país donde el miedo suele definir el destino, su insistencia se convirtió en alegoría. Y fue allí donde su figura tomó ese tono casi literario: el dirigente que se desplaza entre sombras no para huir, sino para seguir comunicándose con la gente; el político que entiende que, en ciertos momentos de la historia, es más peligroso caminar libre que estar preso.

Hay quienes lo interpretan como desafío, otros como convicción. Pero nadie puede negar que el personaje ha creado un tipo de presencia que desborda la formalidad: un liderazgo que no necesita oficinas para existir, ni espacios seguros para hablar. En un país donde el poder se protege, él se expone; donde otros se acomodan, él incomoda; donde la política se volvió un acto administrativo, él insistió en que fuera un acto vital.

Así, cuando se pregunta quién tiene un currículo político más vasto, más vivido, más visceral, la respuesta se vuelve incómoda: no hay muchos que puedan competir con una biografía que mezcla gestión con persecución, obras con clandestinidad, resistencia con destino. Cerrón es, para sus seguidores, la prueba de que el liderazgo no se decreta: se demuestra.

En tiempos en que la política busca tecnócratas, surge un personaje que recuerda que también necesita historias. Historias que rompan el molde; historias que expliquen por qué algunos no necesitan presentar un CV: basta mirar su camino.

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Quién es Bertha Rojas López

Quién es Bertha Rojas López

Vladimir Cerrón

Hace algunas semanas se habla de Bertha Rojas López en el ámbito nacional, a partir de haberse anunciado su participación en la fórmula presidencial de Perú Libre para las elecciones generales del 2026. Para cualquier desinformado su elección y designación se debe exclusivamente por lazos familiares con el candidato presidencial, desmereciendo sus méritos propios. Aquí un pequeño resumen extraído de los fragmentos del libro: Perú Libre del Campo a la Ciudad.

Mi madre, nació en el seno de una familia campesina, en el distrito de Áhuac, provincia de Chupaca, el 8 de abril de 1948, se crió y estudió en su tierra natal, hasta que contrajo matrimonio con mi padre y migró a Huancayo, sin terminar sus estudios secundarios, los que fueron concluidos en la nocturna del Colegio Nuestra Señora del Rosario. Posteriormente ingresó a la UNCP para estudiar Educación en la Especialidad de Lengua y Literatura.

Inicialmente mi padre se opuso a que continuara con sus estudios secundarios, interrumpidos con el matrimonio, pero fue su rebeldía la que hizo posible que mi padre cediera. Similar pugna fue para postular e ingresar a la universidad.

El cambio de hábitat del campo a la ciudad, sumado a las carencias de salubridad en el barrio que nos instalamos y las nuevas necesidades económicas, hizo que mi madre enfermara de tuberculosis y, ante las repetidas crisis de hemoptisis, llegara a estar ingresada en el hospital de Jauja, sometiéndose a tratamientos dolorosos, sin esperar mayores resultados que la respuesta de la propia inmunidad. Mi padre también se enfermó y ambos enfrentaron la patología en la casa hasta curarse espontáneamente. Los tres hijos, nacimos después, nos salvamos del mal.

Mi madre solía llevarme a las reuniones del barrio de Cajas Chico, un pueblo joven donde todos los asentados éramos inmigrantes, no era una invasión, pero carecíamos de agua, electricidad e instalaciones sanitarias. Mi madre tenía que ir con una carretilla cinco cuadras hasta el cementerio general donde había una pileta pública, llenar un cilindro de agua y regresar a casa con el peso que eso significaba para garantizar nuestro abastecimiento.

Ante esta realidad los vecinos conformaron su comité pro agua potable, que mi madre presidió. Tras múltiples esfuerzos ante la Municipalidad Provincial de Huancayo, logramos que se extienda una red de tubos de plástico por todo el barrio, haciéndose realidad lo que se había previsto como objetivo. Fue una alegría total en el vecindario.

Para la electrificación y el alcantarillado, la estrategia fue la misma con el valor agregado que los vecinos confiaban más en ella, el resto fue organización, perseverancia en las gestiones, lucha contra las adversidades y persuasión a las autoridades hasta lograr los objetivos. La llegada de la luz al barrio fue otro acontecimiento, tiramos al almacén nuestra lámpara Coleman, la vendimos a un comprador de fierro viejo que pasaba con su triciclo y nunca más compramos paquetes de vela.

En la década del ochenta adquirimos el primer automóvil de la familia, un Toyota de segunda mano, sedán del 1968, color celeste y techo blanco. Esta magia no hubiera sido realidad si mi madre no tomaba la iniciativa, este auto nos salvó la vida muchas veces en varios incidentes distintos, socorriéndonos de amenazas y peligros, también auxiliándonos económicamente, sin ella no hubiéramos tenido casa ni carro. Mi madre era la única que manejaba el carro, mi padre lo intentó, pero desistió.

Mi madre conformó el primer Frente de Defensa de los Intereses de Cajas Chico, que logró registrarse y adherirse a la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP). Mi padre alcanzó a aconsejarla que tenga cuidado porque todo frente de defensa se constituía contra el gobierno. El frente no duró mucho debido a la represión gubernamental en tiempos de terrorismo y pronto se desactivó.

Mi padre era temeroso para emprender estas cosas, no le gustaba correr riesgos, tenía el temor que alguna reorganización en la universidad pudiera dejarlo fuera de la docencia, por la naturaleza política que tenían las mismas. No estaba lejos de la lógica, puesto que en su época estudiantil había participado como dirigente en múltiples reorganizaciones de la UNCP, siendo testigo presencial al percibir la facilidad con que podía ejecutarse esta medida, sumado al desamparo en que quedaban los trabajadores.

A comienzos de la década del 80 falleció mi abuela paterna Amalia Palomino Balbín. Mi padre golpeado por la pérdida de su madre, deprimido e inmunodeprimido, enfermó gravemente con tifoidea, llegando a presentar hemorragias por una perforación gástrica. Estuvo ingresado en el Hospital Daniel Alcides Carrión de Huancayo por varias semanas. Sus enemigos políticos en la universidad aprovecharon para despedirlo de la docencia. Sus presagios se cumplían.

Mi madre había egresado de la universidad, donde concluyó sus estudios de Lengua y Literatura y enseñaba en la comunidad de Viques, al sur de Huancayo. En estas circunstancias estaba obligada a “parar la olla”, tarea nada fácil con tres hijos estudiando y el esposo grave en el nosocomio. Entonces, mi madre tomó el volante del Toyota para hacer servicio de taxi de Huancayo a Sicaya y viceversa, yo era el copiloto a mis diez años de edad. Hicimos varios viajes por muchos días, hasta que mi padre salió de alta.

Se había convertido en Huancayo no solo en la primera mujer que conducía y tenía licencia, sino que, además, prestaba un servicio público en una tierra culturalmente machista hasta ahora. Así logramos tramontar la crisis económica y sanitaria que se presentó en la familia. Nada sencillo, pero posible.

Tras el asesinato de mi padre, el 8 de junio de 1990, mi madre asumió el papel rector en la familia, pero ahora en circunstancias más duras, riesgosas y políticamente adversas. Desde el momento que fui con ella al diario Correo de Huancayo, el 17 de junio de 1990, acudiendo a un llamado para identificar en unas fotografías la posibilidad de que uno de los cadáveres perteneciera a mi padre, vi a mi madre fuerte como una roca protectora, aparentemente insensible, quien me llamó la atención en esas oficinas cuando comencé a derramar lágrimas al reconocer a mi padre muerto.

Embargados por un sentimiento de tristeza, impotencia y venganza, salimos de las oficinas del diario. Ella se puso firme al volante del carro para retornar a casa y darles la mala noticia a mis hermanos, además de prohibirnos llorar en el velorio, las exequias y el entierro, porque no quería que los enemigos gozaran con nuestro dolor. En realidad, estaba preparada por mi padre para afrontar con entereza esta situación si llegara a suceder, como él lo presagiaba, dejándole además el encargo que debiera ser enterrado sin discursos, ni alocuciones políticas, para no permitir falsos embanderamientos.

El diario Correo en su edición del 19 de junio publicó en primera plana: “Primicia de Correo dio la vuelta al mundo” y en caracteres más visibles: “Vicerrector murió acribillado”. Apareció con nueve impactos de bala, dos en la cabeza como remate del crimen. Los pies estaban cercenados.

El temple de mi madre no fue ajeno a la crónica periodística: “Con profundo dolor, pero serena y fuerte, Bertha Rojas López, esposa de quien en vida fuera el vicerrector de la UNCP, observa el cadáver de Jaime Cerrón Palomino, que se encuentra totalmente desfigurado y con múltiples impactos de bala en el cuerpo hallado en Sincos (Jauja). Fue en el acto del levantamiento del occiso”. [*]

Participó de manera valiente en el reconocimiento, levantamiento y necropsia del cadáver de su extinto esposo, como muy pocas mujeres lo habrían hecho: la compañera de un revolucionario. Los restos fueron velados en el Palacio Municipal y el 20 de junio se enterró en medio de un mar humano. Por haber sostenido que el responsable de este crimen era el gobierno aprista, mi madre comenzó a ser objetivo de amenazas, siendo que el diario Correo puso como noticia destacada: “Amenazan a viuda de vicerrector”, con un subtítulo que señalaba: “Para acallar el esclarecimiento del crimen”.

Inhumado mi padre, la vida comenzó a cambiar drásticamente para nuestro núcleo familiar, fuimos víctimas de persecución sistemática por los servicios de inteligencia de la policía y del Ejército, extendiéndose hasta mis abuelos, quienes sufrieron agresiones en sus pueblos, motivo por el que decidimos salir. Nuevamente al volante de nuestro Toyota, mi madre, mi hermano Waldemar y yo, emprendimos súbitamente el viaje rumbo a Lima, ante la sospecha de un acto represivo. Ella condujo tres horas sin parar hasta llegar a La Oroya por la noche, estacionamos a orillas de la carretera, descansamos y nos quedamos dormidos.

A los pocos días de estar en Lima nos enteramos que miembros del ejército nos buscaron en la casa y al no ubicarnos fueron a casa de mis abuelos, paterno y materno, a quienes ataron de manos y amenazaron de muerte. Al llegar a Lima, nos dirigimos a un convento donde nos esperaba la hermana Magda Canchanya Ruiz, amiga de mi madre desde el colegio, perteneciente a la congregación El Buen Pastor. Ahí permanecimos una semana. Luego nos trasladamos a El Agustino a casa de una tía, Catalina Guerra, quien nos dio refugio y trabajo en su mediana empresa de confecciones.

Mi madre no se adaptó del todo y a los dos meses decidimos regresar a Huancayo enfrentando cualquier circunstancia adversa. Se reintegró a su trabajo de maestra, Waldemar regresó a la universidad y pronto yo marcharía a Cuba. Al morir mi padre, la familia heredó sus enemigos, no solo en el campo político, sino también en el académico. Ellos trataban de impedir que mi madre sea docente universitaria, pero logró sobreponerse una vez más.

Luego decidió estudiar los posgrados en el país y en el extranjero hasta lograr el grado académico más alto. Este último acto fue una sutil llamada de atención a nosotros sus hijos, pues si ella a su edad se fue dos años a la Universidad Mayor de San Simón en Bolivia a seguir estudiando, cómo era posible que nosotros nos quedáramos sin los grados, así que teníamos un solo camino: el trazado por ella.

Mi madre enfrentó dos experiencias de persecución política, primero tras el asesinato de mi padre en el año 1990 y posteriormente tras la persecución a Perú Libre en el año 2021, donde fue incluida en el proceso de investigación. El Estado nos fue imputando diversos delitos a todos los miembros del Partido que luego fueron comprometiendo a mi familia, principalmente a mi madre, siendo víctima del congelamiento, incautación y embargo de sus cuentas personales y de viudez, y allanamientos a su domicilio.

Ella decidió enfrentar y resistir valientemente, había que afrontar a nuestros enemigos en nuevas condiciones, sin mostrar ni un ápice de debilidad. Como parte de esta resistencia, terminó de escribir sus Ecofábulas, género literario que aparte de invitar a reflexiones sobre el cuidado medioambiental, presentan un sugestivo componente político, en la obra El Halcón y el Gorrión, narra el abuso del primero sobre el segundo, reflejando el atropello permanente de la oligarquía contra el pueblo, fábula donde el gorrión, a pesar de las circunstancias desventajosas, usando su inteligencia, audacia e ingenio, logra escapar de las garras del halcón; concluyendo que nosotros a pesar de ser gorriones, nunca debemos desmayar en la batalla.

[*] Mi madre reconoce el cuerpo de mi padre. Escena que mejor retrata su temple, para comprender quién es y de qué material está hecha, compañera leal a toda prueba, un liderazgo indiscutible [Junio, 1990].
Bertha Rojas López delante del féretro de su extinto esposo Jaime Cerrón Palomino [Junio, 1990].
Bertha Rojas López, flanqueado por su hijos Waldemar y Vladimir, delante del féretro de su esposo Jaime Cerrón Palomino [Junio, 1990].
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Cerrón y el cierre del círculo de las traiciones

Por: Tacho Robles

Por fin —dirán los más fieles— Vladimir Cerrón aprendió la lección. Después del vía crucis vivido con Pedro Castillo y la comparsa de profesores que, montados en la ola del magisterio, terminaron convirtiendo el gobierno de Perú Libre en una tragicomedia de ingratitudes, Cerrón ha decidido blindarse. Ya no habrá improvisados con sombrero ni pedagogos de moral elástica. El médico de Junín ha cerrado el círculo: ahora todo queda en casa. Si en 2021 el error fue confiar en un «outsider con tiza y pizarrón», esta vez la jugada es quirúrgica. Cerrón aprendió que las traiciones no vienen del enemigo declarado, sino del aliado agradecido. Que los golpes más certeros no los da la derecha, sino el compañero de fórmula que, apenas siente el poder en los dedos, olvida quién le firmó el pase de entrada al escenario. Por eso ahora la estrategia parece clara: familia o contingencia. Gente de confianza, de su entorno, de su ADN político. Cerrón quiere gobernar con los suyos, no con los que se cuelgan del símbolo del lápiz para luego borrar su propio pasado con la goma del oportunismo. Mientras la derecha se frota las manos imaginando otro “castillazo”, Cerrón parece decidido a no repetir el libreto. Sabe que no puede darse el lujo de otro aprendiz de caudillo que termine abrazando al establishment mientras se olvida del pueblo. Si antes le robaron el proyecto, ahora busca blindarlo. Si antes lo traicionaron, ahora amarra los cabos sueltos con alambre ideológico. Colocar a alguien de su entorno en la segunda vicepresidencia no es nepotismo ni capricho —es instinto de supervivencia política. Cerrón sabe que el sistema no le perdona ni un error, y que su margen de maniobra es tan estrecho como la paciencia de los poderosos. En ese tablero, la lealtad vale más que el currículo. La lección de Castillo fue brutal pero pedagógica: un líder sin control de su entorno termina gobernado por quienes juran servirle. Y Cerrón, que tiene más de cirujano que de mártir, ha decidido operar sin anestesia. Si hay que extirpar el tumor de la traición, mejor hacerlo antes de llegar a Palacio. Por eso esta vez no habrá “profesores arrepentidos”, ni congresistas que se santiguan con el mismo fervor con que cambian de bancada. Esta vez el lápiz no prestará su punta a quien solo quiere firmar su propio ascenso. Cerrón, guste o no, ha cerrado el círculo: traidor que entre, no sale; y quien salga, no vuelve. Puede que no convenza a todos, pero al menos ya no se deja engañar por nadie.

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DISCURSO

Discurso de Vladimir Cerrón por el XVII aniversario de fundación de Perú Libre

DISCURSO DEL SECRETARIO GENERAL NACIONAL, DR. VLADIMIR CERRÓN ROJAS, CON MOTIVO DEL XVII ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL PARTIDO POLÍTICO NACIONAL PERÚ LIBRE

Camaradas:

Miembros del Comité Ejecutivo Nacional, miembros de la Comisión Política Nacional, miembros de los comités ejecutivos regionales, provinciales y distritales, miembros de los comités de los peruanos en el exterior, miembros de la Bancada Parlamentaria, militancia perulibrista en general y distinguidos invitados:

Inicio estas palabras reconociendo la los fundadores históricos de nuestro partido, quienes hicieron posible su existencia legal un día como hoy, 13 de agosto de 2008, al nacer como un movimiento de alcance regional que luego se transformara en un partido de alcance nacional, muchos de ellos presentes en esta actividad y otros que no nos acompañan en esta fase de la vida.

Llegar a los diecisiete años de existencia legal y veinte años de existencia real, significa indudablemente que la presencia del partido ha sido relevante en la política peruana, pues no todos lo sobreviven a los embates o desaparecen al no ser entes representativos. En esencia, el partido es un cuerpo de hombres que defiende los intereses de clase de las mayorías.

Nacimos en la ciudad de Huancayo, capital del departamento de Junín, en circunstancias especiales de una sociedad golpeada por el terrorismo de todos los flancos, donde los partidos comunistas estaban diezmados, tampoco existía otra representación de izquierda popular, la política neoliberal implantada por el fujimorismo avasallaba sin oposición y cuando las palabras “zurdo”, “rojo” o “comunista”, bastaban para una ejecución extrajudicial.

El año 2002, retorné de Cuba, país que me albergó durante once años, y tuve la oportunidad de estudiar medicina humana y especializarme en neurocirugía. Ahí estudié con árabes, palestinos, africanos, asiáticos y latinos, quienes huían de la guerra en sus países y Cuba los protegió, pero al culminar sus estudios no se percibía en ellos el rostro total de la alegría, porque su retorno significaba enfrentar nuevamente la guerra.

Por un tiempo pensé que esa no era mi situación, pero admito que me equivoqué, pues yo también había huido de la guerra interna y me aprestaba a retornar a un país que aún continúa en guerra, aunque adoptando una nueva modalidad conocida como “lawfare” o “guerra jurídica”, pero igual de cruenta. Sin embargo, nunca perdí la alegría, ni el optimismo, pues Cuba me enseñó el sentido de la dignidad, me aprovisionó de una cultura de resistencia, enseñándome que en la batalla de ideas no hay enemigo grande ni eterno.

En estas circunstancias, el año 2005, reencontrado con mi pueblo y ejerciendo mi profesión en los hospitales públicos, reuní unos amigos universitarios y vecinos de antaño, a quienes invité a incursionar en la vida política, primero regional y posteriormente nacional, fundando Perú Libre e inscribiéndolo el mes de agosto del año 2008.

Perú Libre tiene una base ideológica marxista, leninista y mariateguista, una acción política contra el neoliberalismo, además de un programa de gobierno que precisa el cambio de modelo económico social, científicamente viable, que el país necesita. Abraza valores como el ser democrático, descentralista, inclusivo, internacionalista, soberano, humanista y, sobre todo, antimperialista.

Era lógico que este marco político, en medio del océano neoliberal, tenía que tener brillo propio y así fue. El solo hecho de convertirse de un movimiento regional a un partido nacional, logrando históricamente el primer triunfo nacional de la izquierda socialista en un proceso electoral, colige una diferencia sustancial entre los demás partidos que se sitúan en este flanco político.

Desde el año 2010 que el partido tuvo su primer triunfo electoral hasta hoy, Perú Libre siempre participó de los procesos electorales sin arriar sus banderas. Sus dos gestiones regionales en Junín son hasta ahora un modelo de gobierno, que ninguna otra región, ni la capital, pueden superar su valla en la construcción de infraestructuras y programas sociales, las mismas que sería largo de mencionarlas porque ustedes lo conocen y de las cuales el partido siempre sentirá orgullo.

El año 2021, logramos ganar las elecciones nacionales, en un primer y único triunfo de la izquierda peruana, por ahora. Es necesario hacer presente que esta no fue laa idea genial de un solo hombre, sería antimarxista, sostener semejante necedad. El triunfo fue producto de un engranaje entre el partido, el sindicato magisterial, el programa de gobierno, la simbología, los lemas, los efectos de la pandemia y, sobre todo, la acción decidida de las masas.

El partido desde su fundación siempre estuvo al acecho de la persecución política, donde conspiran el sistema de justicia, los servicios de inteligencia estatal, los medios de comunicación hegemónicos, las oenegés y la oligarquía empresarial y financiera, propinando duros golpes sobre su estructura política y gubernamental a todo nivel y en todos los tiempos.

El año 2019, sufrimos un golpe de Estado local al ser derrocado nuestro primer alcalde provincial de Huancayo; ese mismo año, sufrimos un golpe de Estado regional que terminó destituyéndome del cargo de gobernador reelecto en Junín; y, finalmente, el año 2022, un golpe de Estado nacional que derrocó al presidente. Todos ellos se planificaron armando falsos positivos judiciales, como lo demostrarían posteriormente nuestras absoluciones en las instancias superiores.

Estos golpes fueron seguidos de allanamientos, incautaciones, embargos, procesos penales, medidas de coerción, detenciones y encarcelamientos, de los cuadros más destacados. Tras la figura de legalidad jurídica y la lucha “anticorrupción”, en el fondo el delito era político e imperdonable, como son la inscripción de un partido marxista, la reelección al gobierno regional, la reunificación de la izquierda con el pueblo, el viaje a Venezuela y el histórico triunfo de la izquierda socialista en un proceso electoral nacional.

Mi condición clandestina, forzada por las circunstancias, pronto a cumplir dos años de resistencia, hoy se justifica más que antes. El tiempo demostró que, en las dos sentencias penales de las que luego fuera absuelto, no fui sentenciado por corrupción, sino por la corrupción. Por lo mismo que es entendible huir de la injusticia, evitando que esta dé conmigo, mientras la justicia huya de mí al tratar de alcanzarla.

A pesar de los golpes contundentes externos, el partido resistió y siguió combatiendo, sin perder su trascendencia, ni su brío, gracias a la militancia consecuente. Cada golpe era seguido de un triunfo cada vez mayor, así logramos colocar una bancada parlamentaria combativa, que exhibe la mayor productividad en este período legislativo, promulgando leyes a favor de la clase trabajadora, creando universidades públicas para la juventud y modificando el código penal para corregir sus abusos.

Nada de esto hubiera sido posible, con solo once parlamentarios, de no tener el partido un miembro en la conducción de la Mesa Directiva. No promulgamos leyes en favor de las concesiones lesivas, de los juegos de azar que crean adicción sobre el pueblo, del ingreso de tropas extranjeras al país, de las exclusividades del mercado, de la privatización de nuestras empresas estatales, ni de los privilegios de las oenegés, transnacionales y banqueros.

También el partido enfrenta golpes de una quinta columna interna en el flanco de la izquierda política, de quienes en innumerables ocasiones hemos manifestado que, por ahora, son nuestros principales adversarios. Me refiero a la izquierda caviar, esa falsa oposición creada y financiada por las oenegés del imperialismo norteamericano y europeo, creadas paradójicamente para “combatir” males que engendra el propio imperialismo en nuestro país.

Perú Libre no es un partido perfecto, aunque sí perfectible, pero eso solo ocurrirá si reconocemos nuestros errores con honestidad y nos comprometemos al cambio. En los últimos años, sufrimos traiciones en la bancada parlamentaria, por no seleccionar bien a nuestros candidatos con la responsabilidad que demanda un partido socialista, primando las improvisaciones, las invitaciones, las amistades y, lo peor de todo, los temores de algunos dirigentes a no superar la valla electoral, lo que terminó por regalar los escaños a gente indeseable para la revolución.

Los congresistas tránsfugas generaron un daño irreparable al partido, reduciendo la potencia de fuego de nuestra bancada y, en el extremo de su disidencia, terminaron militando en partidos de extrema derecha o engrosando la quinta columna caviar. Estas fisuras ideológicas, desenmascaradas por los mecanismos corruptores del sistema, como el cambio de estatus económico y social, los hace sentirse “por encima del pueblo, de los camaradas y del propio partido”, conduciendo a irrespetar la confianza popular, atacar a nuestra militancia y levantar la mano contra el partido que les dio vida política.

La contratación de profesionales ajenos a las canteras del partido es otra desviación ideológica, produciéndose cuando un camarada parlamentario preside una comisión y se cree dueño de la misma, sin aceptar las sugerencias partidarias y, en el extremo, empleando personajes que denigraron a nuestros dirigentes y militantes, negándose a retirarlos. Así, encontramos a estos sujetos ocupando espacios perulibristas y boicoteando nuestras iniciativas legislativas.

La burocratización de nuestros militantes debe ser corregida, puesto que, desde que asumieron los cargos, pocos realizan sus obligaciones partidarias de educación, organización o agitación, en sus regiones, limitándose exclusivamente al uso cómodo de las contaminadas redes sociales. En sus jurisdicciones el aparato orgánico está descuidado y, paradójicamente, creen tener el privilegio de la candidatura preferencial para el Congreso, esperando su salto dialéctico de empleado a parlamentario.

Es lógico que para sobrevivir a las “ofertas” burguesas del Parlamento, se necesita un antídoto, una vacuna, que evite ser presa de la añeja endemia parlamentaria, no pudiendo ser otra que la propia convicción. Como parte de los correctivos para cerrar estas grietas ideológicas, sobre todo en los militantes de los puestos mejor remunerados, deben ser cesados el mes de octubre, lo que implica una rotación de la militancia en los espacios generados por el partido a todo nivel.

No sorprenda que, aplicado los correctivos, habrá algunas deserciones, se apagarán hasta en las redes, pasarán a una inacción o a la oposición política, pero es peor no asumir nuestra propia realidad, salgamos de los tiempos fáciles donde cualquiera es perulibrista y pasemos a las condiciones donde no todos pueden ser perulibristas. Es momento de purgarnos y la mejor forma de hacerlo es midiendo a la militancia a partir de los tiempos difíciles.

Todos estos errores ocurren mientras la juventud militante se sacrifica al interior del país y en la capital, en condiciones siempre adversas, lo que nos obliga a ser rigurosos en la selección de los postulantes al próximo parlamento, cosechados de la propia militancia de los tiempos difíciles, dando preferencia a los camaradas con abiertas convicciones socialistas, hombres y mujeres forjados en las circunstancias más duras, disciplinados y respetuosos de la piedra angular de todo partido marxista: el centralismo democrático.

Frente a los últimos sucesos históricos en el país, donde la incursión política de Perú Libre lo convierte en un protagonista ineludible de la izquierda, se demuestra que la vigencia de un partido solo puede sostenerse cuando este represente a una base social concreta. Perú Libre representa a las clases explotadas por el sistema neoliberal, es la vanguardia que condujo al pueblo hasta el gobierno por la vía electoral, sintió a la vez la traición a su programa y, posteriormente, compartió las secuelas del golpe, interno y externo, que lo despojó de un triunfo legítimo.

Sin embargo, el pueblo no pierde la fe de recuperar los espacios de poder anteriormente logrados, para poner en marcha el programa de gobierno pendiente, pero eso solo será posible cuando el pueblo sea consciente de la necesidad de una contundente revancha, la misma que sellará que la voz del pueblo sea respetada.

El Perú no es un país que da golpes de masa para derrocar gobiernos, como sucede en los países vecinos, más bien, somos un país que tradicionalmente ha resuelto este tipo de ajustes en las urnas, circunstancia que debemos aprovechar para impulsar una propaganda que despierte y libere nuestro sentimiento reprimido con memoria, rabia y revancha histórica, una batalla ardua, dura, conspirada, pero no por eso, victoriosa.

¡Feliz XVII Aniversario Perú Libre!

 ¡Hasta Más Allá de la Victoria! ¡Vamos por la revancha!

Perú, 13 de agosto de 2025.

Dr. Vladimir Cerrón Rojas

Secretario General Nacional

Partido Político Nacional Perú Libre

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El temor de los ricos a Perú Libre. Una respuesta a Manuel Burga

El temor de los ricos a Perú Libre

Una respuesta a Manuel Burga

Vladimir Cerrón

Imagínense a Pedro Castillo postulando por Perú Posible, el Partido Popular Cristiano, Fuerza Popular, el Apra o Nuevo Perú. Simplemente, no ganaría ni un chícharo, pues tiene que haber una congruencia de forma y contenido, que influya uno al otro. Es más, postulando por un partido fundado por él mismo, que no logra su inscripción, a pesar de estar premunido de la “alta popularidad”, no pasaría esta valla.

Lo que sostenemos no es una posibilidad, sino una realidad, sometida a la práctica. Recordemos que cuando el profesor Castillo postuló a la alcaldía del distrito de Anguía, en Chota, el año 2002, por el partido Perú Posible, no encontró ni su voto.

Analicemos paso a paso, para desenmascarar el temor de la prensa oligárquica al partido. En primer lugar, sin un partido es imposible lograr una candidatura, postular a un cargo de elección popular, ser electo y menos ser autoridad política. Sería imposible, en las circunstancias actuales, acceder al poder.

Es innegable que entre el candidato y el partido tenga que existir una correlación simbólica en que ambos se fortalezcan. Para entonces Perú Libre, estaba preparándose hace rato para esta contienda, tenía experiencia de dos gobiernos regionales, tenía tecnócratas partidarios, ejecutó obras de gran impacto hasta hoy no superadas, contaba con comités regionales a nivel nacional, tenía candidato nacional, adquirió un local partidario en la capital, articuló un centro de operaciones en la capital, además de contar con relaciones internacionales. Nada fue improvisado.

Lo más importante, es que tenía nombre propio, símbolo, lema y un programa de gobierno difícilmente refutable. El desarrollo del partido llevaba dieciséis años de alumbrado en los Andes, entre la extraoficialidad y la oficialidad reconocida, rescatando una ideología satanizada, que nadie quería enarbolar por la represión al que fueron sometidos políticos, académicos, estudiantes y sindicalistas. Empero, no solo rescata, sino que interpreta y adecua a la realidad, prendiendo nuevamente su chispa, reflejándose en los triunfos frecuentes en Junín.

La caída de Pedro Castillo, no tiene otra explicación que no tener un partido político sólido que lo sostenga, no haberse sometido a su disciplina y recomendaciones de la dirección política, creyó que era un simple vehículo que podía reemplazarse. Si el partido hubiera estado en el gobierno, Castillo se hubiera sostenido en el poder, no hubiera cometido la necedad que hizo: fraccionar y quedar sin bancada parlamentaria, invitar a la disidencia a los congresistas, utilizar prefectos y funcionarios para soñar un partido propio que le permita una “reelección”, aceptar el plan de gobierno caviar y creerles a los golpistas que él sería el golpista.

Las protestas estaban empezando contra Castillo en muchas regiones, iban a desestabilizarlo, hasta podría haber caído por sus propias traiciones al programa prometido, pero la derecha siempre “bruta y achorada” se adelantó con un golpe de Estado y terminó blanqueando al profesor de sus inconsecuencias con el pueblo. Al apuntarle con metralletas, lo victimizaron y no dejaron que su pesadilla se esfume sola, la revivieron.

Sostener que Castillo ganó y no Perú Libre, es como afirmar que el socialismo nunca funcionó y, a pesar de eso, hay que destinarle ingentes recursos para destruirlo. Una paradoja a todas luces. Lo cierto es que el socialismo sí funciona y el partido también. Caso contrario, no encarcelarían a sus líderes, no habrían fabricado a los “dinámicos del centro”, no habrían allanado y embargado sus locales, no les aplicarían el lawfare, no me habrían sentenciado dos veces para luego tener que absolverme, es más, no estaría en la clandestinidad.

No solo al partido, sino también al pueblo, se le pretende rebajar la autoestima con esa afirmación, presentándolos como enanos intelectuales, sin trascendencia, guiados solo por el folklorismo que traía encima Castillo, el sombrero, el mote, la condición de maestro o rondero y el color cobrizo. Eso está bien para los fachos racistas, pero no para el marxismo clasista.

Temen al partido porque enarbola una ideología que es capaz de destruir los privilegios de clase de los banqueros y los empresarios transnacionales, entre otros, sin necesidad de un presupuesto significativo, solo persuadiendo al pueblo con una lógica sencilla. Esto quedó demostrado en las elecciones del año 2021 y es la misma razón de por qué la oligarquía criolla nos teme y no la tendrá fácil de ganar el 2026, a no ser con fraude.

Para combatir al partido, utilizan todo tipo de opinólogo, nacional o foráneo, para que, en una especie de predicción del más allá, digan que sin Mesías es imposible un triunfo. Es aquí donde pregunto al partido y al pueblo: ¿cómo creer a los opinólogos perdedores que nosotros mismos los derrotamos?, ¿qué podrían enseñarnos si no es lamerse las heridas y recurrir al golpe de Estado para sobreponer su predicción fallida?

El partido sigue siendo la fuerza dirigente y si no fuera así, es mejor no ganar las elecciones para terminar como Castillo, traicionando y traicionado. El partido tiene que entrar al gobierno bien articulado y eso pasa por los filtros a su interior, mejorando sus propuestas, enraizándose con el pueblo, pronosticando su sucesión en el poder y evitando los errores de antaño.

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A confesión de parte relevo de prueba

A confesión de parte relevo de prueba

Yuri Castro Romero

El fin de semana largo nos dejó varios temas para comentar. Sobre el discurso de la Sra. Boluarte, no creo que haya mucho que decir; todo seguirá igual, sin un mea culpa ni nada. Al contrario, la inquilina de palacio, muy suelta de huesos, señaló que se zurró en el programa de Perú Libre “según ella por el bien del país”, ya que no quería llevarlo al desastre y a ser un país fallido como son Cuba, Venezuela y Bolivia. Este exabrupto de la inquilina de palacio, que tiene 0% de aprobación, nos ha generado una crisis diplomática, que ha sido tomada por la mayoría de bolivianos como de quien viene, es decir, de una persona que no vale nada y que no representa a nadie y mucho menos al sentir nacional.

En el derecho hay un axioma que dice: a confesión de parte, relevo de prueba. Fue la propia Dina Boluarte la que ha señalado en su discurso el desprecio que siente por su propia clase y reconociendo su traición no solo a Perú Libre, partido que le dio la oportunidad de dejar de ser una NN, sino también al programa y plan que durante la campaña se llevó a calles y plazas. Para lo único que ha servido su mensaje presidencial, aparte de la crisis diplomática, ha sido para tirar por los suelos esas falacias que decían que ella protegía a Vladimir Cerrón o que Perú Libre era parte del cogobierno de la derecha con Boluarte.

Otro de los temas interesantes son las encuestas que han salido publicadas en algunos medios de comunicación. Según CPI, la encuesta por candidatos la encabeza Keiko Fujimori con 9.7%; le sigue Rafael López Aliaga con 8.9, tercero Carlos Álvarez con 7%, López Chau con 3.1 y Vladimir Cerrón con 2.8, seguido de Acuña y Butters con 1.9 y 1.8 respectivamente.

En la encuesta de Ipsos, donde la pregunta es por partidos políticos, el orden cambia y tenemos que Fuerza Popular está primero con 9%, Acción Popular 5 y Perú Libre en tercer lugar con 4%, junto con Renovación Popular y Alianza para el Progreso.

Al parecer, la falacia del “fujicerronismo” se está cayendo, lo que hace que Vladimir Cerrón y Perú Libre sigan creciendo en las encuestas, siendo lo contrario para la derecha, y que sus principales candidatos, en este momento Keiko y RLA, quienes están llegando a su techo, y los nuevos candidatos tendrán que remar muy duro para lograr posicionar sus símbolos, ya que nadie los reconoce aún; tarea dura, por lo que los partidos conocidos siguen teniendo ventaja.

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(Hasta) Más allá de la victoria: el comunismo como horizonte y los traidores como obstáculo

(Hasta) Más allá de la victoria: el comunismo como horizonte y los traidores como obstáculo

Por: Tacho Robles Aliaga

“(Hasta) Más allá de la victoria” no es una consigna vacía ni un simple eslogan de campaña. Es una declaración de principios. Es la brújula filosófica de quienes entienden que ganar una elección no significa haber tomado el poder, que ocupar una curul no equivale a haber transformado el sistema, y que el socialismo es apenas la antesala de un objetivo mayor: el comunismo.

En los tiempos del colonialismo moderno, disfrazado de democracia liberal, ONG humanitaristas y tratados de libre comercio, la verdadera emancipación se vuelve un acto casi herético. En este contexto, Vladimir Cerrón ha sido una de las pocas voces que no han perdido de vista el horizonte: la construcción de una sociedad sin clases, sin propiedad privada, sin Estado. Una sociedad verdaderamente libre.

Pero no todos los que llegaron al poder de la mano del pueblo han entendido este camino. Una vez asegurada la curul, algunos “compañeros” –con minúscula y sin dignidad– abandonaron toda coherencia ideológica. Hoy deambulan como mercenarios parlamentarios, saltando de bancada en bancada, no por principios, no por estrategias políticas, sino por beneficios, favores y cuotas de poder. Han convertido la traición en carrera profesional y el transfuguismo en religión parlamentaria.

La victoria electoral del 2021, con todo su simbolismo histórico, no era el final del camino. Era solo el inicio. El verdadero reto comenzaba luego: gobernar para las grandes mayorías, desmontar el viejo aparato oligárquico, iniciar la transición hacia una economía planificada, recuperar soberanía nacional, y sentar las bases de una cultura popular emancipadora. Pero a muchos congresistas electos, les ganó el miedo, la comodidad, el chantaje del sistema o, simplemente, su verdadera naturaleza oportunista.

La historia no será benévola con estos personajes. Como en toda revolución inconclusa, quedarán en el registro no como víctimas ni como héroes, sino como traidores de ocasión, como tránsfugas del alma. Mientras ellos “negocian” su voto como quien subasta una gallina vieja, el pueblo sigue esperando transformaciones reales, no solo discursos ni migajas.

Por eso, conviene recordar siempre que el camino revolucionario no termina en una urna, ni en un Congreso tomado por oportunistas. Como dijo alguna vez un verdadero líder revolucionario: “Ganar el gobierno no es lo mismo que tomar el poder.”

Y en esa ruta, sigue latiendo la frase que molesta a los mediocres y asusta a los tibios:

“(Hasta) Más allá de la victoria”… está el comunismo.

Y más allá de los traidores… está el pueblo que no olvida.

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La gran tarea del Partido

La gran tarea del Partido

Vladimir Cerrón

Hace 20 años que en la sierra andina se forja el porvenir del Perú. Nuestro partido Perú Libre generó un quiebre, donde la república criolla agoniza, para dar pase a la nueva república mestiza. Este fenómeno es irreversible y, ante la advertencia, la oligarquía recurrió a promover «cholos serviles», quienes no solo pondrían la cara andina, sino que también mantendrían la estructura del Estado oligárquico.

Llegado Perú Libre al gobierno, el año 2021, la mezcla de miedo, incompetencia, traición e ingenuidad del entonces presidente, sumado al golpe de Estado, le dio una ventaja transitoria a la oligarquía, evitando los cambios que ameritaba el país, pero, a la vez, quedando herida, sin reponerse totalmente, hasta el día de hoy.

En esta breve experiencia, el pueblo saboreó cómo era derrotar a sus enemigos de clase en su propia cancha, con sus propios métodos electorales, contra toda su propaganda y, sobre todo, sin violencia. Muy a pesar de su brutal ataque mediático, el pueblo aprendió a votar, elevando su consciencia de clase y su autoestima, al ver su voluntad reflejada con la ocupación de Palacio.

Esto no hubiera sido posible sin la acertada conducción del partido. Hubo una conjunción de simbologías, que se diseñaron paso a paso, desde su propio nombre [Perú Libre], su lema [No más pobres en un país rico], su emblema [el lápiz], sus colores [rojo, amarillo, negro], su candidato [profesor rural] y su programa [economía popular con mercados]. A esto se suma la táctica de pasto seco [condiciones objetivas], chispa [partido] y viento [pandemia].

A quienes quieren restar méritos al partido y repiten el slogan de la derecha: “ganó Castillo y no Perú Libre”, les recuerdo que si Castillo postulaba con otro partido nunca habría ganado. La prueba palpable está cuando postuló a la alcaldía de Anguía en Chota, en las elecciones del año 2002, con el partido Perú Posible, sin encontrar ni su voto. Esto no le resta importancia a su participación en la campaña del 2021, pero como parte de un todo.

Empero, como la historia se escribe con torpezas, la derecha le propinó un golpe de Estado al gobierno electo, haciéndole creer al inquilino que él sería el golpista, plan perfecto para excusar la “defensa de la democracia” y desalojarlo de Palacio hasta ponerlo en prisión. El gobierno, que comenzaba a confrontar malestares sociales en su contra, por incumplir sus promesas electorales, se hizo acreedor del beneficio de la victimización, recobrando con ello un espacio pendiente de cobrar cuentas con los golpistas.

El partido recuerda que no solo los golpistas deterioraron al gobierno popular electo en el Ejecutivo, dejando al pueblo sin su representante electo, sino que también los tránsfugas dieron otro “golpe de Estado” a nuestra bancada en el Legislativo, pasando a ser representantes de la derecha o de la izquierda caviar, mimetizándose bajo el nombre de bancada “socialista” y sucumbiendo a las “mieles del poder”, actitudes que no tienen nada de diferente de un golpe derechista.

Está de más sustentar que el pueblo peruano ajusta sus cuentas en las ánforas y no en golpes de masa o lucha armada. Esta es la razón del porqué el pueblo votará, el año 2026, con la sangre en el ojo, respirando por la herida, con sus muertos en la mente, pero también con mejor consciencia de clase. En estas circunstancias, muy a pesar de mis detractores, no identificarán a otro partido más, que no sea Perú Libre, empatando los cabos sueltos tras el golpe, quien lleve a término las promesas de campaña truncas, como autor del plan de gobierno popular.

No verán ni de reojo a la izquierda caviar, por más que lo promocionen sus medios y encuestas, esa que engaña al pueblo con la revolución, pero coimea con Odebrecht, Graña y Montero, OAS, Backus y Johnston, e Interbank; tampoco verán a los que pregonan un fascismo andino, dado por nacionalismo, militarismo, racismo y fusilamientos arbitrarios.

Esta es tarea del partido para la cual hay que prepararse y organizarse, aunque me temo la posibilidad de que los propios dirigentes intermedios aún no se han percatado de la gran misión histórica que tienen, a diferencia de la derecha oligárquica que nos vigila hasta la sombra.

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