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ENTREVISTA

No agitamos el golpismo ni el cierre del Congresal

Vladimir Cerrón, secretario general de Perú Libre, revela al diario UNO por qué razones le pidieron la renuncia como militante a Pedro Castillo y realiza una autocrítica con relación a él.

Lo primero: ¿Qué tanto sabía usted de Pedro Castillo cuando le propuso ser candidato presidencial? ¿Lo hizo solo para que arrastre votos de maestros y sacar una buena bancada? ¿Realmente creía que podía ganar la presidencia?

No conocía a profundidad a Pedro Castillo, pero tenía referencias que hacían posible en aquel momento inclinarse por la confianza, dado su condición de sindicalista, tenía una base social magisterial y no tenía inhabilitaciones legales o políticas, salvo una precaria militancia en Perú Posible. Lo conocí el año 2017 en Huancayo, tenía un objetivo, ser congresista por Cajamarca, no teníamos la certeza de un triunfo, pero dialécticamente conjugó la categoría necesidad casualidad, teníamos la necesidad de participar electoralmente porque de no hacerlo perdíamos la inscripción y por casualidad ganamos, aunque no todo sea casual, debemos advertir que hubo circunstancias objetivas y subjetivas que facilitaron, a lo que yo llamo, la triada de la victoria: pasto seco, chispa el partido y viento la pandemia. Apostamos por Castillo, aún con cuestionamientos de las bases, pero también del magisterio.

Después del comunicado de Perú Libre pidiendo la renuncia del presidente Castillo a su militancia: La derecha se frota las manos preguntando si PL pasará a la oposición y votará por la vacancia. ¿Qué dice al respecto?

El parámetro para ver si somos o no oposición, no la pone el presidente, sino la consecuencia con el programa del Partido, por tanto, nosotros no somos oposición al pueblo, quizá el oficialismo en parte. Debo dejar bien claro que el Presidente no era un militante orgánico, no asistía a las reuniones, no votaba al interior, no se sometía al centralismo democrático, ni mantenía comunicación fluida, su militancia fue electoral. En realidad, no llevaba vida militante, es más cuando golpeaban al partido con allanamientos, encarcelamientos, pedidos de prisión, confiscaciones, etc., nunca tuvo una palabra de solidaridad. Por el otro lado, tampoco hubo un saludo por el aniversario partidario. Por lo que la renuncia de Castillo es solo una regularización documentaria.

¿Ha hecho una autocrítica por la experiencia con Castillo?

Si, debo asumir parcialmente una autocrítica, en el sentido que Castillo ha sido buen candidato y su triunfo lo colige esta aseveración, pero, hasta el momento, mal presidente. Mi autocrítica parte por no haber formado más cuadros en el partido, sabiendo mi condición de inhabilitado, no haber confiado en un militante propio del partido y haber permitido un invitado, también aquí incluimos a los congresistas tránsfugas. Aunque para nosotros el paso del Perú profundo al Perú oficial ha sido traumático, porque chocamos con intereses económicos, culturales, raciales y de clase más grandes y nosotros con la sola mística, pero convencidos de nuestra misión de izquierda popular.

Su posición ante el gobierno ¿será de oposición constructiva, apoyo crítico, oposición dura desde la izquierda?

Nuestra posición partidaria y de bancada es no al golpismo, nuestra crítica siempre es constructiva, no hay crítica destructiva, la crítica es una hermosa herramienta y siempre es constructiva por antonomasia. No somos partícipes del cierre congresal tampoco, porque así sea de composición derechista mayoritaria es lo que ha elegido el pueblo y debemos respetar. No podemos agitar por un lado no al golpismo, cuando por otro lado, estimulamos el cierre del congreso, que también sería un golpe.

¿Cómo serán las relaciones de PL con las bancadas desprendidas de su partido, integradas por quienes no eran militantes y solo se inscribieron en su partido para postular? ¿Seguirán votando coincidentemente como hasta ahora?

Nuestra relación es de respeto mutuo, discrepancias alturadas, defensa de la democracia, pero sin perder nuestra esencia, nuestra propia misión. El parlamento o el poder a veces descubre quien es quien, a quien se le sale por los poros el burgués, el oportunista, el trepador que llevan dentro, así se va separando el grano de la paja.

La oposición de extrema derecha, o sea el fujimorismo, Avanza País y Renovación Popular, con sus aliados del supuesto «centro» están copando posiciones en el Estado: TC, Contraloría, etc. y ahora van por la Defensoría del Pueblo y los organismos electorales ante lo cual muchos opinan que a usted como dice el dicho popular “lo están haciendo cholito”, ¿cuál es su posición?

No hay una postura profujimorista como dicen, sino hay una coincidencia anticaviar entre Perú Libre y Fuerza Popular, contra el nuevo Estado ampliado constituido en la sombra, pero eso no quiere decir que el fujimorismo ha dejado de ser enemigo del partido. Sería ingenuo pensar que ellos tengan una postura pro perulibrista, en ánimos de justificar la coincidencia. El fujimorismo es el antagónico político de Perú Libre, pero Perú Libre es la negación del caviarismo.

¿PL concertaría con la derecha y el «centro» una salida concertada a la crisis con nuevas elecciones presidencial y legislativa?

Nuestra única postura es que, si eligieron a un gobierno ejecutivo o parlamentario por cinco años, se cumpla el mandato y punto.

¿Congresistas del bloque fujimorista y filo fujimorista dicen que lo del pedido de renuncia de Castillo a la militancia es una simulación?

Las actas de nuestro partido hablarán ante la historia, el voto ha sido unánime, tenemos las firmas registradas, que inclusive servirán para que en caso Castillo no renuncie pueda sustentarse su retiro ante el Jurado Nacional de Elecciones.

¿Del mismo sector opinan que Vladimir Cerrón ha pedido el retiro de Castillo de su partido para no contaminarse de sus problemas con la justicia?

Hay que tener mucho cuidado cuando etiquetamos como corrupto a alguien en una investigación preliminar, sabiendo cómo actúan los órganos de justicia, los medios de comunicación hegemónicos, los servicios de inteligencia estatal, los intereses empresariales y financieros, habría que ser ingenuo para sumarse a un coro de ese tipo hasta no tener un avance real de la investigación. En la persecución no importa llegar a la verdad jurídica, sino el espectáculo, para obtener la sentencia moral de la sociedad, así ir liquidando al adversario político, muchas ves al final los imputados son absueltos a falta de pruebas, por eso dicen que el lawfare es el nuevo terrorismo de Estado. Aunque no lo crea el Presidente Castillo también es víctima de la guerra jurídica no convencional y la inteligencia estatal no está bajo su control, sino bajo el control caviar.

¿Existe la posibilidad de intentar la unidad de la izquierda?

Siempre he luchado por la unidad de la izquierda, pero también fui traicionado por quienes los invitas a casa y luego quieren desalojar al anfitrión, tengo fe que algún día alejado de intereses personales y de grupo pueda darse la unidad o por lo menos la alianza, sé que Perú Libre también debe asumir sus responsabilidades que las tiene. Ojalá nos releve una nueva generación preparada y consciente, el camino es durísimo, pero sé que vendrá, demorará no sé, y la victoria será cierta.

Con la votación a favor de la censura del ministro del Interior, se ha enviado un mensaje al presidente. ¿Qué esperan ustedes del presidente?

El partido decide censurar al ministro del interior porque seguía la política del anterior respecto a una represión sistemática al partido, dado por reglajes que fueron identificados en varias ocasiones, seguido por pedidos de prisión preventiva por la Dircote cuando esa función le correspondería a la fiscalía, tratando de involucrarnos con actividades terroristas, la falta de voluntad de rectificar esas inconductas, etc. La represión a las comunidades campesinas en Arequipa y Apurímac, constituyen otros hechos graves.

Sus críticos creen que lo que busca PL es presionar a Castillo y conseguir concesiones o espacios en el gobierno…

No nos interesa en absoluto, ningún espacio en el gobierno, nuestros “críticos” lo que hacen es una proyección, es decir, se ven en nosotros y estando en esas condiciones ellos sí actuarían así. No nos interesan los ministerios, nunca fue cuestión de estado.

En el mensaje que acompaña la carta de renuncia del presidente a PL le agradece al partido, pero dice “las bases que construimos en la campaña “, eso se puede leer como el partido no tenía bases, yo las construí en la campaña. ¿Es la lectura correcta?

Por supuesto, ese fue el mensaje que dio, agradece, pero a la vez es desagradecido, no reconoce que sin Perú Libre ni él ni los tránsfugas congresistas serían nada. Es expresión de lo que en Cuba se dice la autosuficiencia insuficiente.

Con una nueva Fiscal de la Nación diciendo que creará un equipo especial para los casos emblemáticos de corrupción, siente usted que la persecución judicial y/o judicialización política continuará?

Si hay algo que reconocer en todo este entramado, es que Pedro Castillo no es ajeno a una exageración en las imputaciones, pero cierto también es que se rodeó de presuntos delincuentes que fueron apartando al partido de su entorno y esos son los resultados. Castillo no supo valorar que el pueblo se organizó y le hizo la campaña pulso a pulso, es una experiencia inédita, por el programa proclamado en cada mitin.

Que debería decir el presidente Castillo el 28 de julio para que PL sienta que el presidente ha reaccionado. ¿Hay alguna posibilidad que la alianza entre PL y Castillo se reconstruya?

Somos aliados, pero no somos camaradas, eso fue lo que le dije en palacio la última vez que nos vimos, fui al punto sin anestesia, defiendo al partido por sobre todas las cosas. Albergo un buen discurso el 28 de julio, pero solo eso retórica, para realizar transformaciones eso debe haberse almacenado como información psíquica consciente, caso contrario, no hay nada que hacer, ojalá me equivoque. Apoyaremos todo lo que vaya acorde al pueblo, pero seremos críticos dialécticos en lo se debe.

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Frente a la errática percepción de César Hildebrandt

FRENTE A LA ERRÁTICA PERCEPCIÓN DE CÉSAR HILDEBRANDT

Vladimir Cerrón

Es necesario aclarar las fantasiosas especulaciones realizadas en el editorial de la revista Hildebrandt En sus Trece, titulado El Plan V, donde hace referencia a nuestras actitudes respecto a las intenciones del partido para con el gobierno de Pedro Castillo.

En ninguna reunión partidaria, privada, pública, clandestina, o mensaje de texto, etc., se manifestó o insinuó, por mi persona u otro militante, el “propósito de deshacerse de Pedro Castillo y reemplazarlo por Dina Boluarte”, de manera que ella “esté a cargo del discurso del 28 de julio”. ¡Qué tal conjetura periodística gratuita! Aquí cabe citar perfectamente a Lenin, quien en casos semejantes habría dicho: “esto ya no es un error, sino una estupidez”.

En verdad, la renuncia se le pide al Presidente porque mientras el Partido decía no ser la bancada oficialista, tenía sin embargo al mandatario como militante: una incoherencia total, que tuvimos que corregir ante la mirada del pueblo. Para entenderlo de otro modo, el Partido decidió regularizar sus documentos tanto orgánicos como históricos. Y es que, en realidad, Pedro Castillo, como lo ha manifestado en televisión, siempre tuvo una militancia puramente electoral, no una de naturaleza convicta y confesa, razón por la cual, frente al pedido de renuncia, las bases nos han reprochado señalando por qué se tomó la decisión muy tarde.

El Partido no tiene ninguna intención de inhabilitar, suspender o vacar a Pedro Castillo; jamás asumió semejante posición, pero sí mantiene una postura crítica a lo que cree cuestionable, sin que eso pudiera significar plegarse a la derecha. Para nosotros, el parámetro que define si estamos con el pueblo o contra él es el programa del partido, no el Presidente.

Debo manifestar que estoy contra el golpismo del Legislativo al Ejecutivo, pero también contra el golpismo al Legislativo que promueven algunos del Ejecutivo. No puede ni debe haber una doble moral en la izquierda. Si la joven democracia eligió un parlamento mayoritariamente de derecha debe respetársele, así como eligió a un Presidente de izquierda que debe ser respetado.

La censura al ministro del Interior responde a la persecución brutal, a los reglajes legales e ilegales de los que son víctimas los dirigentes y autoridades del partido, incluyendo a los congresistas Waldemar Cerrón y Guido Bellido, a los allanamientos repetitivos a nuestros locales, al pedido de prisión de mi persona y de la personera legal nacional, Ana Córdova,  por parte de la Dircote, cuando esto último debiera solicitarlo la Fiscalía contando con pruebas reales, que estamos seguros que no existen.

Es cierto que todo ello no fue iniciativa del ministro censurado, pero ocurre que el problema es el continuismo e indiferencia ante los abusos mencionados, pero también es obvio que el Presidente lo sabe y lo permite. Se persigue al Partido, pero con el otro rasero se permite la fuga de personajes que han embarrado la institucionalidad del gobierno y también del Partido. ¿Debía acaso mantenerse neutro el partido?

En cuanto a la censura de la ministra Betssy Chávez, debe quedar claro que el partido no se sumó al operativo porkifujimorista. Lo digo ahora al no existir ya obligaciones ni contemplaciones de camaradería, en verdad fue el nivel más alto del Ejecutivo el que solicitó, mediante un congresista, que la bancada vote por la censura a la ministra de Trabajo; luego se insistió en el pedido mediante un portavoz a quien le encargaron lo mismo. Pero debe quedar claro que ninguna de las dos circunstancias influyó para tomar nuestra propia postura, ni el encargo del Ejecutivo, ni la presión derechista. Tanto la censura de Chávez como la de Senmache, una vez debatidas en el seno partidario, se dieron porque el Partido tenía su propio pliego.

De otro lado, es cierto que la vicepresidenta Boluarte se ha comunicado conmigo, su llamada, mediante un intermediario, me sorprendió; pero debo manifestar que el Partido no concertó absolutamente nada con ella; es más, no tiene nada que deliberar ni pactar con dicha persona, desde el momento en que la señora negó su pertenencia al Partido. Al igual que al Presidente, se le dio el plazo necesario para renunciar porque no queremos dañar a nadie, aun cuando haya habido ingratitud con nosotros.

Lo que hice fue trasmitirle brevemente la decisión del Partido, ya que después no había nada más que conversar. Ciertamente, el acuerdo partidario fue no apoyar ninguna iniciativa de inhabilitación, suspensión o vacancia para nadie, porque respetamos la democracia más que los que a voz en cuello dicen hacerlo, aunque suene paradójico. No se condicionó nada a cambio: esa es la moral de Perú Libre, no somos mercantilistas, somos socialistas.

Tampoco hay algún plan de “extorsión” como suele hacer la prensa parametrada; no hay Plan V, aunque sí Plan B. Si el partido no confía en el Presidente, menos en la Vicepresidenta, obviamente no puede haber maniobra sustitutoria, según se empeña en decir el señor Hildebrandt.

Nos califica de sectarismo sombrío, pero lo que él no quiere reconocer es su complicidad, o en todo caso, no se tiene la valentía de mostrarse de acuerdo con la captura del Estado, desde la sombra, por parte de los caviares. Decorosos oficiales de la PNP saben hace mucho tiempo quién es el ministro del Interior de facto en el Perú desde hace más de una década, me lo han manifestado y probado; igual infiltración ocurre en otras instituciones del Estado. No negamos nuestra posición de clase; Perú Libre es antagónico respecto de la derecha, pero además es negación de los caviares.

Si sale el Presidente y entra la Vicepresidenta, los únicos beneficiados serían los caviares, quienes la han rodeado, y Hildebrandt pertenece ciertamente a ellos. Así como el director afirma difamatoriamente que soy el poder en la sombra, también podría yo pensar que Hildebrandt fue el titular de Economía en la sombra, poniendo como punta de lanza a uno de sus articulistas, ambas incoherencias, por cierto.

Como corolario, puedo añadir respetuosamente que Hildebrandt, además de caviar inconfeso es un anarquista, lamentablemente un símil de González Prada, alguien que criticaba mucho, pero no organizaba nada para cambiar este país, practicando un materialismo contemplativo que lo mantuvo muy por debajo del pedestal sobre el que se yergue un Mariátegui.

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ARTÍCULO NOTAS DE PRENSA

Zaraí Toledo: Una guía para entender el Perú de Pedro Castillo

¿Cómo un sindicalista de provincia llegó a la Presidencia de Perú? En un país que quedó fuera del «giro a la izquierda» regional de los años 2000 y de los levantamientos indígenas de otros países de la región, y que hizo de la continuidad del modelo económico un dogma de fe para cualquier candidato que buscara llegar a la jefatura de Estado, las elecciones del 6 de junio pasado provocaron un terremoto político. Habrá que ver si es el anuncio de una reconciliación del país consigo mismo o el anticipo de nuevas crisis políticas.

Por Zaraí Toledo Orozco*

Nueva Sociedad, 25 de octubre, 2021.- Un sindicalista de Chota, una de las provincias más pobres del Perú, le ganó la Presidencia a la tres veces candidata, ex-congresista y heredera del partido más rico e importante de derecha. Tras el colapso sanitario y una larga crisis política que dejó tres presidentes en cuatro años, Perú ha quedado dividido en dos partes casi iguales. Una, que votó por Keiko Fujimori, predominantemente limeña, urbana y costeña, quedó en pánico luego de oír por meses que el comunismo le va a quitar todo. La otra, compuesta por votantes de bajos recursos de zonas rurales, andinas y amazónicas, eligió que Perú inicie el bicentenario de su independencia liderado por Pedro Castillo, un presidente de izquierda, maestro, rondero (1), cercano al evangelismo (2) y completamente ajeno a la política limeña, de quien mucho se dice, pero casi nada se sabe. 

Ninguno de los candidatos representaba el sentir de las mayorías. Ambos pasaron a segunda vuelta con votaciones menores a 20%, solamente explicables a partir del alto grado de fragmentación política. De un lado estaba Fujimori, la lideresa que promovió dos intentos de vacancia presidencial tras perder las elecciones pasadas y quien, como en anteriores ocasiones, tuvo como única consigna evitar que se tocaran las políticas neoliberales que implementara su padre, el ex-presidente hoy encarcelado Alberto Fujimori. Del otro estaba Castillo, un candidato improvisado e inconsistente, que se postuló por el partido Perú Libre, cuyo líder, el polémico Vladimir Cerrón, redactó un programa político autodefinido, sin ahorrarse adscripciones, como antiimperialista, mariateguista, socialista y marxista-leninista. Al fiel estilo de la izquierda sudamericana de los 2000, las únicas propuestas concretas de Castillo fueron el cambio constitucional y la expansión en el acceso a servicios públicos. Pese a los serios temores que provocaban ambas candidaturas, luego de la primera vuelta comenzó una pomposa pero incoherente campaña en la que Fujimori hija se autoproclamó como la única representante de la estabilidad, la democracia y hasta del capitalismo. 

Varios politólogos han dicho que esta elección pone un fin al consenso alrededor del modelo económico peruano 

Varios politólogos han dicho que esta elección pone un fin al consenso alrededor del modelo económico peruano. Dicen que buena parte de los electores puso en duda las políticas de libre empresa implementadas desde la década de 1990. Algunos hablan de un voto de protesta. Dicen que los peruanos, molestos por la ineficiencia estatal expuesta en la pandemia, buscan cambios radicales. Otro grupo dice que los «excluidos», carentes de representación política, han volcado su malestar hacia la opción más antiestablishmentLa crisis no solo es política sino también, y sobre todo, dicen, institucional. 

Todo esto es real y, sin embargo, nada de ello es nuevo en la política peruana. Las preocupaciones formales de los analistas habituales no alcanzan para explicar la amplia alianza entre los líderes de derecha y centro, el sesgo mediático, las campañas publicitarias del miedo financiadas por empresarios en las provincias e incluso la militancia de presentadores e influencers limeños. En más de 20 años de democracia, el mayor consenso al que llegaron las elites urbanas en Perú es que nada debe cambiar. Ni en relación con el manejo y el rol estatal, ni con la forma de generar riqueza y redistribuirla ni, sobre todo, con quienes pueden tener acceso al poder. Junto con el pánico ciudadano a un cambio radical de modelo político o económico, esta elección develó el miedo de una clase política a que «el otro» pueda tambiénquerer comer del pastel.

Los dos Perú

Desde hace 20 años, al país se lo puede leer de dos formas. En Perú hay alternancia en el poder. ¡Es el milagro peruano! Es una de las economías que más creció, con estabilidad financiera y gran capacidad para atraer inversiones extranjeras. Es un país donde el empleo urbano aumentó y la pobreza descendió consistentemente. Al mismo tiempo, Perú es un país donde la desigualdad va en aumento, con una mayoría que trabaja en el sector informal, o en el formal pero sin derechos laborales, con servicios básicos precarios o inexistentes en varias regiones y tremendamente racista contra su población andina y amazónica. 

A Perú no se lo lee por filiación partidaria sino por ubicación geográfica 

A Perú no se lo lee por filiación partidaria sino por ubicación geográfica. Mientras más lejos se esté del «milagro peruano», menos se cree que este sea real. Consistentemente, las zonas rurales más pobres, indígenas o campesinas, que para su supervivencia dependen más de la autoorganización que del Estado, votan en las elecciones presidenciales por opciones políticas que prometan más Estado, oportunidades y reivindicaciones socioculturales. Por su parte, las zonas costeñas, desérticas y urbanas tienden a votar por opciones más de derecha, casi siempre de la mano de los distritos más ricos de Lima. A estos dos grupos solamente los une el conservadurismo social. En el medio, una clase media frágil, sin preferencias muy definidas, juventudes apolíticas y microempresarios que, abandonados a su suerte por el Estado, se han echado a los hombros la economía local. Resignado a pagar a empresas privadas por servicios básicos de calidad mediocre, este último grupo vive aterrorizado de que una crisis política lo haga perder todo lo que a duras penas ha logrado.

La división no es casual. La clase política capitalina supo aprovechar muy bien el crecimiento macroeconómico proveniente principalmente de los altos precios de los minerales para asentar un discurso de statu quo. En Perú no hubo un giro a la izquierda como en la mayoría de los países vecinos. Tampoco reformas de peso para la mejora de servicios, como en Uruguay y Costa Rica. Mucho menos se vio el ascenso de movimientos sociales indígenas, estudiantiles o de trabajadores como en Bolivia, Ecuador, Chile y Argentina. En Perú, los políticos han dicho que para estar mejor no hay que hacer nada. La representación, las reformas y el cambio son accesorios, cuando se sabe que la inercia es rentable. Incluso los partidos con mayores recursos de derecha parecen haber perdido la ambición de hacer política de verdad. En materia ideológica y de política pública, nada distingue a un político de Acción Popular de uno de Alianza por el Progreso o Fuerza Popular. Unidos por un pacto tácito de mutua protección, a nuestros políticos les es fácil cambiar de causas y rotar entre partidos, utilizando como único recurso de diferenciación la anécdota, el impasse y una que otra denuncia en Fiscalía.

No es que la ciudadanía no esté viva. Perú es el país con el mayor número de conflictos socioambientales de la región (3) y también tiene un elevado porcentaje de autoridades subnacionales revocadas por corrupción (4). No obstante, sin políticos con ambiciones de representación y con una estructura mediática centralista, es difícil que un peruano de las zonas urbanas o costeñas sepa qué reclaman sus compatriotas del sur o el oriente, y menos que se armen coaliciones nacionales. No se enteran de los largos viajes de las autoridades municipales rurales a los ministerios en Lima para conseguir más maestros para sus escuelas o simplemente acceso al agua. Tampoco saben de los reclamos ciudadanos por obras sobrevaloradas o malversación de presupuestos. Un peruano de las zonas urbanas no sabe nada hasta que la televisión le muestra un paro regional, una carretera bloqueada o un grupo de «radicales» dibujados como amenazas a la estabilidad nacional. Perú ha crecido en reservas económicas y capacidad de gasto, pero adolece de empatía. Sigue sin poder cuestionarse la raíz de sus problemas porque lo han asustado diciéndole que lo que ese «otro peruano» quiere es arrebatarle todo lo que él ha logrado.

La prensa, ¿espejo del país?

Con un país escindido, las elecciones se convierten en el único momento en que todos valen igual; pero ¿se puede ser ejercer la democracia en un país que no se conoce a sí mismo? El imaginario de nación del que hablaba Benedict Anderson está principalmente representado por lo que los ciudadanos de hoy alcanzamos a ver en los medios de comunicación masivos. El problema es que en Perú la prensa ha elegido ser un jugador, más que un narrador de la realidad. Desde la primera vuelta del 11 de abril pasado, los medios hicieron una cobertura tendenciosa de las preferencias electorales, siempre dando más luz a las nueve versiones de la derecha que participaron de la contienda. De un total de 603 entrevistas en campaña, Alberto Beingolea, del Partido Popular Cristiano (conservador), que hace ya décadas no tiene nada de «popular», fue entrevistado 121 veces, mientras que Pedro Castillo solamente 17 (5). El primero no llegó a 2% de los votos y el segundo ocupa hoy la silla de Pizarro. 

¿se puede ser ejercer la democracia en un país que no se conoce a sí mismo? 

Todo fue cuesta abajo durante el balotaje. Si ya era una campaña rica en miedos y pobre en propuestas, los medios la empobrecieron todavía más intercambiando la investigación por el proselitismo. Durante semanas, hubo numerosas tapas en los diarios nacionales contra Castillo y ninguna contra su contrincante (6). En las provincias, las noticias anunciaban la llegada de una suerte de mezcla entre comunismo y madurismo encarnada en cholos que, envalentonados, se apresuraban a invadir las casas de la «gente de bien». En televisión, constantemente se desafiaban las leyes de medios que norman neutralidad e imparcialidad. Los conductores de los programas juveniles más vistos aireaban la bandera nacional y repetían los lemas de campaña de Fujimori meneando sus rubios y musculosos cuerpos, al tiempo que sostenían las botellas de jugo que les tocaba promocionar en el siguiente bloque. 

Casi todos los medios de prensa emitieron comunicados explicando que los dueños tenían derecho a establecer una línea editorial. En retrospectiva, los mensajes parecían amenazas. Luego de que tanto las encuestadoras como el conteo de la autoridad nacional indicaran que Castillo había ganado, los medios iniciaron una campaña de negación y desinformación. El ya viejo deporte del terruqueo –acusaciones de terrorismo para descalificar a los adversarios políticos– fue pan de cada día contra quienes reconocían los resultados electorales. Todos los reflectores iban hacia los ex-militares, líderes de ultraderecha y hasta hispanistas que repetían a coro que, de ganar Castillo, se alzarían en armas para «defender la democracia y la paz». A varios políticos les era más fácil argumentar en televisión que la Organización de Estados Americanos (OEA) y Joe Biden habían sido cómplices y compinches de un supuesto fraude que reconocer que el candidato chotano había vencido en las urnas. Incluso los periodistas que cuestionaron esta versión tuvieron que abandonar sus puestos (7).

Así se pospuso la definición de los resultados del conteo final y, mucho peor aún, se arrojó sombra sobre el ideal de que el poder en América Latina se gana únicamente mediante los votos. Si ya las posibilidades de gobernabilidad de los presidentes peruanos estaban socavadas por el uso de las vacancias presidenciales como amenaza cotidiana, la deslegitimación de los resultados electorales abre una segunda caja de Pandora en la región, por la cual los perdedores se ven habilitados por otros poderes para no aceptar su derrota. 

Una clase política que ya no representa a nadie, de la mano de una parte de la elite limeña con aires coloniales que emplea los legítimos miedos de un país altamente incomunicado y dividido para decir una vez más que el otro, el que vota distinto, es el enemigo. La democracia, hasta que me convenga: esta parece ser la consigna en el Perú del bicentenario.

La democracia, hasta que me convenga: esta parece ser la consigna en el Perú del bicentenario. 

La izquierda

Y aun así, Castillo asumió como presidente. No solamente les ganó a los partidos clones de derecha, sino también al modelo de izquierda implantado desde los 2000. Una izquierda que, urgida por reconstruirse y apartarse de un pasado ligado a los grupos terroristas, volvió a la escena pública con la bandera del compromiso democrático y la inclusión, pero que, al acceder a los cargos de poder, no persiguió cambios profundos. La llamada izquierda «caviar», una izquierda limeña y altamente educada, hacía más esfuerzos para complacer a los sectores más pudientes que para ampliar su base social. Su líder más importante, Verónika Mendoza, probó elección tras elección agradar a la prensa y a la elite limeña moderando sus planteamientos. Olvidó el hecho de que para la mayoría de las regiones en Perú la continuidad significa exclusión. Mendoza terminó sin apoyo popular y sin sumar en las elites, que nunca habían considerado votarla. Ese vacío político fue ocupado por dos personajes de la sierra peruana: Castillo, un novato que encontró la oportunidad de participar en la política a través de la sigla de Perú Libre, el partido del acaso último hombre en el país que cree en la militancia, el médico educado en Cuba Vladimir Cerrón. Aunque su sueño siempre fue encabezar la batalla contra los sectores limeños, de derecha y progresistas desde una identidad «provinciana», Cerrón tuvo que ceder su puesto a Castillo ante la inhabilitación por una condena por corrupción en la región de Junín de la que fue gobernador. Perú Libre no aspiraba más que a conseguir algunas curules, pero en el país de los outsiders muchos vieron en el hombre del sombrero a uno como ellos, capaz de entender lo que es la pobreza y la exclusión. Ya en la segunda vuelta, muchos solamente notaron que no se apellidaba Fujimori. La prensa ha repetido hasta el cansancio que Castillo es títere de Cerrón, pero cada vez es más evidente que ellos persiguen objetivos distintos. A Castillo le interesa convertirse en un político. Cerrón, en cambio, busca desarrollar una estructura política que transforme el país. 

Castillo y Cerrón irrumpen en la escena peruana para mover el péndulo de la discusión política del espectro de la derecha y el statu quo hacia el de la izquierda. Su sola presencia obliga a que todos los políticos salgan de sus zonas de confort y discutan qué clase de Estado, de democracia y de política económica quieren defender. Arrincona a los intelectuales, que hasta ahora vivían llorando la fragilidad de los partidos capitalinos, a que piensen cómo entender a las organizaciones políticas de las provincias. Sin hacer concesiones con los sectores más pudientes y sin pactar con los políticos tradicionales, Castillo y Cerrón han hecho además que las elites que antes terruqueaban a Verónika Mendoza hoy rueguen para que su equipo técnico participe del gobierno de Castillo. El cambio es tan brusco que casi uno se pregunta: ¿qué se discutía antes en la política peruana?

La remecida a la clase política limeña, sin embargo, no es suficiente para que Castillo y Cerrón puedan tomar conciencia de su rol y deber para con el país. Tampoco parece que tuvieran las herramientas necesarias para hacer un cambio justo. La izquierda paga el precio de su completa ausencia en la política. Sin renovación de cuerpos y sin militancia, no es capaz de pasar de lo deseable a lo posible. No hay aquí, como en Bolivia, un Luis Arce que pueda traducir los sueños revolucionarios en una política fiscal responsable y con prioridades claras. Los últimos líderes de izquierda en Perú fueron puestos contra la pared para no cumplir lo que prometieron o se resignaron a trabajar con tecnócratas sin espíritu político, dispuestos a trabajar con cualquier gobierno y, por ello, favorecieron que nada cambiara. Desde los años 2000, la vida política de la izquierda está sujeta a su promesa de no gobernar con políticas de izquierda. El problema es que, habiendo ganado por un margen mínimo y con el país polarizado, Castillo tiene que actuar rápido y de forma efectiva.

Desde que empezaron los enfrentamientos entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, la política se ha vuelto una competencia por ver quién logra llegar vivo al fin de su periodo, al costo que sea. 

Al mismo tiempo, desde antes de que le impusieran la banda presidencial, Castillo tiene una guillotina con su nombre estampado. Los fantasmas de Pedro Pablo Kuczynski y de Martín Vizcarra que penan por los pasillos del Palacio de Gobierno le recuerdan al nuevo presidente que, sin mayorías, el Congreso no le va a dar tregua. Ambos ex-presidentes eligieron premieres y gabinetes conciliadores de centro y hasta cedieron ministerios a la derecha a cambio de su supervivencia. Ambos fueron destituidos. Con todos estos peligros, la nueva izquierda parece no definir su estrategia para asegurar gobernabilidad –no tiene claro si debe optar por la lealtad política o por la eficiencia–. El gabinete de dos cuerdas refleja muy bien cómo este dilema sigue sin resolverse. Por una parte, hay una facción compuesta por «fuerzas de choque», con figuras de izquierda radical como el premier Guido Bellido, apologista del grupo terrorista Sendero Luminoso; nostálgicos de la Revolución Cubana, como el ministro del Exterior Héctor Béjar (quien debió renunciar por declaraciones sobre el origen del terrorismo en el país); y partidarios de Perú Libre sin experiencia alguna en sus áreas, pero que ya empezaron a distribuir puestos. El otro grupo tiene técnicos y profesionales como el ministro de Economía Pedro Francke, el de Educación Juan Cadillo y las carteras de Agricultura, Mujer y Justicia, que tienen una doble tarea: generar mejoras inmediatas para calmar el pánico y salvar la imagen de los primeros. Aunque obsesionados por ser distintos, Castillo y Cerrón están por imitar a sus predecesores: buscan sobrevivir antes que realmente gobernar. Desde que empezaron los enfrentamientos entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, la política se ha vuelto una competencia por ver quién logra llegar vivo al fin de su periodo, al costo que sea.

El futuro

A Castillo se le pide que designe a personas menos radicales, con credenciales éticas y más preparadas. La solicitud, que más parece ultimátum porque llega con la amenaza de vacancia bajo la manga, viene de tremendo púlpito. Se lo reclaman los partidos y políticos que llevaron al Congreso a pastores evangélicos que llamaban a la lapidación de las mujeres lesbianas, a viceministros hoy presos por malversación de fondos y a jóvenes ministros con el único mérito de ser el mejor amigo del hijo del premier. No queda claro si lo que les molesta es la insolvencia profesional o el hecho de no haber sido invitados al festín. 

Otros sectores más centristas le piden además al nuevo presidente que traicione a su partido y pase a un proceso de ollantización; es decir, que siga el camino del ex-presidente Ollanta Humala, que reniegue de todo lo que dijo que haría y deje las cosas como están. En estos momentos, sin embargo, cuando ya se activó una campaña de especulación y hay miedos reales sobre el futuro de la estabilidad económica, esta no es una opción. Un gobierno estático está condenado a padecer la pérdida de credibilidad y la fuga de capitales. Peor aún, mantener la inercia equivale a crear un caldo de cultivo para la emergencia de líderes más radicales. 

Los peruanos sabemos que, ante la poca o nula representación de los partidos, en el país se ha creado un sistema de relación directa entre el Poder Ejecutivo y la ciudadanía, en el que esta última es quien ejerce contrapesos para apoyar a presidentes que percibe como reformistas. Castillo tiene el deber de enmendar sus objetivos políticos no para complacer a una clase política que va a petardear su gobierno sin importar sus decisiones, sino para ser consecuente con lo que los peruanos vienen reclamando y, por lo tanto, para convertirse en su representante. Esto es, ampliar la presencia del Estado en todo el país y construir una institucionalidad que otorgue mayor presencia a los intereses de los sectores hasta ahora excluidos. Por el contrario, trabajar con la misma gente acostumbrada a negocios turbios o antiderechos o caer ante el nepotismo le quitará la calle y lo dejará solo ante una oposición que ya saliva con la idea de que el caos en el país le devuelva sus cuotas de poder. Castillo no es Evo Morales ni Luiz Inácio Lula da Silva, no viene empoderado por los movimientos sociales ni respaldado por los trabajadores organizados. Mucho menos tiene la experiencia política que ambos poseían al momento de llegar al poder. Sin embargo, los orígenes y la piel de Castillo lo colocan en un lugar único para mostrarle a una sociedad en la que se diseñan edificios con ascensores aparte para que los cholos no compartan espacio con sus patrones que todavía podemos perseguir el sueño de ser iguales. En concreto, el presidente tiene un capital social que debería traducirse en la creación de puentes de comunicación con un sector marginado que le permitan al Estado escuchar demandas, prevenir conflictos e implementar soluciones que vengan de los propios afectados por la política. Tiene una oportunidad para llevar a esta gente a ser parte de las reglas del Estado.

Aunque a varios los incomode, promover la legitimidad de las instituciones pasa por hacer ver que ni la elite, ni la prensa y mucho menos el jefe de un partido están por encima de las leyes. 

Quienes solo se apoyan en ese primer punto, sin embargo, terminan hundidos en el personalismo y socavando las reglas del Estado. Por ello, el nuevo gobierno tiene también el mandato de que la política sirva para legitimar el papel de las instituciones. Esto significa asimismo hacer ver que estas instituciones pueden estar al servicio de todos: pueden dar seguridad jurídica a los medianos y microempresarios, promover salud de calidad, fiscalizar y sancionar. Aunque a varios los incomode, promover la legitimidad de las instituciones pasa por hacer ver que ni la elite, ni la prensa y mucho menos el jefe de un partido están por encima de las leyes.

Notas:

(1) Las rondas surgieron como organizaciones campesinas de defensa contra el hurto de ganado, pero con el tiempo se transformaron en poderes autónomos para la toma de decisiones y administración de territorios comunitarios. Sobre el origen de las rondas, v. Orin Starn: Reflexiones sobre rondas campesinas, protesta rural y nuevos movimientos sociales, IEP, Lima, 1991.

(2) Su esposa y una de sus hijas pertenecen a la Iglesia del Nazareno y él participa a menudo de sus oraciones.

(3) V. Observatorio de Conflictos Mineros en América Latina, www.ocmal.org.

(4) Yanina Welp: «Recall Referendums in Peruvian Municipalities: A Political Weapon for Bad Losers or an Instrument of Accountability?» en Democratization vol. 23 No 7, 2016.

(5) Grupo de Investigación de Partidos y Elecciones (gipe): «Tabla: Entrevistas a candidatos presidenciales en televisión: 1 de enero – 11 de abril», Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2021.

(6) Unión Europea, Misión de Expertos Electorales – Perú: «Elecciones generales 11 de abril de 2021. Segunda vuelta presidencial 6 de junio de 2021. Informe final. Periodo de referencia 15 de marzo – 19 de julio de 2021», 2021, disponible en https://eeas.europa.eu/sites/default/files/eu_eem_per_2021_fr_es.pdf.

(7) El programa dominical político más visto en televisión, Cuarto Poder, enfrentó la renuncia masiva de su equipo periodístico luego de que sus integrantes se opusieran al pedido directivo de hacer una cobertura favorable a Fujimori y contraria a Castillo. «Mordaza en Cuarto Poder: Periodistas renuncian por desacuerdo» en El Perfil, 8/6/2021.


* Zaraí Toledo Orozco es doctora en Ciencia Política por la Universidad de Columbia Británica, Vancouver. Investiga sobre desarrollo del Estado andino, manejo de recursos naturales e informalidad. Actualmente es investigadora posdoctoral en el Center for InterAmerican Policy and Research (CIPR) de la Universidad Tulane, Nueva Orleans.

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ARTÍCULO NOTAS DE PRENSA

Vladimir Cerrón, ¿el brujo de Los Andes? – Telesur

TELESUR

Brujo es aquella persona que tiene la capacidad espiritual y cognitiva de ver una realidad que otros (por más que la miren) no la ven. El brujo mira, ve, interactúa e intenta comunicar dicha realidad. En ese sentido, incluso anuncia y puede prevenir sucesos futurísticos.

En Los Andes del Perú, a finales del siglo XIX, durante la Guerra entre Perú y Chile, los tropas chilenas hablaban de un brujo: «Andrés Avelino Cáceres, el brujo de Los Andes». Este militar peruano, según historias coloquiales, poseía una capacidad cognitiva de prever las estrategias y tácticas militares chilenas antes que ocurriesen, y así venció al enemigo, en el campo de batalla, en barias ocasiones. Incluso sus enemigos le atribuían la capacidad de bilocación (estar en varios lugares al mismo tiempo).

Vladimir Cerrón, ¿el brujo de Los Andes?

A dos siglos de la República peruana, en Los Andes del Centro del Perú, aparece un sujeto sociopolítico, que inicialmente fue asumido como «filántropo de Los Andes», por la prensa corporativa peruana. Se trata del médico cirujano Vladimir Cerrón, fundador y Secretario General del partido político Perú Libre, de tendencia de izquierda nacionalista, actualmente partido en función de Gobierno.

En la medida que la admiración y simpatía social se aglomeraba al rededor de la fuerza organizativa y narrativa política post neoliberal de Cerrón y Perú Libre, la prensa corporativa peruana fue convirtiendo a Cerrón de ser el «filántropo» en el mismísimo demonio comunista de Los Andes.

La multimillonaria guerra mediática contra Cerrón y contra el Perú Libre, lejos de convertirlos en los «enemigos internos» del Perú, los convirtió en la histórica e inédita primera fuerza política del país, hasta convertirlo en el partido político ganador (sin dinero, pero sí con ideas) en las recientes elecciones generales del bicentenario del Perú. Así, Pedro Castillo llegó a ser el primer Presidente Campesino del Perú de muchas sangres.

Ante esta inexplicable capacidad política comunicacional de Cerrón y de su comando político, la humillada y adolorida oligarquía peruana inventó el mito de «Vladimir Cerrón el brujo de Los Andes» quien irremediablemente condenaría al Perú, con sus maléficas intenciones, al comunismo. En consecuencia, la consigna oligárquica fue y es: «matar políticamente a Cerron». Le aplicaron muerte política con las estrategias judiciales, pero Cerrón no murió.

Así fue cómo, en el Perú bicentenario, incluso en núcleos de clases medias letradas, anidó y anida la superstición de: «Cerrón es un brujo. Debemos alejarlo del actual Gobierno peruano. Nos va a llevar al pandemonio del comunismo». Y Vladimir Cerrón, con su silencio largo, y casi estoico, abonó a que la atmósfera supersticiosa casi sobrenatural se infundiese e irradiase.

Pero, el domingo último, por la noche, en una televisora peruana de señal abierta Vladimir «rompió el hechizo» y habló… Y efectivamente es un Brujo, no únicamente de Los Andes del Perú, sino de toda Abya Yala. No sólo porque humilló y derrotó intelectualmente a su «entrevistador, apologeta del neoliberalismo», sino porque tiene la capacidad de ver y prever las dolorosas desgracias que el sistema neoliberal están ocasionando en el Perú y en Abya Yala.

Después de escuchar los planteamientos y argumentos de Vladimir Cerrón, más allá que estemos o no de acuerdo con esas ideas, lo que queda claro es que la oligarquía lo demoniza porque el Brujo tiene las ideas claras y distintas, y las sabe comunicar con una tranquilidad casi estoica.

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ARTÍCULO

Pedro Castillo, la política y el magisterio peruano

PEDRO CASTILLO, LA POLÍTICA Y EL MAGISTERIO PERUANO

Vladimir Cerrón

El líder magisterial Pedro Castillo Terrones es el candidato presidencial por el Partido Perú Libre. ¿Qué significa la postulación del maestro a la primera magistratura del Estado? Existen varias aristas de respuestas.

Castillo significa la postura más preclara de la izquierda peruana, la que se prepara y organiza las bases populares, con un mensaje sencillo, pero contundente, respecto a lo que debe ser el país. Representa a la izquierda del Perú Profundo a diferencia de la izquierda de París.

Simboliza la reivindicación magisterial al más alto nivel de un profesorado maltratado históricamente, de un gremio harto de aspirar bombas lacrimógenas, de recibir palo y chorros de agua en las huelgas, además de perseguidos, procesados y encarcelados, pero sin lograr más que algunas reivindicaciones salariales. Ahora el magisterio va por el poder.

La unidad del líder magisterial no podía darse con otra organización que no fuera Perú Libre, no podría optar por Juntos por el Perú, puesto que este partido es conducido por Patria Roja, un partido de oscilante trayectoria política, que tiene el reconocimiento legal del Estado neoliberal, pero carece de legitimidad en las bases. Perú Libre, por el contrario, tiene un programa en educación comprometido con las grandes mayorías.

En el magisterio peruano existen tres bloques, el primero y mayoritario es FENATEPERU, el segundo es CONARE y el tercero es Patria Roja. Entre los dos primeros existen críticas y contracríticas, pero también existe consenso al identificar al tercero como el adversario común, por lo que la unidad política entre los dos primeros tiene alta probabilidad de convertirse en un solo bloque electoral al momento de emitir el voto. Si no se diera esta circunstancia, se estaría facilitando que Patria Roja haga las leyes del magisterio peruano.

Perú Libre es impulsor del cambio de Constitución en el país, mediante Asamblea Constituyente, lo que puede corroborarse a través de sus escritos, discursos y entrevistas públicas, aspecto renunciado por otras tiendas de “izquierda” que ahora retoman la propuesta al ver que la dinámica social la agendó. Perú Libre es el único partido dispuesto a cumplir con esa tarea, no hay otro, y Castillo ha tomado esta alta responsabilidad.

Finalmente, ¿en qué se traduciría el triunfo de Pedro Castillo para el país?, en dotar el 10% del PBI a la educación pública; en prohibir la privatización de la educación pública; en erradicar el analfabetismo presente en 2,7 millones de peruanos; en garantizar el ingreso libre a la educación superior pública universitaria y no universitaria; en replantear el currículo nacional, regional y local, acorde a nuestra realidad concreta; en garantizar psicólogo y odontólogo por colegio, público y privado; en avalar una educación moderna, científica y de alta calidad; en el aumento de sueldos del maestro peruano; entre otros anhelos.

El magisterio, los padres de familia, los alumnos y la sociedad en general, tienen la palabra en esta oportunidad histórica.

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DISCURSO

Gramsci en la revolución latinoamericana contemporánea

Antonio Gramsci es el marxista de la superestructura, postuló necesario forjar una hegemonía cultural popular que conlleve a cambiar el Estado Capitalista por el Estado Socialista.

La interrogante es ¿qué tan valioso son sus aportes para una revolución social en América Latina?

Para ello recurrimos al libro “Con Gramsci en el ALBA de Nuestra América” (2016) de Luciano Vasapollo e Isabel Monal, importante compendio de ensayos de varios intelectuales rigurosamente seleccionados.

«Gramsci decía que lo más difícil de cambiar en una sociedad es la fuerza de su tradición que lo cimientan la educación oficial, la religión y los medios de comunicación, aparentemente rígido, pero que, en realidad, se transformaba continuamente. «Planteó que el dominio de una sociedad se fundamenta en la hegemonía cultural del opresor, tras lograr un consenso con la clase dominada, y que para ello el Estado tenía diversos mecanismos.

Sin hegemonía, perdería legitimidad. La hegemonía es sostener un ethos cultural que permite vivir ordenadamente, bajo un proyecto político, que consolida un sujeto comunitario. Este ethos cuando se desarrolla lo suficiente exige la creación de nuevas leyes acorde a la nueva cultura de vida, un nuevo poder. Por otro lado, Gramsci plantea que es la hegemonía cultural popular la única que puede eliminar definitivamente un modelo de Estado, sustituyéndolo por otro.

Otro aporte de Gramsci es que en las sociedades modernas el poder estatal no es el que realmente se nos presenta, eso solo es la cúpula, solo la avanzada, a esto le llamaba Estado Restringido, constituido por los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pero, además, existe el Estado Ampliado, constituido en el sector privado por los grandes empresarios y en la población mediante organismos que se hacen llamar Sociedad Civil, actualmente dominada por ONGs, cuya misión es resguardar el núcleo duro del poder político, frenando los impulsos revolucionarios.

En 1946 nacieron estas ONG, en 1968 pasan a integrar los consejos consultivos de la ONU y se multiplican en la década del 70, asumiendo nuevas peculiaridades como su financiamiento por la casta empresarial y el tesoro público, revestidas de consultorías y en el colmo de la hipocresía se presentan como contrapuestas al Estado.

Gramsci es un seguidor y enriquecedor de Marx; no es el Gramsci que “revisa” a Marx, ni funda una nueva teoría. En realidad, el pensamiento gramsciano es la teoría marxista y leninista enriquecida. La mayor fortaleza de la izquierda latinoamericana es haber logrado un discurso antineoliberal que ha permitido varios triunfos electorales en el continente. Ahora, para defender esos triunfos, Gramsci llamaba así a formar una nueva intelectualidad orgánica que defienda la revolución recomendando que todo grupo que detente el poder debía hacerlo, si desea sobrevivir.

Finalmente, como decía Hidalgo, debemos orientarnos al proyecto económico de un “Consenso Sin Washington”.»

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DISCURSO

Discurso de Vladimir Cerrón por el XII aniversario de fundación de Perú Libre

Camaradas:

Quiero emitir un saludo virtual a toda militancia del Partido a nivel nacional e internacional y a todo el pueblo peruano en general, situación obligada por la pandemia, que hace que no pueda estrechar sus manos de manera personal como solíamos hacerlo antes en un gran ambiente de sincera camaradería.

Perú Libre cumple hoy doce años de existencia oficial y fue el primer movimiento político convertido en partido, hecho sin precedentes en la historia nacional. Es, además, la primera experiencia de fusión por absorción entre un movimiento regional y un partido nacional, no hay otro, ni habrá, según las leyes vigentes.

Perú Libre se convirtió a la luz de la historia del Perú como el primer partido nacional de izquierda de origen provinciano. Este pequeño, pero significativo esfuerzo, marca por primera vez una nueva postura en la cancha geopolítica nacional, los provincianos tenemos una voz, llevamos la bandera de la descentralización en un país secularmente centralista, pero por el otro flanco fue percibido, más que un atrevimiento andino, como una amenaza al status quo, emprendiéndose una feroz persecución judicial contra sus líderes.

Según el poder empresarial y financiero peruano, representado por sus partidos y medios, los viajes de los militantes a Cuba, Ecuador, Venezuela y Bolivia, confesaba nuestro alineamiento político con el bloque socialista latinoamericano, a esto se sumó la inclusión del Partido al Foro de Sao Paulo, pero lo que gatilló la insania político jurídica fue la casi bien lograda unidad de la izquierda peruana que iba viento en popa a finales del 2019 y que nos hubiera conducido, tras las elecciones congresales del 2020, a ser la primera fuerza parlamentaria, o en el peor de los casos, la tercera fuerza parlamentaria en el país.

Este temor de la derecha orientó fuerzas para emprender una persecución a sus principales líderes, entre ellos a quien habla y al compatriota Henry López, quienes ostentábamos los cargos de elección popular de gobernador regional de Junín y alcalde provincial de Huancayo, respectivamente, inestabilizando dos de los gobiernos más representativos, en un proceso altamente cuestionado por el pueblo, que servirá como elemento de juicio a la triste historia jurídica departamental. ¿La causa? Sentenciados por cumplir la ley, por cumplir una conciliación extrajudicial con carácter de sentencia, de título ejecutivo y de contrato cerrado vigente, sentencia que sin duda será recordada como el primer lawfare andino.

La derecha celebró este acto arbitrario porque estaban convencidos, como lo manifiesta un vocero aprista, de que la sentencia a Cerrón debía entenderse como un devastador golpe al antisistema, pues era considerado el enlace con Venezuela y los países bolivarianos. Esta circunstancia generó dudas en el frente de izquierda, donde además algunos elementos oportunistas aprovecharon para aislar al Partido, con la idea de que ellos lo podían todo, sin necesidad de aliarse con “corruptos”. Así lo hicieron, pero también así llevaron al frente al precipicio perdiendo las elecciones al no pasar la valla electoral, que sin duda alguna lo hubieran logrado con Perú Libre.

Pero algo aleccionador debemos sacar de esta crisis y es que el Partido tuvo que batallar solo, con sus propias fuerzas, en su primera experiencia electoral nacional. Perú Libre en su bastión Junín logró una votación mayoritaria que lo situó en primer lugar con más de 65,063 votos, lo que puede interpretarse como un rechazo popular a la persecución judicial y a la vez una reafirmación de la identidad política juninense. Lo más interesante viene en el conteo nacional, en el que el Partido obtuvo 502,898 votos, es decir, que la diferencia de 437,835 votos representa el crecimiento del Partido, el debut de sus nuevos líderes.

Es en esta circunstancia anteriormente mencionada, que el mundo declara que enfrentaremos la pandemia del coronavirus que a la fecha ha costado la vida a cerca de un millón de habitantes del planeta y más de veinte millones de infectados. Han favorecido a esta situación el cambio climático mundial, la aparición de nuevos agentes biológicos y la inmunosupresión del huésped, principalmente tercermundista.

Los resultados en América Latina, especialmente en el Perú, eran de esperarse, pero no de esta forma tan catastrófica. Muchos de los que han muerto no ha sido directamente a causa de la infección viral, sino también, indirectamente, por ser víctimas del sistema neoliberal imperante.

Los resultados comparativos entre los países socialistas y neoliberales latinoamericanos, demuestran de forma fehaciente que es el sistema económico social el que define el proceso salud – enfermedad de una sociedad. ¿Cómo es posible que, entre Cuba, Venezuela y Nicaragua, sumen solo 440 fallecidos y el Perú esté por encima de 48,000 muertos? ¿Cómo se explica que el Perú que tomó medidas rígidas de cuarentena esté en primer lugar de muertos por millón de habitantes en Sudamérica? Es evidente que la salud es la otra cara del modelo económico.

La pandemia evidencia aún más que el sector financiero y empresarial sigue manteniendo la filosofía de la avaricia a costas del impuesto que el Estado recauda del pueblo, no le importa si estamos en pandemia o no. Nuestra desgracia como pueblo, para ellos es una oportunidad de seguir acumulando riquezas, pese a que el Estado decidió echarse a la espalda el combate contra la plaga, el sector privado jamás quiso comprometerse hasta hoy, salvo limosnas en proporción a su incalculable poderío.

También el pueblo evidenció con más claridad la política neoliberal del saqueo del que somos víctimas a diario, mediante endeudamientos externos, intereses y comisiones bancarias, fuga de capitales, existencia de monopolios como el del oxígeno, cobros exagerados de servicios como la luz y la telefonía, etc.

El gobierno en su errada visión, cree que aumentar camas en los hospitales es la solución, que la atención secundaria terminará con la pandemia. No hay una mejor muestra del desconocimiento total respecto al manejo de la salud pública. Nuestro Partido planteó públicamente que la pandemia no se derrotaba en los hospitales, ni siquiera expropiando todas las clínicas del país, sino que se necesitaba un sistema de atención primaria masivo, gratuito, cercano y de calidad en todo el territorio nacional, es decir, en el trabajo de campo, para ello propuso inicialmente construir 3,400 consultorios vivienda de médicos de la familia en el lapso de tres meses, asegurando a 7 millones de peruanos de los sectores más vulnerables, con un costo económico de 1,020 millones de soles, monto lejano frente a los 60 mil millones de soles con que el Estado ha subsidiado, mediante Reactiva Perú, a las empresas más ricas del país que lo ostentan 17 familias.

En el plano económico la pandemia quebró muchas micro, pequeñas y medianas empresas nacionales, pero las grandes firmas fortalecieron su monopolio. Ahí terminó la falsa ilusión de los hermanos peruanos a quienes les hicieron sentir gente de derecha, “empresarios” en la refinada filosofía “emprendedora” neoliberal, para chocarse con su realidad y volver a ser guerreros de la supervivencia. Resalto esto porque a muchos de ellos en ese adoctrinamiento ideológico les enseñaron adorar el mercado y rechazar los principios de una sociedad humanista.

Por otra parte, la pandemia puso a prueba la capacidad creadora del pueblo, demostrando que era posible fabricar ventiladores mecánicos en suelo patrio, fabricar reactivos químicos para el diagnóstico del coronavirus, ingresar a la biotecnología en busca de una vacuna, fabricar oxígeno, fabricar protectores faciales, mascarillas, etc., a precios cómodos, que en tiempos de normalidad hubieran venido de Asia, Europa o Norteamérica, pasando de un estado nulo a uno incipiente en la industrialización y eso es bueno.

Así como descubrimos lo bueno, también descubrimos lo malo. Un Estado obsoleto, en crisis, represivo y persecutor con un Poder Ejecutivo que sigue apostando por los ricos; un Poder Legislativo que demostró que un cambio de Congreso no soluciona la problemática de nuestra sociedad, sino que defiende sus lobbies; un Poder Judicial que liberó a los líderes y empresarios de derecha y encarceló a los líderes y dirigentes populares de izquierda.

¿Qué hacer para terminar con esta tragedia? Cambiar la Constitución individualista, mercantilista, privatista y entreguista, por una que emane del seno popular en su propio beneficio, y en este intento tenemos que admitir la existencia de tres grupos en la sociedad peruana. Un primer grupo pequeño que ha creado y defiende la Constitución, un segundo grupo pequeño que ha leído y promueve el cambio de la Constitución y la existencia de un tercer grupo mayoritario, quizás el más importante, el que no ha leído la Constitución. Este último grupo que no ha leído su sentencia de muerte, con la ignorancia, contribuye al fortalecimiento del primero.

Para que esto no siga ocurriendo necesitamos una fuerza de ideas que contrarreste la ideología neoliberal, me refiero a la necesidad de una voz discrepante a la “normalidad”, que deba potenciarse en los lugares existentes y activarse donde no las hay. Ahora la principal tarea del Partido es educar y persuadir al pueblo de la trascendencia que significa el cambio de la Constitución para su vida presente y futura, invitándolos a un análisis crítico de la Constitución neoliberal, tarea que solo puede ser obligación de la izquierda, porque no es compromiso de la centroizquierda, menos de la centroderecha, ni de la socialdemocracia.

¿Qué necesitamos para llevarlo a cabo? Necesitamos unidad, y si no fuera posible conseguirlo, empecemos por la alianza, razón por la que Perú Libre nunca renunció a convocar a la más amplia unidad popular y sin mezquindades. Sabemos también que en pleno proceso de embriogénesis la unidad estará siempre conspirada por factores externos e internos, y de estos dos los más peligrosos son los factores internos, quizás los que definan la vitalidad o mortalidad embrionaria, razón por la que cada miembro integrante de la alianza debe llamar a la disciplina y lealtad en sus filas.

Nuestro Partido saluda todos los intentos partidarios y de organizaciones sociales que van tras el objetivo del cambio constitucional, la recuperación de nuestros recursos estratégicos y el cambio de modelo económico en beneficio de las grandes mayorías del país.

Finalmente, no puedo dejar de expresar las condolencias a los familiares y al Partido por sus miembros fallecidos en esta pandemia, donde se han perdido cuadros muy valiosos a nivel nacional, quedándonos el compromiso de honrar sus memorias haciendo realidad sus sueños de libertad, que también son los nuestros.

¡VIVA EL XII ANIVERSARIO DEL PARTIDO PERÚ LIBRE! ¡VIVA LA UNIDAD DE LAS ORGANIZACIONES POPULARES!

Lima, 13 de agosto del 2020

Dr. Vladimir Cerrón Rojas

Secretario General Nacional

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ARTÍCULO

Análisis al mensaje presidencial de Martín Vizcarra

Vladimir Cerrón

El Presidente comienza su discurso haciendo loas a la independencia del Perú y señala como fecha el 28 de julio de 1821, cuando en el plano histórico real la independencia fue solo un arreglo político, un episodio vergonzoso, no hubo batalla para luchar nuestra libertad. Los negros seguían siendo esclavos y los indios seguían pagando tributo indígena, en su patria. Puede hablarse de un bicentenario de la proclama, pero no de la independencia. Los terratenientes seguían siendo los mismos.

Continúa mencionando que el Perú ha superado muchas crisis en su historia, cierto, pero no por esfuerzo de la burguesía, sino del propio pueblo peruano, de las clases más desposeídas, como ahora se baten en esta pandemia de la cual el Estado prácticamente ha renunciado a la misma.

En la lucha anticorrupción su mensaje no podía ser más débil que los anteriores por los cargos imputados respecto a la contratación de amigos y familiares en el estamento gubernamental, pero también en el privado, incluyendo al hermano que facturó 13 millones de soles a la empresa minera Southern Perú con C y M Vizcarra. Ha mencionado ejemplos de antaño en esta materia, pero no habló de la corrupción a gran escala que involucra al Ejecutivo como la corrupción en la PNP, Ministerio Público y el Poder Judicial, menos se prometió una reforma o reorganización. Finalmente proclama no más impunidad para los políticos, pero se aferra a la inmunidad presidencial y defiende la misma de otros fueros.

En el plano social destacó que se ha reportado mayor agresión a las mujeres dentro del hogar en esta pandemia, mayor número de violación a las menores de edad por la propia familia, sin reconocer que a esto ha coadyuvado la reclusión obligatoria y prolongada que en algunas regiones es indefinida. Dijo que se han emitido normas legales para eliminar la cultura machista pero no reconoce que la misma no se puede erradicar por decreto o ley, el gabinete ahora es más machista que el anterior, hasta racista, no menciona que todo parte la educación y la cultura de un país. No hay un sinceramiento en el número de fallecidos por el Covid, hoy el MINSA reconoció que son 25 mil, pero por fuera de la prensa internacional.

No hay política efectiva respecto a la vivienda, millones de hogares no tienen saneamiento de agua y desague y las viviendas que se han construido son en realidad del sector privado, subsidiado por el Estado que el Presidente no reconoce. El Ejecutivo cree que la formalización del predio es lo ideal para salir de la pobreza, a lo Hernando de Soto, como si el predio en Cerro Camote valdría igual para un crédito que el terreno de San Isidro. En este sector la reconstrucción del Norte es la prueba más grande de la ineficiencia de la política neoliberal, incluso Pisco que hasta ahora no está reconstruido.

En el plano educativo el Presidente refiere que se ha incrementado el presupuesto, se ha mejorado la infraestructura y el equipamiento, además del estatus del maestro, pero no esto es incongruente con la deserción escolar preocupante y con la negativa de elevar el gasto en educación al 6% del PBI. La educación superior se aleja del pueblo con esta pandemia.

En el plano económico la reactivación económica solo fue para los ricos, los subsidios se priorizaron para la oligarquía bancaria y financiera, al pueblo se le impidió al inicio hacer uso de sus fondos de AFP y ONP. En realidad, la crisis solo ha sido una oportunidad para los más ricos del país quienes se beneficiaron de los subsidios y no pagarán los préstamos como siempre, las MYPE seguirán mendigando y el pueblo seguirá explotado. El Presidnete manifestó que el Estado dio 5 mil millones en bonos para un promedio de 6 millones de hogares, pero no dice que los 60 mil millones (8% PBI), fue a parar a manos de los banqueros, dueños de financieras, clínicas, universidades, estudios de abogados, etc, es decir, para 17 familias que componen el sector de los más ricos del país.

Manifiesta también que existen 48 proyectos mineros, en 17 regiones, como Toromocho, Yanacocha, Quellaveco, etc., pero no se mencionó Conga, La Tapada y Tía María, pero que se sobreentiende que impulsarán su explotación.

Anunció lucha antimonopolio, pero eso solo es un anuncio, el neoliberalismo vive de ello, en detrimento de las empresas nacionales, permitiendo dumping, concertación de precios, exclusividad en el mercado. Si realmente se quiere cambiar, debe cambiarse la Constitución o por lo menos el artículo 62, pero el Presidente se ha declarado defensor de la Economía Social de Mercado.

Tangencialmente se dejó entender que la gestión en los gobiernos subnacionales es mediocre, pero no menciona que gestión nacional tiene menos inversión que el promedio de los gobiernos regionales, igual las obras paralizadas son en promedio 64%, mucho mayor que en los gobiernos subnacionales.

En el plano sanitario no evidenció ni anunció un plan nacional para vencer la pandemia, al parecer la esperanza está centrada en la inmunidad de rebaño, pero a un altísimo costo, con muertos que pueden sobrepasar el número del conflicto armado interno. Se niegan a reconocer y establecer un programa de atención primaria potente que es la clave para derrotar la pandemia. El problema no es tener más UCI, sino que los pacientes no lleguen a UCI. Se anuncia 1500 camas UCI, gran error, porque la pandemia se derrota fuera y no dentro del hospital.

El modelo aplicado ha demostrado fracaso porque solo llegaron al cumplimiento del 48% de las metas. Manifiesta que si no fuera por las medidas hubieran muerto más peruanos, es cierto, pero lo ideal es que no mueran como en otros países, vamos por 48 mil muertos, no nos puede alentar nuestra incapacidad de reconocer la ausencia de atención primaria. Tristeza de muchos, consuelo de tontos, reza el refrán.

El Estado solo se carga a la espalda la lucha contra el coronavirus, no es un esfuerzo conjunto como el Presidente lo manifiesta, el sector privado no se compromete como debe. lo hizo. Pero aun así, refiere que el 70% de los peruanos se han recuperado, pero olvidó decir que fueron por sus propios medios, porque ese porcentaje nunca estuvo internado, estaríamos hablando de un promedio de 5 millones infectados que no es comprobable.

El gobierno se sigue adjudicando obras ajenas, dice haber construido varios hospitales en las regiones, como IREN Centro en Junín, que nada tiene que ver con este gobierno, es más este hospital se terminará de pagar el 2025 con el canon de Junín, por esa razón este departamento está desprovisto del mismo.

Los médicos, policías, militares, han muerto por cientos y se le rinde homenaje, es correcto, pero los que más han muerto son miles de miles obreros y el Presidente no dice nada. La salud mental y la geriátrica estatal no existen en el país, porque no es rentable para el Estado neoliberal, porque estos pacientes al ser abandonados por sus familias lo perciben como una carga económica. Se sigue mal utilizando la anemia como indicador para evaluar la potencialidad en salud pública, pues el indicador ideal es la mortalidad infantil la que define la calidad en un país.

El Presidente refiere que hay dos sistemas que salud bajo lógicas diferentes (Minsa y EsSalud), pero no son los únicos, olvida los seguros de las FFAA y FFPP que son denigrantes y un asalto a sus trabajadores. Menciona que tiene la idea de unificarlos, pero eso solo será posible si EsSalud deja de ser un fondo privado y deja de estar tercerizado al libre mercado.

En el plano Internacional no hay mea culpa del Presidente que el Perú está en primer lugar en Sudamérica en muertes por millón de habitantes, 541/1000000 hab. Ha manifestado que otros estados estarían “ocultando” sus cifras porque su conteo lo realizarán al final de la pandemia y ha inferido que nuestras cifras son totalmente transparentes, cuando a todas luces se sabe que o y es el escándalo de estas últimas 72 horas. No ha explicado las causales neocoloniales del país que le han impedido adquirir Interferón Recombinante Humano 2B a Cuba. Hay negativa de comparar resultados de Cuba, Nicaragua y Venezuela, en las estadísticas oficiales, cuando sumados los muertos de estos países no sobrepasan los 200.

En el plano laboral no habló de la desprotección total de los trabajadores, más de 2 millones de peruanos perdieron sus empleos, sobre todo en el área privada. Los nuevos puestos de trabajo que promete corresponden al sector privado, el Estado no tiene nada que ofrecer, el objetivo es hacer al peruano privadodependiente, para que sea un peón que defienda tal inversión y contradictoriamente su propia explotación.

En el plano de la descentralización no se habló de una nueva modalidad de golpe de Estado a la descentralización con la intervención de sus sistemas de salud, cuando en realidad, no pueden ni con Lima en sus narices. No hay anuncios relevantes, prácticamente nada.

En el plano político las seudoencuestas le han hecho daño al Presidente que no logra tener una visión real del país, las mismas han generado la sensación de que estamos por el camino correcto cuando vamos al abismo en la lucha contra la pandemia. Por otro lado, el Presidente ha anunciado que convocará a los partidos políticos para llevar adelante las reformas, pero no ha dicho si lo hará con los que tiene representación congresal o no, pese a presidirlo un Presidente sin partido.

En el plano medioambiental, no h reconocido que el neoliberalismo es la causa de su destrucción, ha preferido cargarle la responsabilidad a todos os habitantes del planeta, que no deja de tener razón, pero no es el principal. El planeta ha llamado la atención al neoliberalismo, no al mundo en general. Ha hecho relevancia de la ley y reglamento del plástico de un solo uso, pero no ha dicho que no se cumple y por ende es un fracaso total.

En el plano de transporte el Presidente anunció la construcción de la nueva Carretera Central, pero ¿por qué ofrecer algo que no tiene ni siquiera un expediente técnico en marcha?, además sabe que no alcanzará su mandato ni para iniciarla.

En el plano electoral anunció su retiro en un año, pero no dejó claro desistir de una reelección que el Estado lo faculta hasta ahora.

Como corolario y balance final podemos decir que el último Mensaje a la Nación del presidente Martín Vizcarra ha sido vacío, intrascendente y que ha perdido una oportunidad grandiosa para hacer una autocrítica que nos permita enrumbar con claridad nuestros destinos.

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Lecciones y reflexiones del III Encuentro Latinoamericano Progresista en Quito

Lecciones y reflexiones del III Encuentro Latinoamericano Progresista en Quito

Vladimir Cerrón

  1. Un llamado de atención hecho en la III ELAP está orientado a la modernización de los discursos de la izquierda. Los tí­picos discursos donde se alude al imperialismo, las transnacionales y al capitalismo, no es tan digerible en las nuevas generaciones, «ajenas» a esos tiempos históricos y ajenos a estos conceptos que ya no se tocan en las universidades, ni sindicatos, menos se conocen en los colegios. Aunque, esto no quiere decir que dichos fenómenos hayan desaparecido, pues están tan vigentes en el diario de nuestras vidas. Claro está que, para saber cual es el nuevo discurso debemos saber cómo es el nuevo elector.
  2. El cuestionamiento al imperialismo moderno no debe ser solamente bajo el parámetro económico, sino también debe ser evaluando otros parámetros como los indicadores en la educación, la salud, la agricultura, el tema medio ambiental, la paz mundial, el adelanto tecnológico y su uso, etc. Los indicadores son fundamentales para mantener el éxito de la polémica ante el adversario.
  3. La izquierda peruana hasta el momento no es capaz de elaborar un programa alternativo al Consenso de Washington, ya sea para regularlo o contraponerlo. Esta misión es necesaria saldarla con la historia.
  4. En la izquierda, nuestros pensadores latinoamericanos y mundiales ya lo dijeron todo. La tarea que nos toca es poner en práctica la propuesta ajustada a nuestra realidad soicoeconómica.
  5. Independientemente de la pérdida de la izquierda en los comicios, la derecha no es tan fuerte como antes, tras el legado de las ideas, pero tiene gran capacidad de resucitar aprovechando la amnesia popular. Habrá muerto Chávez, pero sus ideas quedan y está probado que cuando hay derroteros hay resurgimientos.
  6. La unidad supone identificar nuestros comunes objetivos porque tendremos los mismos enemigos. La unidad de Latinoamérica supone un enemigo grande, la polí­tica colonialista norteamericana.
  7. No es necesario tener un partido grande, sino dos cosas fundamentales: coherencia en la propuesta y buena acción política. Esto significa entrenar al Partido, aunque no sea numeroso, en entender y creer en la propuesta para defenderla en tanto espacio sea posible. Esto conlleva a la dinámica de sus escuelas políticas.
  8. El principal adversario de los partidos de izquierda no son los partidos de la derecha, sino los medios de comunicación concentrados en pocas manos derechistas, representantes del poder económico empresarial. En países, como el Perú, donde no exista una ley de medios de comunicación, esta ventaja será aprovechada al máximo.
  9. La Ley de Medios tiene un solo objetivo en la izquierda, garantizar la accesibilidad y universalidad de los accesos a la información. No puede ser que en una democracia estos medios están exclusivamente en manos de los privados pretendiéndose apropiar del sentido común del pueblo. Es deber de la izquierda sustituir la influencia de los medios de comunicación por la de los partidos políticos como organizaciones plurales y democráticamente constituidas.
  10. Acerca de los nuevos liderazgos políticos, si bien es cierto que todos coincidimos que es fundamental para garantizar la perpetuidad de la revolución, en la práctica no los preparamos o evitamos el «derrocamiento» natural del líder por las nuevas generaciones. Pero esa nueva generación tiene que entender que la edad no es requisito suficiente, sino se requieren capacidades y facultades para la dirección, técnicas como políticas, las mismas que hoy pueden adquirirse a relativa temprana edad por el torrente de información social a la mano.
  11. La derecha quiere derrocar los gobiernos de izquierda para establecer una contrarreforma agraria, crear una nueva casta de neoterratenientes y coadyuvar con el narcotráfico. Es imprescindible que los pueblos defiendan como derechos adquiridos lo logrado en diversos campos de acción como el acceso universal a la salud, la educación, la agricultura, la defensa medio ambiental y su activismo en pro de la paz mundial.
  12. Se ha incidido bastante en la crítica a los paraísos fiscales, cuestionando el mal uso del concepto de soberaní­a por algunos Estados o naciones, comportándose en la realidad como custodios de una riqueza obtenida a base del delito.
  13. Correa ha planteado que ningún político que tenga cuentas en paraísos fiscales debe postular o designarse en cargo público. La intensión suena cristalina, pero en la realidad esto no hará otra cosa más que incrementar el hermetismo de las instituciones bancarias extranjeras en cuanto al titular de la cuenta, aún sea frente a una orden judicial internacional.
  14. Se sabe que cada dólar depositado en un paraíso fiscal es un dólar robado a la salud, la educación, la agricultura, etc., pero también es cierto que los países que se prestan a ser depósito bancario de lo mal habido, viven de esa economía proveniente de las jugosas comisiones del movimiento económico, por lo tanto difícil de dejarse quebrar.
  15. Una especie de mini paraíso fiscal en nuestro país es el llamado secreto bancario del que se benefician principalmente los corruptos del sector público y privado. En un país que se jacta de moralista, debe simplemente eliminarse este obstáculo, haciendo que las autoridades competentes lo soliciten sin mayor requisito a las entidades bancarias, así el secreto bancario dejará de ser una versión menor a la del paraíso fiscal.
  16. En conclusión los paraísos fiscales estimulan la corrupción y la impunidad en los funcionarios Estados, el narcotráfico, la trata de personas y el lavado de activos. La fuerza de la jurisprudencia internacional escasamente se ha hecho sentir para contrarrestar la corrupción fiscal.
  17. En América Latina se incrementó la clase media en 65 millones de habitantes, de los 605 millones de habitantes que somos, gracias a los gobiernos progresistas generalmente. Tantos años de gobiernos derechistas nunca habrán crecido a este ritmo. Si estos gobiernos continuaran una o dos décadas más la brecha de desigualdades se reduciría indefectiblemente en nuestro continente.
  18. El fracaso del referéndum en Colombia es expresión del trabajo subterráneo de la derecha, pero a la vez, expresión del pueblo que no considera un problema vital este conflicto, pues hubo un ausentismo del 63% aproximadamente. ¿La paz sometida a referéndum? Increíble, pese a haber costado con 280 mil muertos. ¿A quién beneficia la guerra? a los Estados Unidos, pues así garantiza la vigencia de sus bases militares y su cerco a Venezuela y Ecuador. En todo este proceso se ha puesto en evidencia las identidades de los dirigentes de las FARC y han entregado parte de su arsenal de armamentos, lo que probablemente traiga ascensos y bajas obligadas en la dirección de la guerrilla que a la luz de los resultados paradójicamente tiene «luz verde» por el pueblo colombiano para seguir operando.
  19. El salario básico en Ecuador es de 366 USD, uno de los mejores de Latinoamérica. Efectivamente, mucho mejor que esos paí­ses donde nos enseñan satanizar al Ecuador y su Revolución Ciudadana, como en el caso nuestro donde el salario básico no llega ni a 250 USD.
  20. La reserva monetaria en nuestros países está destinada al respaldo de los bancos y banqueros. No se utilizan en beneficio del pueblo. En el caso peruano de nada sirve tener reservas de más de 61 mil millones USD, cuando no están al servicio del pueblo peruano. El préstamo hecho por PPK de 16 mil millones USD por bonos soberanos, fue orientado a mantener la clase empresarial que dirige el paí­s no las necesidades vitales como el saneamiento en los cinturones de pobreza. En conclusión, el dinero no se guarda para la aaaa»Época de las vacas flacas», sino para el pago de la deuda externa y el sostenimiento de la clase económica y empresarial, del statu quo. Así­, los gobiernos de derecha son los grandes confiscadores, pues tienen la potestad de congelar los préstamos de la deuda externa, luego de confiscarlos.
  21. En microeconomía dirí­amos que los depósitos del pueblo, que en realidad son un bien privado, los gobiernos derechistas pueden congelarlo y hacer uso de ellos como mejor les parezca. Se cae a la paradoja que la derecha hace lo que critica a la izquierda.
  22. Las reservas en un país con grandes necesidades vitales no tiene sentido si no generan ganancia con inversión que a la vez genera más ahorro. El paí­s que invierte en su territorio, genera mayor consumo en el y capta mayores divisas, inclusive con sus empresas estatales. Hay que dar movimiento al dinero, la liquidez debe invertirse y generar dinero. La izquierda no puede renunciar a la riqueza, es la prueba de haber superado la pobreza.
  23. Siempre que hay queja económica, la clase dominante habla cuando sus ingresos están cayendo, pero nunca hablan de cuando sus ingresos se elevan. Solamente sus ingresos bajarán cuando los mismos se hayan orientado por los gobiernos progresistas a los sectores que antes estaban impedidos de acceder a mejores condiciones de vida. Pero aún eso, siguen ganando, pues en una revolución social debe ser así, sino no habrá revolución.
  24. En un gobierno del pueblo consciente de su misión revolucionaria, los productos de la canasta básica no debe pagar impuesto. Ecuador ha sido capaz de demostrar esto logrando la satisfacción popular y sin afectar los ingresos estatales. En nuestro país aun persiste en insomnio de que si se baja en 1% el IGV se cae el Estado.
  25. El actual intervencionismo de Norteamérica sobre nuestros países está dado por una fuerte presencia de los EEUU en el sur, el Comando Sur de la Armada Norteamericana; su presencia militar a nivel terrestre, aéreo y marítimo, mediante países sumisos que ceden soberanía; asumiendo que los actores estatales o políticas estatistas son los principales enemigos del desarrollo; invistiendo de inmunidad a los militares norteamericanos para sus acciones hasta genocidas; adoctrinamiento en la Escuela de las Américas o sucedáneos con las misma política; adiestramiento de las FFAA norteamericanas en la política de DDHH de su país sin aceptar las políticas del país ocupado, intervenido o socio; reclamándose demócratas y supervisando los procesos electorales en los países latinoamericanos sin permitir ser supervisados por nuestros países; y conspirando contra la unidad de los pueblos latinoamericanos (UNASUR).
  26. El nuevo Plan Cóndor definido así por Rafael Correa, consta de tres puntos: 1. Medios de Comunicación llamados a mellar la credibilidad, 2. Utilizar como instrumento político los aparatos e justicia y 3. Coacción al parlamento para dar los golpes de Estado.
  27. La deshumanización del planeta está en marcha por el neoliberalismo. Las universidades han creado o implementado las carreras de Administración de Empresas en detrimento de otras, debido a la ruta neoliberal mundial y han ido en contra de los cursos de humanidades, haciendo de esta sociedad una sociedad inundada en el tecnocratismo antes que el humanismo.
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